La Brasil-dependencia

Las crecientes exportaciones argentinas con ese destino alertan sobre el potencial peligro de ser excesivamente cautivos de un solo mercado
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3 de octubre de 1998  

Este trabajo, cuya autora es Beatriz Perona, fue galardonado con una mención de honor por parte del jurado.

Uno de los temas más discutidos actualmente es la creciente dependencia de las exportaciones argentinas del mercado brasileño, que en lo que va de los noventa pasó a absorber del 12% al 30% de las ventas externas del país. Este hecho, que por una parte aparecería como una consecuencia natural y previsible de la puesta en marcha y consolidación del Mercosur, no pocas veces ha llevado a alertar sobre el potencial peligro de ser excesivamente dependientes de un solo mercado.

Dado que el comercio de agroalimentos -que incluye productos primarios y manufacturas de origen agropecuario (MOA)- representa cerca del 60% de nuestras exportaciones totales y un tercio de nuestras exportaciones a Brasil, la pregunta que surge es: ¿está el comercio agroalimentario argentino bajo el peligro de la Brasil-dependencia?

La primera respuesta parte de la observación de los datos agregados del sector. Desde la puesta en marcha del plan de convertibilidad, las exportaciones agroalimentarias a Brasil se triplicaron (800 millones de pesos en 1991 a más de 2500 millones en el último año). Considerando que el total de las exportaciones argentinas de agroalimentos no alcanzó a duplicarse en el mismo período, ya que crecieron de 8200 a 14.500 millones, es indudable que Brasil representó un porcentaje cada vez mayor de las ventas externas del sector, participación que se amplió desde un 10% a comienzos de la década hasta casi un 18% en la actualidad. Esto quiere decir que hoy, un 10% del ingreso de divisas del país depende en forma directa de las exportaciones de productos primarios y alimentos a Brasil.

De acuerdo con la composición de las exportaciones agroalimentarias a Brasil, se observa que las principales categorías son cereales, frutas y verduras, carnes y lácteos. Para todos estos productos, la Argentina presenta una fuerte orientación a los mercados externos, ya que exporta un 60% de su producción de cereales, un 30% de las frutas, un 20% de la de carne vacuna y un 9% de la de lácteos. Lo que implica que nuestros principales productos de exportación del sector -a excepción de las oleaginosas, en las cuales el vecino país también es un importante exportador- coinciden con los principales rubros de importación brasileños.

Desagregando un poco más y considerando sólo los productos que son significativos por su valor exportado, se pueden detectar agroalimentos cuyo destino es mayoritariamente nuestro principal socio del Mercosur. En particular, puede notarse la fuerte dependencia que existe en el caso de los cereales -trigo y arroz- y en el de los productos lácteos, que incluye principalmente leche en polvo. Los datos anteriores muestran que, indudablemente, la Brasil-dependencia existe. Y esto es lo que preocupa a muchos analistas del sector. Ahora bien, deteniéndose un poco más en la pregunta original: ¿está el comercio agroalimentario argentino bajo el peligro de la Brasil-dependencia? Se ve que la clave de la respuesta está en la palabra "peligro". La dependencia creciente es una consecuencia lógica de la profundización de la integración entre ambos países y de las características de los productos agropecuarios.

Al estar la producción agropecuaria directamente relacionada con el clima y las dotaciones de recursos naturales de un país, es inevitable que una ampliación del mercado como la que implica el Mercosur ponga inmediatamente en marcha el principio de la ventaja comparativa. El punto es que no importa cuán dependiente sea la Argentina del mercado brasileño para la colocación de sus productos primarios y sus MOA sino: ¿representa esto un peligro para el agro argentino? Bajo una perspectiva de largo plazo, si la integración argentino-brasileña se consolida desde todos los puntos de vista, incluyendo la libre movilidad de los recursos y la armonización de las políticas fiscales, el peligro no tiene por qué existir. En el fondo, sería como tener un mercado interno mucho más grande.

Producto por producto

El problema se presenta a corto y mediano plazo, cuando todavía hay muchas fricciones por limar y especialmente en el caso de los agroalimentos, por la importancia que el sector tiene en ambas economías. En este punto, la respuesta debe hallarse a nivel de cada producto en particular. Cuanto menos competitiva y/o más integrada intrasectorialmente se encuentre la producción de un bien, menos problemática será su dependencia exportadora de Brasil.

Los lácteos y los cereales -trigo y arroz- son buenos ejemplos en este sentido. En el caso de los lácteos, la dependencia de Brasil puede resultar peligrosa, porque si bien la productividad de sus tambos es tres veces inferior a la de la Argentina, producen unos 20.000 millones de litros por año, contra los casi 9000 millones de nuestro país. Teniendo en cuenta que el consumo interno brasileño es de 22.000 millones de litros por año, es el déficit de 2000 millones, lo que determina su volumen de importaciones. Para la Argentina esta cifra es más que importante, ya que es más del doble de lo que hoy exporta.

Para los productores brasileños también lo es porque consideran que eventualmente podrían llegar a cubrir el déficit y que en todo caso, la importación desde la Argentina no tiene por qué gozar de beneficios especiales, principalmente en términos de financiamiento. Por lo tanto, en este mercado hay competencia y hay tensión entre ambos países. Y prueba de ello son las medidas restrictivas para el comercio de lácteos adoptadas en febrero, prohibiendo el financiamiento de las importaciones a más de 30 días.

El caso del trigo es distinto. Si bien existen conflictos por los plazos de financiamiento y por las presiones de la Asociación de Industrias del Trigo de Brasil (Abitrigo) por reducir el arancel externo común, es indudable que la Argentina es y continuará siendo el principal proveedor del cereal. Brasil produce sólo 2 millones de los 8,5 millones de toneladas que consume y por sus condiciones agronómicas y climáticas nunca podrá ser un gran productor de este cereal de clima templado.

En el arroz sí hay competencia. Brasil es uno de los principales productores y consumidores mundiales y la Argentina le vende el 80% de sus exportaciones. Pero en este caso, el problema se ve atenuado por la presencia de una importante y creciente integración productiva del sector.

La mayor parte de la expansión de la producción arrocera argentina de los últimos años se dio de la mano de importantes inversiones realizadas de productores brasileños en la Mesopotamia, que se ven atraídos por los menores costos de producción en la Argentina. Por lo tanto, no es probable que se ejerza demasiada presión para restringir las importaciones desde nuestro país. En definitiva, ya sea por la ausencia de competencia o por la mayor integración, en el caso del trigo y el arroz la Brasil-dependencia no aparecería como un problema serio en el mediano plazo.

La lección que surge del análisis sectorial es que los estudios que muestran una creciente Brasil-dependencia en el comercio agropecuario y alimentario argentino están en lo cierto. La dependencia de Brasil existe y será cada vez mayor. En lo que se invocan es en afirmar a priori que esto de por sí es malo.

Determinar si la brasildependencia es peligrosa o no para el agro argentino requiere de un análisis mucho más profundo y desagregado, que tenga en cuenta las características de la producción y la estructura de mercado a nivel de cada producto en particular.

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