Ciudades fantasma: el dilema de volver a vivir cerca de Fukushima

Seis años después del desastre nuclear, varias localidades siguen deshabitadas; el gobierno afirma que en abril la zona será segura
Motoko Rich
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11 de marzo de 2017  

Una calle desierta en la ciudad de Futaba, a seis kilómetros de Fukushima
Una calle desierta en la ciudad de Futaba, a seis kilómetros de Fukushima Fuente: LA NACION - Crédito: Ko Sasaki/NYT

TOMIOKA, Japón.- El 11 de marzo de 2011, miles de personas de la prefectura de Fukushima abandonaron sus hogares, trabajos y escuelas tras el devastador terremoto y tsunami que provocaron un accidente nuclear en una planta nuclear. Seis años después son muy pocos lo que volvieron a su casa, y en su lugar dejaron pueblos fantasma donde los estremecedores signos de su partida subsisten bajo una gruesa capa de polvo.

Tomioka, poco más de diez kilómetros al sur de la planta nuclear Fukushima Daiichi, antes del accidente era el hogar de 15.830 personas. Tuvieron que irse a las corridas. En el restaurante de comida ramen del centro del pueblo, los platos quedaron en la bacha sin lavar.

Algunas localidades, como Futaba, a unos seis kilómetros de la planta nuclear, probablemente nunca sean reocupadas. Por sus calles desiertas, entre dibujos de chicos olvidados en el piso y mobiliario de oficina abandonado se percibe una insondable sensación de pérdida y devastación.

Las evidencias de la huida están por todas partes. El terremoto de 9° en la escala Richter sacudió tan violentamente la escuela local que tumbó a los chicos al suelo. Cuando salieron, suponían que volverían un par de días más tarde y dejaron todo en su lugar. Pero nunca regresaron.

La mayoría de los 21.434 habitantes de la ciudad de Namie tenía raíces en el lugar. Ahora simplemente solicitan que la ciudad demuela sus antiguas viviendas. Ya derribaron más de 800 casas y negocios, y hay 1280 más en lista de espera.

En Tomioka, la ex residente Chiharu Matsumoto (68 años) trabaja como voluntaria en un centro de contención para personas que quieren volver a sus casas, a quienes ayudan a limpiar las viviendas o a conseguir el equipamiento que les falta. Chiharu ahora vive en una ciudad al oeste y no tienen planes de volver a instalarse en Tomioka.

Sus hijos, ya adultos, nunca volvieron al lugar desde la evacuación por la catástrofe. "Tienen miedo a la radiación", explica Chiharu.

El gobierno dice que la zona será segura para quienes quieran mudarse a partir del mes próximo. Hasta ahora, sólo volvieron 304 personas con permisos temporales. Con tan poca gente interesada en regresar, los comercios no tienen incentivo para reabrir sus puertas. Muchos almacenes, restaurantes y salones de juego siguen a la espera de las cuadrillas de reparaciones.

Algunos científicos indican que la radiación en muchas ciudades cayó a niveles que no deberían causar problemas de salud a largo plazo. Otros se preguntan si incluso bajas dosis de radiación son seguras. "Pero el caso excede la cuestión científica", dice el doctor Otsura Niwa, presidente de la Fundación para la Investigación de los Efectos de la Radiación, de Hiroshima, que lleva adelante una toma exhaustiva de muestras en Fukushima desde la tragedia. "El factor que más influye en este caso es el elemento humano", añade.

Quienes más probablemente vuelvan son los ancianos. Ichiro Tagawa, de 77 años, regresó a Namie en septiembre con un permiso especial y reabrió la bicicletería que maneja su familia desde hace 80 años. "Soy tan viejo que la verdad que el nivel de radiación me da lo mismo -dice Ichiro-. Y lo cierto es que el nivel es muy bajo."

Otra de sus razones para volver es estar cerca de la tumba de sus ancestros. Un gran cementerio que se encontraba sobre la línea costera sufrió serios daños durante el tsunami. "Queremos poder visitar a nuestros ancestros", comenta Ichiro. "Pero vivimos en una ciudad muy solitaria."

Traducción de Jaime Arrambide

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