El desafío de incluir con servicios financieros

Marta Bekerman
Marta Bekerman PARA LA NACION
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12 de marzo de 2017  

El problema de la inclusión financiera toma cada día más actualidad en el ámbito internacional. Esto es así a partir de la comprensión de su importancia como un instrumento que puede favorecer no sólo la equidad, sino también el crecimiento económico. Lo que cobra especial interés es hasta qué punto una correcta aplicación de las nuevas tecnologías puede llegar a cumplir un rol clave en el camino hacia la inclusión financiera en un país como la Argentina, donde solamente la mitad de su población tiene acceso a una cuenta bancaria, proporción que baja marcadamente para sectores de menores recursos.

Por eso, no puede dejar de destacarse el caso de países como Kenia y la implementación del programa M-Pesa que, partiendo de niveles de inclusión financiera mucho menores que el de la Argentina, está llegando a incluir a gran parte de su población en el acceso a servicios financieros gracias al uso de las nuevas tecnologías. ¿Cómo fue posible este proceso sin la participación de los bancos?

El programa se desarrolló a principios de 2007 como un servicio de dinero móvil, transferible a través de teléfonos celulares. Lo implementó una subsidiaria de la empresa Vodafone, que tiene un rol dominante en telefonía móvil, con una participación del 35% por parte del estado.

Antes del lanzamiento del plan, sólo el 19% de la población tenía acceso al sistema financiero formal. Este acceso era una necesidad fundamental porque las transferencias nacionales son una práctica muy común entre los migrantes urbanos que envían dinero a sus familias a sus villas o pueblos de origen. Es que, antes de la implementación de este programa tenían que enviar el dinero a través de personas que viajaran, lo que generaba problemas de seguridad y de altos costos. Se trata de transacciones de pequeño valor: varían entre los 5 y los 30 dólares

El programa creció rápidamente. En 2013 contaba con más de 18 millones de usuarios y alrededor de 41 millones de transacciones mensuales. Es un sistema de SMS que permite realizar depósitos y retiros, así como enviar y recibir dinero. Lo notable es que sus usuarios no necesitan tener una cuenta bancaria, ya que se otorgó una autorización a la empresa telefónica para dar el servicio de dinero móvil. Lo cierto es que, si bien las actividades de esta empresa están auditadas por el Banco Central, la firma no opera dentro de sus regulaciones financieras. Esto originó un agresivo lobby desde el sistema bancario para que M-Pesa adhiera a dichas regulaciones bancarias.

Lo ideal sería alcanzar un acuerdo entre los distintos actores para encontrar el mejor sistema al servicio de la inclusión. Y eso es lo que sucedió en noviembre de 2012 cuando, en alianza con el Banco Comercial de África, se lanzó el programa M-Shwari, una plataforma bancaria virtual que se apoya en M-Pesa y que permite ahorrar y recibir créditos, de hasta 175 euros, con uso del celular

Las transacciones financieras se pueden hacer a través de cualquiera de las 11.000 oficinas establecidas en el programa, o de otras instituciones como locales aéreos y supermercados. Tanto la registración en el programa como la realización de depósitos es gratuita y las personas registradas en M-Pesa pueden enviar fondos aun a personas no registradas (en este caso se encarece el servicio como forma de promocionar una incorporación creciente de personas y alcanzar a receptores rurales). La idea es extender el servicio a áreas que no lo poseen.

La implementación inicial del programa debió enfrentar obstáculos. En primer lugar, hubo que hacer frente a la desconfianza de los primeros clientes renuentes a depositar su dinero. Luego, a la necesidad de entrenar a los agentes que trabajan en las sucursales para que pudieran apoyar a los usuarios del sistema. Además, se requirió una inversión importante en la educación financiera de los usuarios y en la realización de una fuerte propaganda para impulsar el plan, Sin embargo, quedaron demostradas las posibilidades que pueden brindar las nuevas tecnologías y eso está convirtiendo a Kenia en una especie de laboratorio de inclusión social.

En ese contexto, la Argentina tiene un amplio potencial para desarrollar la moneda móvil. El desarrollo de la telefonía móvil hizo posible que la mayoría de la población, aun con niveles medios-bajos de ingresos, pudiera acceder a un celular. Aun aquellos usuarios que todavía no cuentan con dispositivos de tecnología avanzada, pueden beneficiarse del desarrollo del dinero móvil utilizando el SMS, lo que da una gran oportunidad para avanzar la inclusión social.

La autora es economista y directoradel Centro de Estudios de la Estructura Económica (CENES) de la UBA

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