La noche europea: una charla sobre lo que se viene en las principales ciudades del mundo

Las charlas del proyecto Boiler Room vaticinan el futuro de los espacios nocturnos
Yamila Trautman
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11 de marzo de 2017  

En Madrid, Boiler Room reunió a los representantes más significativos de la movida nocturna actual
En Madrid, Boiler Room reunió a los representantes más significativos de la movida nocturna actual Crédito: Valeria Bredice

MADRID.- En una sala de conferencias, discuten los representantes más significativos de la noche de algunas de las capitales más importantes de la cultura actual del Viejo Continente: Barcelona, Moscú, Ámsterdam, Lisboa. ¿Cuál de éstas sucederá a Berlín, a Londres y París, como epicentro de la movida europea? Ninguno tiene la bola de cristal. La charla podría perderse en las profundidades del revisionismo histórico, pero ni uno de los personajes involucrados podría asegurar cómo será este futuro, por más distópico o utópico, feliz o apocalíptico, más o menos cercano a los deseos de quien lo imagina y lo anhela desde este único momento -dicen- real, llamado presente. Este presente en el que la escena intenta reacomodarse luego de un período turbulento, de clausura de bares y clubes, sistemática y masiva. Para esbozar esta aproximación a lo que sucederá en la escena nocturna europea en los próximos años, Boiler Room & Ballantine's sumaron por primera vez a sus eventos musicales anuales una serie de foros y talleres comandados por especialistas de la industria cultural.

Boiler Room es un proyecto que surgió en 2010 en forma de sesiones musicales transmitidas en vivo de manera virtual: un DJ set filmado en un único plano, desde una habitación para todo el mundo. Con los años, el fenómeno creció y se expandió hacia más de cien ciudades, trascendió la música electrónica para explorar en otros géneros y perfeccionó el sistema de streaming; incluso se transformó en una suerte de productora de contenido audiovisual y musical pero no perdió su espíritu underground: la idea original -la de divulgar y promover el trabajo de artistas independientes y vanguardista- permanece intacta. Por eso, esta vez, en Madrid, la DJ británica Maya Jane Coles es la figura principal del evento, que traslada la atmósfera de un nightclub del primer mundo a los hogares y los teléfonos de todo el resto. ¿Será virtual el futuro de la noche europea?

Según Georgia Taglietti, directora de Comunicaciones del Festival Sónar (el evento de música electrónica y experimental fundado en Barcelona en 1994) y miembro del Comité de la asociación MIM (Mujeres de la Industria de la Música), la experiencia real entregada por el club nocturno no puede reemplazarse, ni siquiera igualarse por sus mayores competidores actuales, los grandes festivales internacionales. "A pesar de que la gente ya no se acerque a los clubes para conocer nueva música, porque básicamente ese trabajo se puede hacer a través de la Web, la experiencia del nightclubbing necesita de sus tres partes fundamentales para que surta su efecto: el artista y el público deben compartir la misma habitación. Es una conexión especial que no puede ser alcanzada tampoco en los festivales, en los que se atraviesan otras emociones pero no precisamente ésta", contó.

En este sentido, el trabajo de Fra Soler, DJ residente de uno de los recintos más importantes de la noche española, Nitsa Club de Barcelona, une los dos fenómenos y los complementa: es responsable del booking de artistas de este club y también del Primavera Sound, otro de los festivales más grandes de la región. "Hace 20 años la cultura clubber era mucho más naif: desde el punto de vista del público, la disponibilidad de la información era escasa así que había una mayor predisposición a descubrir nuevos sonidos en los clubes; y desde la visión del promotor, antes de que la tarea se transformara en un negocio, la intención era poder poner esos nuevos sonidos al alcance. Salir de noche tenía un condimento y una motivación extra: el interés en la música, que al mismo tiempo permitía generar un sentimiento de pertenencia en y hacia el sitio en cuestión. Ahora es diferente: el público ya sabe lo que quiere escuchar y lo busca donde sea que esté", comentó.

Sin embargo, esa idea embrionaria del club como "espacio seguro", al que se accede para ser parte de una escena localizada y en el que corren las propias reglas, no termina de desdibujarse. Precisamente por albergar y abrazar lo alternativo y lo vanguardista, incluso acoger a los sectores más relegados de la sociedad y garantizar sus derechos al menos dentro de su reducida jurisdicción, los clubes europeos debieron enfrentarse durante toda su historia pero con más dureza en los últimos años a dos grandes enemigos: los gobiernos municipales y los vecinos.

El alcalde de la noche

Ante la incomprensión de las necesidades de la escena por parte de los funcionarios y algunos miembros de la comunidad, en el caso de Ámsterdam se tomó una iniciativa innovadora: en 2012 se eligió democráticamente (con un sistema de votación virtual) al primer alcalde de la noche. Mirik Milan ejerció su puesto amparado por una fundación sin fines de lucro llamada The Night Mayor con el objeto de mejorar -o generar- el diálogo entre los representantes de la noche, los políticos y los residentes de una de las ciudades más activas del mapa. Según Milan, su trabajo se centró en "comunicar que, más allá de su rol clave en la economía de la ciudad, detrás de la cultura clubber hay una intención en la que yace su verdadera importancia: la de generar un espacio de comunión fundamental para la sociedad".

Uno de los mayores logros alcanzados gracias a su intervención fue la posibilidad de que los clubes pudieran acceder a licencias para estar abiertos las 24 horas del día y habilitaciones para tornarse multidisciplinarios, para que en el mismo espacio pueda haber un bar o restaurante, una galería de arte, etc. "La idea fue elevar la calidad de los espacios culturales para que atraigan a otros sectores, tengan un valor agregado y no se tornen sólo una fiesta que dure todo el día".

Como en el resto del mundo, en Lisboa (otra de las capitales que asciende veloz en la escala hacia la sucesión de Berlín como foco clave en la movida europea), las quejas constantes de los vecinos repercutieron en la disposición de la escena nocturna. Los bares y clubes debieron mudarse hacia espacios abiertos, descampados, en donde el sonido no afectara a los residentes. Mariana Duarte Silva fue la responsable de llevar Village Underground (un espacio cultural con estructura de contenedores) de Londres a la ciudad portuguesa, buscó una zona alejada a orillas del río Tajo pero debió enfrentarse a su único vecino, lo que derivó en un cambio en la legislación: "Ahora todos los clubes deben tener limitadores de sonido que están directamente conectados con la municipalidad.", comentó.

Entre prohibiciones, restricciones, políticas retrógradas y vecinos gruñones, los espacios nocturnos resisten la crisis y se reinventan. Según Raj Chaudhuri, encargado de la curaduría musical de Boiler Room, "es imposible saber cuál es el futuro de la escena pero también es inevitable preguntárselo: lo único certero es que la noche siempre se las ingenió para abrirse camino y sortear los obstáculos que se le interpusieron históricamente".

Ninguno tiene la bola de cristal; mientras tanto, la fiesta continúa.

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