The Walking Dead: la frágil filosofía de Morgan

El nuevo episodio y un momento tenso entre Ezekiel y los Salvadores (ojo al leer, ¡hay spoilers!)
Martín Fernández Cruz
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13 de marzo de 2017  • 09:43

Ni Rick (Andrew Lincoln), ni Michonne (Danai Gurira) ni Daryl (Norman Reedus), el protagonista del nuevo capítulo de The Walking Dead es Morgan (Lennie James), el hombre que desde hace algunas temporadas, se declaró en contra de asesinar a cualquier rival. Este personaje es un viejo conocido dentro de la serie, siendo el primer humano con el que Rick tuvo contacto en aquel primer episodio de 2010. Luego de un breve reencuentro posterior (en el que se descubrió que Morgan perdió a su hijo, y con él lo poco que le quedaba de cordura), él regresó definitivamente para el final de la quinta temporada, practicando una llamativa filosofía pacifista. Totalmente convencido que la violencia es un camino equivocado, desde su regreso Morgan marcó un interesante contrapunto con respecto a Rick y el resto del grupo, que entendían el homicidio como la única forma viable de negociación. Pero este personaje, estoico en su mirada, mantuvo con convicción su postura… hasta hoy.

Un encuentro en el que todo salió mal

Según se reveló anteriormente, el rey Ezekiel (Khary Payton) mantiene un pacto con los Salvadores. El trato es el que los villanos utilizan con todas las comunidades: una suculenta ofrenda a cambio de no matar a nadie. Ezekiel acepta esto simplemente porque considera que así evitará el innecesario derrame de sangre inocente. Pero algunos de sus hombres de confianza, como Richard (Karl Makinen), consideran inevitable una guerra contra los Salvadores, y en cada oportunidad que puede, le insiste a Ezekiel sobre la necesidad de dar batalla, a pesar de obtener siempre una respuesta negativa por parte de su superior. Hasta el momento, el rey había mantenido una frágil convivencia que en este nuevo episodio se agrietó notablemente.

Todo comenzó cuando en la rutinaria entrega de ofrendas, uno de los villanos descubrió que faltaba una pieza, y que por eso era obligatorio cobrarse algún tipo de amonestación. Richard se ofrece entonces a morir a manos de sus rivales, pero la situación da un giro inesperado cuando uno de los villanos no le dispara a él, sino a Benjamin (Logan Miller), uno de los jóvenes del grupo y un muchacho especialmente querido por Ezekiel. Los héroes se retiran para asistir al herido, que termina muriendo al poco tiempo ante la angustiada mirada de Morgan. Indignado y lleno de bronca, el pacifista vuelve a codearse con la locura, y en ese momento encuentra la pieza de ofrenda que inexplicablemente estaba escondida debajo de una caja. De esa forma, el propio Richard termina admitiendo que él fue quien escondió la piedra para así darle a los Salvadores un argumento para matarlo, y de esa forma demostrarle a Ezekiel de lo necesario que es ir a la guerra. Richard, lo que buscaba, era simplemente sacrificarse por un bien mayor.

Al poco tiempo se reencuentran Ezekiel y los suyos con el mismo grupo de Salvadores, y cuando están realizando el intercambio, inesperadamente Morgan mata a golpes a Richard, ante la sorprendida mirada de todos los presentes que no pueden creer lo que están viendo. El pacifista, claro está, no toleró la pérdida de Benjamin y el malogrado plan de su compañero, y ante esa muerte injusta decidió matar al responsable indirecto. Entonces, el interrogante es el siguiente: ¿Morgan mató por venganza, o para honrar el plan de aquel que quiso morir para despertar a su rey?

Una promesa rota

Finalmente Morgan mató. Firme en su posición de no utilizar violencia extrema contra ningún otro ser humano, y decidido a luchar solo cuando no hubiera otro remedio, este personaje no pudo seguir adelante con su promesa y eligió abrazar a sus instintos más básicos. El peligro que siempre corrió Morgan, y este episodio lo volvió a mostrar, es que su violencia crece a la par de su locura, y el compromiso de no matar estuvo siempre atado a la necesidad de mantenerse cuerdo. Cabe recordar que cuando Rick lo cruzó por segunda vez en la tercera temporada, el hombre estaba loco víctima de haber perdido a su hijo, que apareció vivo sólo en el primer episodio. Y justamente esa muerte fue la que Morgan procuró olvidar pero que ahora, con el gratuito asesinato de Benjamin, volvió a revivir. Por ese motivo es que se produjo en la mente del personaje un cortocircuito, porque indudablemente la muerte de un joven, le recordó la impotencia y el dolor de haber perdido a otra persona también joven, su hijo.

Con solo tres capítulos por delante, este episodio sembró una nueva semilla en la futura batalla contra Negan (Jeffrey Dean Morgan), porque a pesar de su muerte, el plan de Richard dio sus frutos. Su asesinato (aunque en manos de Morgan) le permitió a Ezekiel concluir que la batalla contra el sádico villano es inevitable, y que no importa qué tantas ofrendas les lleve, siempre se derramará sangre inocente. Pero lo más peligroso de todo, es que finalmente Morgan le abrió la jaula a la violencia que durante años mantuvo dormida, y que probablemente no se detenga hasta lograr, en sus propias palabras, “matarlos a todos, uno a uno”.

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