Un bello trabajo artesanal de mutaciones y transiciones

Verónica Pagés
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19 de marzo de 2017  

Gran trabajo de Gerardo Otero y Lautaro Perotti
Gran trabajo de Gerardo Otero y Lautaro Perotti Crédito: Fabián Pol

Tebas Land / Libro: Sergio Blanco / Dirección: Corina Fiorillo / Intérpretes: Gerardo Otero y Lautaro Perotti / Escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez / Iluminación: Ricardo Sica / Asistenta de dirección: María García De Oteyza / Sala: Timbre 4, México 3554 / Funciones: viernes, a las 20.45 y domingos, a las 19.15 / Duración: 100 minutos / Nuestra opinión: muy buena

Tebas Land habla del amor. Es cierto que, a priori, esconde cualquier literalidad en un trabajo que plantea con mucho detalle la construcción de una obra teatral. Se podría decir que es una radiografía perfecta de un proyecto escénico, la concreción de una idea en un borrador primero, en imágenes luego y finalmente en un texto. Una propuesta que muestra las entrañas de una obra, desde su inicio; las dudas, las certezas, las sensaciones, las decisiones.

Un dramaturgo es invitado a presentar un proyecto. Convite que lo pone a pensar, a la vista de todos, una primera idea que se desecha, y luego otra que avanza y retrocede, pero que vuelve a avanzar.

L., el dramaturgo y director en cuestión, quiere contar la historia real de un joven parricida, un hecho policial que lo lleva a pensar en todos los Edipos que leyó, en textos de otros autores que se han metido con el tema, en su propio padre. La realidad adentro de la ficción.

Y empieza a visitar a Martín, el joven parricida del que tuvo noticias por los diarios y que hoy juega -monotemáticamente- al básquet en una pequeña cancha dentro de la prisión. Necesita conocerlo, saber qué pasó, sus razones, para poder trasladarlas a su historia, una historia que se basa en ellos dos y esos encuentros. Lo escucha, lo indaga, le teme pero no deja de ir a verlo. Algo de Martín -solitario y empedernido jugador de un básquet empequeñecido- lo toma por completo. Más allá de la obra.

Y entonces aparece en escena Gerardo, el actor que interpretará a Martín. Y es esa triada la que lleva adelante el relato sobre esos vínculos, sobre ese asesinato, sobre esa obra en construcción. Asesinar al padre, con conciencia o sin ella; el teatro y la concreción de una idea; la imposibilidad de plasmar un deseo.

En este trabajo, inteligentemente pensado y escrito por el dramaturgo uruguayo Sergio Blanco y prolijamente puesto en escena por la directora Corina Fiorillo, los planos narrativos se van mezclando, mutando. Los límites que hay entre esa realidad visitada y esta ficción construida se van diluyendo al punto tal que dejan de distinguirse con claridad, y ya no importa. Quizás, uno de los aspectos más logrado en este Tebas land son esas mutaciones, esas transiciones. Y es allí donde se luce Gerardo Otero, que interpreta al parricida y al actor que lleva su historia a escena. Él logra desdoblarse emocional y físicamente para luego mimetizarse. Esos pasajes son cada vez más intensos, más pequeños, más ida y vuelta. El dispositivo escénico montado es muy atractivo y absolutamente funcional a este doble juego que se plantea, y el trabajo de luces de Ricardo Sica no sólo dialoga fluidamente con él, sino que le suma muchísimo.

Sin duda, es un proceso creativo y emocional muy cuerpo a cuerpo, muy a flor de piel. Y Fiorillo sabe bien cómo manejar esas sutilezas, pareciera una sensible especialista en los mínimos detalles de las relaciones humanas. Aquí, el vínculo va creciendo, transformándose, y realmente la directora logra -con dos muy buenos actores- jugar a fondo esa conexión que surge desde la curiosidad, la duda y el miedo hasta llegar al ¿amor?

Así, Tebas land comienza hablando de teatro, de parricidio y termina haciéndolo sobre el amor. Tangencialmente, pero definitivamente habla de amor. Del amor por una madre, por una idea de padre, por el teatro y de uno improbable entre dos seres de mundos irreconciliables.

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