Cómo es trabajar en la sede central de Uber en EE.UU., según la mirada y la experiencia de dos argentinos

En San Francisco, Nicolás García Belmonte y Ana Rocca dieron sus impresiones a LA NACION sobre el día a día en un ambiente creativo, de resultados y de alta competencia; las ventajas de formarse en Silicon Valley y de crecer en una industria en movimiento
Valeria Vera
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23 de marzo de 2017  • 06:58

SAN FRANCISCO (De una enviada especial).- Market Street 1455, piso 4, 13 horas. El recordatorio de la invitación titila 15 minutos antes de la reunión prevista en la pantalla del celular, mientras esta cronista está en camino. ¿El destino? Un moderno edificio de oficinas ubicado en una de las zonas céntricas más transitadas de esta ciudad y a sólo diez cuadras de Union Square, "la 5ta avenida californiana".

Sin preámbulos, el reloj marca la hora acordada. LA NACION anuncia su llegada en recepción y atraviesa los molinetes de acceso con una tarjeta provisoria, como ocurre en cualquier edificio que se visita. Ascensor, hall y pasillo no arrojan demasiadas sorpresas. Sin embargo, el clima y la sensación de que se trata de un ambiente con una impronta diferente invade segundos después, al toparse con una hilera de tablets, el logo de la empresa, y una serie de preguntas que hay que responder para poder ingresar.

- Who are you here to see? (A quién venís a ver)

- Purpose of visit (Próposito de la visita)

-Fecha y hora

-Firma digital

Recorrido por las oficinas de Uber en San Francisco

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Una vez contestado el formulario y tomada una foto símil carnet, se imprime una etiqueta que habilita el acceso y es necesario exhibir -pegada en el abrigo- durante la estadía. La tecnología está presente desde el principio. La innovación, a escasos metros.

Un predio, dos lógicas

Recorrer la sede central de Uber es análogo a volverse protagonista de una de esas películas norteamericanas que recrean la génesis de grandes inventos, o los primeros pasos que siguieron los ideólogos de starts-ups devenidas hoy en gigantes tecnológicos con promesas de futuro.

En los pisos que ocupa la compañía, está permitido escribir ideas en las paredes

En los pisos que ocupa la compañía de transporte conviven lógicas muy distintas entre sí que, a veces, llevan a preguntarse si no existe más de un tipo de empresa en el predio. Equipos de trabajo numerosos, interdisciplinarios y rodeados de banderas provenientes de todo el mundo; salas de reunión sin puertas ni ventanas; máquinas de café, snacks y frutas libres a disposición; paredes que actúan de pizarras para que no se escapen las ideas que se desprenden de brainstormings improvisados; sillones de cuero dispuestos como livings de departamentos en medio de islas con escritorios y sillas tradicionales (que promueven espacios de conversación e intercambio entre pares); música entremezclada con silencios solemnes; y un entorno más bien minimalista (blanco y negro), que evita distracciones innecesarias para alcanzar resultados y fortalecer un negocio con alta penetración en Estados Unidos y gradual expansión a otras regiones, como América latina, convalidan esa impresión.

Lo cierto es que la buena imagen asociada a Uber aquí no se ve empañada por noticias clave en torno a cambios repentinos en su estructura y organigrama (renunciaron Jeff Jones, su presidente, y Brian McClendon, su vicepresidente, y Travis Kalanick, director ejecutivo y cofundador, fue acusado de insultar a un chofer y también de apoyar el decreto migratorio de Donald Trump, por lo que debió abandonar la asesoría que le prestaba al actual presidente); problemas de regulación y manifestaciones en distintas ciudades; denuncias y juicios de competidores por presuntos robos de tecnología; o gerentes investigados por lavado de dinero, y choferes imputados. Se trata de información que permanece latente en un enorme paréntesis, pese a los dolores de cabeza que origina internamente.

Ciudades inteligentes y el Big Data

La visita entra en una pausa momentánea al ingresar al cuarto nivel y atravesar un extenso pasillo. Hacia el final y en forma lineal, se dispone un conjunto de salas reservadas para reuniones, presentaciones o entrevistas. En una de ellas, aguarda Nicolás García Belmonte, jefe de Visualización de Datos y uno de los dos argentinos que actualmente trabaja en Uber, para conocer de cerca la experiencia de ser extranjero en esta empresa de tecnología.

Nicolás García Belmonte, jefe de Visualización de Datos, de Uber, y uno de los latinos más influyentes
Nicolás García Belmonte, jefe de Visualización de Datos, de Uber, y uno de los latinos más influyentes Crédito: Prensa Uber

"Lo que hago acá es lo que siempre me da más trabajo explicar", desliza entre risas, en un esfuerzo por descontracturar el perfil de analista e investigador que refuerza su par de anteojos y la computadora Macbook Pro que porta en la mano derecha. Enseguida, aclara: "Mi tarea consiste en encontrar en los datos insights, es decir, patrones y comportamientos en el uso de la app, para entender más al producto, a los clientes y a los drivers (conductores), pero también para entender a las ciudades y poder ayudar a las ciudades a entenderse a ellas mismas".

Con 33 años y un equipo de 15 personas a su cargo, Nicolás es uno de los 20 latinos más influyentes de la industria, según el ránking que elaboró CNET en español, el año pasado, acerca de los profesionales más creativos y talentosos en el país que gobierna Trump.

El camino recorrido por este ingeniero, graduado en 2007 en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires, deja entrever que "no llegó de casualidad" a Uber.

Hijo de un argentino y de una francesa, siempre le atrajo la idea de ser un "ciudadano del mundo" y probar suerte afuera de su país. Eso lo llevó a conseguir una oportunidad en París, en el motor de búsqueda Exalead, competencia de Google, donde se quedó tres años. Mientras tanto, en su tiempo libre, se dedicó a programar en código abierto y se hizo de "clientes" de peso, entre ellos, la Casa Blanca y la NASA, que utilizaban sus librerías e interfases.

Medimos desde cómo funciona y opera el negocio, hasta la dinámica que tiene una ciudad en términos de movilidad

Se mudó a Estados Unidos y, tras permanecer un año y medio en una start-up, lo contrataron de Twitter para visualizar datos "masivos, públicos y abiertos" en la nube. Pero la vuelta de tuerca de su carrera apareció, a media cuadra de distancia -literal porque enfrente están ubicadas las oficinas de la red social-, con Uber, y el desafío de desentrañar la valiosa pero compleja información que esconde un viaje o el traslado de un objeto ( UberEATS). "Eso resonó en mí más que cualquier otra cosa", confiesa, y motivó el cambio.

"Podés ver el tiempo que tarda un auto en irte a buscar y estimar cuánto menos podría haber demorado, cuánto vas a tardar en viajar de una ciudad a la otra (promedio y horas del día), o calcular lo que va a demorar una comida en ser entregada a una persona", ejemplifica. "Implica predecir lo que va a pasar; proyectar un futuro inmediato", explica entusiasmado, y añade: "También los datos se usan para testear (desde colores de los botones hasta modalidades de pago) y comprobar si esos cambios tendrán impactos significativos. Todo se mide para entender al usuario y modificar cosa: desde cómo funciona y opera el negocio, hasta qué dinámica tiene una ciudad en términos de movilidad".

La diversidad de los datos y de las personas que integran Uber fidelizan a Nicolás, hacen que se sienta parte y que esté lejos de verse condicionado por ser argentino o latino: "Es lo mismo ser de allá o de cualquier otra nacionalidad; nunca sentí o vi algo distinto por mi origen".

Qué piensa, qué siente y qué necesita la gente

En la misma sala, media hora después, este medio conversa con Ana Rocca, hija de argentinos y hoy responsable del área de Market Research (Investigación y Marketing) de la compañía. Pese a ser nativa, "lee" a Uber con una cosmovisión tan parecida a la de Nicolás -en sus contenidos y formas-, que llama la atención.

Ana Rocca, responsable de Market Research, de Uber, en San Francisco
Ana Rocca, responsable de Market Research, de Uber, en San Francisco Crédito: Prensa Uber

Formada en Ciencias Exactas y con un posgrado en Economía en la Universidad de Berkeley, California, llegó a la empresa de transporte de la mano del ex director de la primera campaña presidencial de Barack Obama, en 2008, en la que ambos participaron.

El desarrollo de modelos para predecir a quién votarían los estadounidenses sembró las bases necesarias para que la tarea con datos se convirtiera pronto en su especialidad: "Los datos en términos de qué está pensando la gente y qué les importa; saber cómo podemos mejorar el producto y las cosas que estamos haciendo en función de la experiencia de los usuarios"-especifica- así como también el hecho de determinar "qué siente y qué necesita la gente que no usa el servicio".

Al igual que Nicolás, Ana reconoce que en un contexto así las posibilidades de aburrirse son mínimas: "Es muy divertido trabajar acá. Siempre hay situaciones para entender y estudiar, y problemas nuevos que se presentan, a partir de los cuales tenemos que hablar con los usuarios y con la gente que no nos usa para mejorar e incorporar su perspectiva".

Todo se mueve muy rápido en esta industria y nos ajustamos permanentemente a eso

¿Cómo lo hacen? Realizan estudios, focus groups y encuestas con frecuencia para identificar aquello que valoran y ponderan los clientes, y saber dónde radican los puntos más flojos del servicio. De esa manera atenúan la mirada sesgada y los riesgos que conlleva ser un heavy-user (usuario por encima de la media) de Uber: "Trabajar aquí también quiere decir que usás Uber todo el tiempo. Acá dentro la gente tiene una perspectiva muy íntima del producto y de cómo es usarlo. Estamos muy acostumbrados y eso para mí es un problema, porque empezás a pensar que lo entendés todo. Por eso, es fundamental saber representar qué siente la gente que nos usa y que no nos usa, y ayudar a que tenga voz y sea parte de la conversación".

En ese sentido y con un perfecto español, la responsable de Market Research, área que interactúa a diario con la de datos, asegura sentirse "muy empoderada" a la hora de contribuir al cambio y lograr ciudades cada vez más inteligentes desde el Big Data. "Siento que mi rol puede afectar las cosas que se están haciendo o las decisiones que se están tomando. Eso es lo que me gusta. Tener una hipótesis e ir a verificar si es así o no. A veces pasa que cuando vas a contrastarla, validás lo que pensabas. Otras, surge exactamente lo contrario. Todo se mueve muy rápido en esta industria y nos ajustamos permanentemente a eso", concluye.

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