Juana Molina: "Las apariencias engañan: tengo mucho pánico, siempre"

Crédito: Marcelo Setton
Consolidada en la música y reconocida en el mundo por sus discos, con un nuevo álbum bajo el brazo, afirma que su gran deseo es ser más libre. Fobias y obsesiones de una mente en constante ebullición que le escapa a los estereotipos: "Siento que tengo todas las edades"
Flavia Fernández
(0)
26 de marzo de 2017  

Se nota que Juana Molina sabe lo que quiere y, desde su modo suave pero firme, lo logra. Es por eso que las fotos se vuelven a hacer incontables veces. Pareciera que, como en sus canciones, lo repetitivo la enciende. Seductora, por momentos estricta, corrige luces y poses, hace caras, se espanta ante un par de zapatos con punta que jamás usaría, toma ella misma el pincel para terminar de esfumar sus párpados empolvados en petróleo.

Llega de negro, advierte que así seguirá y lo consigue. Una especie de bruja, de las buenas, como la describe la gacetilla de su nuevo álbum, Halo, que tiene una portada inquietante: un hueso humano con ojos (los suyos). "Teníamos otra tapa, hasta que Alejandro Ros, el diseñador, que es un genio, me sacó una foto de los ojos y apareció con esto. Y la verdad, sentí que lo otro, que también estaba buenísimo, tenía cierta cosa que ya había hecho. ¡Con lo del hueso me morí! Me pareció horrendo y muy atractivo a la vez. Sentí que pasaba algo fuerte. Se emparentaba con el título, que juega con el misterio de la luz mala y todo eso", comenta, inolvidable por su enorme éxito televisivo como actriz en Juana y sus hermanas, pero desde hace veinte años totalmente dedicada a la música.

Te bajaste abruptamente de un éxito y siempre dio la sensación de que el público se quedó con ganas de más. ¿Te reprocharon? ¿Sentiste que no te perdonaban el cambio hacia la música?

No. Fue lo que elegí. Quedé embarazada de Francisca y terminé esa etapa que, es cierto, fue corta, duró sólo tres años. Pero mi objetivo no era ese, el de la televisión. Hacer personajes es algo que siempre estuvo en la familia, nací con eso. Entonces en ese momento aproveché mi manera de ser y gustó. Lo que pasó con Juana y sus hermanas fue muy fuerte y está bueno que haya sido así. No me pegó mal que me reprocharan o me insistieran con volver. Lo tomé como algo lógico, más bien cariñoso. Les gustaba y me lo decían. Es el día de hoy que todos lo recuerdan. Pero el camino era otro.

Pasaron 23 años, tu hija creció y vas por tu séptimo álbum. ¿Sentís que hiciste las cosas bien?

No sé. Uno no lo sabe. Hice lo que quise, pero todavía me falta para alcanzar la libertad absoluta. Soy demasiado exigente. Me pasa que no disfruto mucho. Soy extremadamente responsable y me pongo mal cuando siento que algo no está como debería estar. Ya sé que lo mejor es enemigo de lo bueno. Pero por lo menos tiene que llegar al nivel de bueno. Con la música, todo el tiempo dudo. Lo que me gustaba a la semana deja de gustarme y siempre me arrepiento de cosas cuando los discos ya están terminados. Si paso un tiempo sin escucharlo, cuando lo hago digo: ¡Uy! Debería haber pulido, o hachado, esto o aquello.

¿Los premios internacionales no te dan cierta seguridad?

¡Pero no! Lo que pase del disco para afuera no me incumbe, no tiene nada que ver con lo que me sucede a mí interiormente. La verdad es que tengo que aprender a relajarme, pero es difícil.

Tu primer álbum se llamó Rara. Muchos pensamos que era una autodefinición, pero después contaste que no era así.

Me sentía rara en ese momento puntual porque había cortado una relación y así estaba. Pero por lo general soy sapo de otro pozo. No desde un lugar de superioridad, porque me siento bastante boluda (no voy a explicar en qué situaciones porque no viene al caso exponer las miserias). Pero la verdad es que soy ermitaña, no veo a mucha gente, trabajo desde casa a varios kilómetros de la ciudad. Tampoco tengo un grupo con el que salgo. Veo a mis amigos por separado, con cada uno hago algo distinto.

¿Seguís trabajando con tu ex marido?

Sí, con Federico ya no estamos casados, pero trabajamos perfecto. Tuvimos mucha suerte porque nos llevamos muy bien. Si nos separamos, es porque nos llevábamos mejor así que estando juntos, pero no porque nos odiábamos.

¿Ahora estás en pareja?

En este momento no.

En tus canciones hay algo con el tema de las repeticiones, en algún punto hipnótico. ¿De dónde viene?

El tema de repetir algo es interesante. Cuando yo hacía café concert con mis personajes al principio desesperé. No me sentía capaz de decir lo mismo todas las noches, me dio una especie de fobia. Hasta que descubrí a la gente. Cuando logré entender al público como un elemento más del show dejó de ser una repetición porque era la misma gente quien renovaba el show. Es como una rueda que no gira en falso sino que avanza. Ese fue el motor, el motivo por el cual cada show era nuevo. Y con muchos temas sucede algo parecido. La gente que medita tiene un mantra que repite. Con mis canciones sucede algo por el estilo. Es una rueda que no gira en falso, no hay una repetición obstinada sino algo que avanza. Son ondas que van vibrando por más que hagas lo mismo.

¿Hay muchos errores que repetís?

Por supuesto. Creo que uno corrige muy pocas cosas en comparación con las que hace mal.

¿Qué te reclaman a menudo tus afectos?

Nada. No me doy cuenta si sucede eso.

¿Qué te cansa de la gente?

Miles de cosas, y en algunas ya estoy rendida. No me interesa pelear. Cómo explicar. Ocurren situaciones curiosas. Un vecino, por ejemplo. Te molesta con algo que hace, le pedís que deje de hacerlo y el molesto terminás siendo vos. En este caso, yo. Había un motor en la pileta de al lado que andaba mal, ruido infernal de la noche a la mañana. El señor no está nunca en su casa, pero yo paso todo el día en la mía. Ofrecí hacerle un gabinete para bajar el sonido. No. Bueno, mediaciones, pedidos, arreglo, tiempo, enojo. Creo que ya me rendí con estas cosas. Porque nunca se acaba. Ahora están como locos con los soplahojas. La gente se copa con las máquinas. Persiguen hojas todo el día. Contaminan sonoramente por algo que a mí no me molestaría ver en los jardines. Creo que están obsesionados, y en eso los puedo llegar a entender.

¿Acumulás muchas obsesiones?

No viene al caso, pero imagino que es igual a cuando borrás en un pizarrón. Empezás y no querés que quede un cachito de tiza. Terminás, ves que quedó algo arriba y volvés, te agarra como una cosa, una necesidad de borrar todo. Yo a estos señores, obsesionados con las hojas, los imagino así. Y me hace tan mal porque de todas las poluciones creo que la peor es la sonora. Todo lo que afecta los sentidos es un horror, pero los ruidos. Y mirá que vivo lejos. Hace 25 años que me fui de la ciudad. No sé, tendré que irme más lejos.

¿Recordás el día que decidiste escapar del cemento?

No exactamente, porque fue una idea que siempre tuve pero que concreté cuando quedé embarazada.

¿Qué tiene Francisca de vos?

Somos parecidas físicamente, pero ella tiene su estilo definido. Todavía no sabe a qué se va a dedicar; o sí. Lo que pasa es que no le gusta que la atosiguen con el tema. Y está bien, es chica. Yo a su edad estaba en cualquiera.

Hablás de edad y me viene tu tema Las edades y esa teoría de acumularlas, no sumarlas. Bueno, podrías explicarlo vos.

Creo que lo importante es siempre ser niño, pero a veces no te dejan. Yo me siento muy bien con los grupos de gente muy joven, pero después advierto el rechazo, como una cosa hacia la persona grande. Y es así. Cuando era adolescente e iba al club se nos había pegado un grandulón de 26. Un rato estaba bien, pero medio que lo maltratábamos porque lo sentíamos un viejo. Considero que no es que uno crece y tiene la edad que cumple. Supongo que se van acumulando edades. Y yo siento que las tengo todas. A veces soy de 12, o de 20, 44 o 50.

¿Festejás?

No. No soy una buena anfitriona porque me estreso mucho. No por un tema de organización o comida, sino porque tengo miedo de que los invitados se aburran, que la pasen mal. Entonces no puedo disfrutar.

Tu madre es el ícono de la belleza anticirugía. ¿Coincidís en su postura?

No sé. La verdad es que si alguien me asegurara que quedo igual pero más planchadita, me animaría. Pero nadie te puede asegurar eso. Aunque hay algunas que digo, ¡qué hija de p.! Porque de verdad no se nota. Conservan la mirada, la misma cara. Después están los desastres que sabemos, el horror. Las señoras con esas trompas y los ojos allá arriba.

Tus canciones hacen referencia a lo mágico, los sueños. ¿Sos de recordarlos?

Mucho. Tengo sueños muy largos y tremendos, que me modifican.

¿Eso es bueno?

No siempre. Una vez soñé que me mataban y estuve muy mal tres meses. Es muy largo y feo, pero me pegaban un tiro, yo rogaba, volvían a lastimarme. Entraba a un lugar al que me daba cuenta de que era equivocado.Espantoso. Al final me mataban. Y en ese instante sentí realmente que estuve muerta. Fue la nada. Es inexplicable lo que me pasó, pero quedé muertita como tres meses. Realmente estuve muy muda, casi sin poder moverme.

Crédito: Marcelo Setton

¿Lo hablaste con alguien?

No.

¿Te amigaste con la idea de la muerte o todo lo contrario?

No me gusta la idea, porque no me quiero morir. Lo malo es que a medida que vas creciendo la vas sintiendo.

En el momento más intenso del diálogo se cuela una voz. Es la música que suena en el bar, ya muy tarde. La cantante tiene la voz aguda y grita demasiado. Entonces Juana se sale de las casillas.

"¿Escuchás? Yo si tengo a esta mujer al lado le pego", dice.

¿En serio te animarías a hacerlo? ¿ O a gritarle que se calle?

No. La verdad es que siempre voy un paso adelante de lo que va a pasar y me controlo porque sé que después me arrepiento. Pero me irritan bastante algunas cosas.

¿Ejemplo?

La falsedad, los gustos impuestos, una cosa de la moda que se confunde con el éxito. El no saber diferenciar si algo te conmueve o sólo te impacta porque los demás se excitan con eso. La gente que se hace la no se qué. Que te das cuenta que se está haciendo el. algo. Como esta mina que está cantando. No es que ella canta así naturalmente. Se impuso hacerlo de esa forma porque a ella le debe parecer canchero. Me molesta la falta de autenticidad. Y en los músicos es fatal porque considero que cantando es donde se delata la personalidad del músico. La voz de una persona cantando te dice todo.

¿Cuál es la voz más bella?

No tiene que ser precisamente la voz más bella, sino esa que te emociona. Por ejemplo, un tipo como Elliot Smith. Él no tenía para nada una voz bella, pero abría la boca y a mí me agarraba una emoción infinita. Beck también tiene una voz cero impostada; es puro Beck. Te guste o no te guste, es él, completamente genuino.

Sos como una degustadora de voces. Las describís con una delicadeza y pasión muy especial.

Es que tuve la suerte de tener una conexión con la música desde muy chica, y siempre fue muy íntima. Es decir, nada me da lo mismo. Existen canciones horribles pero a lo mejor un pedacito de dos compases está buenísimo. Me banco toda la canción para que llegue esa parte. Hay canciones horrendas que de pronto tienen un logro en el medio. Y existe muy poca gente con la que tenga esa conexión musical.

¿Cómo es tu ritual a la hora de escribir canciones?

Me cuesta bastante. Soy exigente, así que me cuesta. Pero, básicamente, necesito que el día termine para poder empezar. Generalmente me duermo a las tres o cuatro de la mañana. Siempre supe que pasa algo especial después de las nueve y media de la noche. Aparece un silencio especial, me predispone, entro en un estado más desinhibido y más concreto con aquello que tengo que hacer.

¿Qué te aburre espantosamente?

Que se cuenten anécdotas. Que no se pueda hablar abstractamente de nada, aunque sea de un sándwich. Juro que cuando se ponen a contar cosas me muero. Eso de decir: y yo una vez estaba en un bondi y de repente. Ahí ya me empiezo a deprimir. Y después sigue el resto. ¡ Peor!

El efecto cadena de la anécdota.

Es terrible. Si estás con gente con la que tenés cierto código, podés contar una anécdota porque esa anécdota es, probablemente, parte de algo que se estaba hablando antes. O sea que viene a cuento. Si no, es como contar chistes. Yo lo hago. Los cuatro que sé los cuento en cuanto puedo. Pero la figura del chistoso no existe. Igual, volviendo a la anécdota, me parece tristísimo no poder hablar si no tenés un pasado que hayas vivido. No poder crear en el momento una conversación a partir de la nada. Eso es lo peor que me puede pasar, que me pongan en una mesa de gente que cuenta anécdotas.

¿Cómo son tus mañanas?

No tengo rutinas. Mi casa es un caos, no sé. Ahora me quedan sólo cuatro perros: Uvita, Flores, Bebe y Tita.

¿Hay algo que desees con locura?

Ser más libre.

Crédito: Marcelo Setton

Si hay alguien que uno imagina libre, esa sos vos.

Las apariencias engañan. Tengo mucho pánico, siempre.

¿A qué?

No sé, pero no me considero una persona libre. Lucho todo el tiempo para ir hachando esas patas invisibles que están atadas a todo, para ir liberándome. Pero todavía no. Hay aún unas patas invisibles. Yo tengo amigos que son libres, y no necesariamente son artistas. O sea que se puede.

Decís que se puede y pienso en política. Dijiste que no tenés televisión y no leés diarios. ¿No te interesa realmente o estás enojada?

Creo que el mundo en general tomó un rumbo equivocado. Hoy el taxista tenía la radio, hablaba un ministro sobre consumo. El objetivo, siempre, es que haya consumo. Y, la verdad, yo no sé si eso está bueno. No quiero ser liviana y me siento una tarada explicando en unas líneas algo tan profundo. Pero la verdad es que no le creo a ningún político de ningún partido. Odio la palabra grieta y me deprimen los ideales que se le inculca a la gente. Esa obsesión por el consumo, el auto nuevo. Yo, por el contrario, creo que hay que consumir menos y arreglarse con lo que uno tiene.

¿Hay un estilo Juana o se rompió el molde?

Si te referís a lo estético, soy un zaparrastro. Auténtico, eso sí. Pero no puedo dar lección de estilo ni mucho menos. Cuando viajo y veo esas mujeres con las valijitas de mano, con jeans ajustados, una musculosa y saquito me quedo muda. ¡Cómo puede ser que viajen con el pelo impecable, todas duritas y yo esté tirada llena de bolsas! No me siento nada elegante, aunque sí creo que la elegancia es lo opuesto a viajar doce horas con un pantalón ajustado, tacos y remera corta, a pesar del chiflete nocturno. Creo que no son humanas. Lo elegante lo relaciono con lo cómodo. Pero bueno, no es mi tema. Adolfo Castelo me llamaba el indio rubio.

Pero hay más de lo otro que Juanas, ¿o no?

Y sí, creo que en la Argentina, sí. Pero con respecto al nombre, no. Ahora se llenó de Juanas. Pensar que éramos tan pocas. ¿Te cuento algo? Mi mamá está convencida que se puso de moda por mí.

1962

Nace en Buenos Aires; es hija de dos grandes artistas: la actriz Chunchuna Villafañe y el músico Horacio Molina

1991

Luego de hacerse conocida en diferentes programas(La noticia rebelde y junto a Antonio Gasalla), logra su propio programa, el icónico Juana y sus hermanas

1994

Nace su hija, Francisca, fruto de su relación con el artista plástico Federico Mayol

1996

En pleno apogeo y popularidad deja la televisión para dedicarse a la música. Debuta con el álbum Rara. Luego se muda a Los Ángeles

2000

Regresa a Buenos Aires y graba el álbum Segundo, con ingredientes sónicos que experimentó en el exterior

2002

Su álbum Tres cosas es elegido como uno de los mejores diez discos del año por The New York Times

2004

Presta su voz para Mujer Elástico en la versión en español de la película animada Los increíbles

El futuro

El 17 de mayo, Juana Molina presentará su nuevo disco, Halo, en Niceto Club. Luego seguirá con actuaciones por distintas ciudades del país, como Rosario, Córdoba y La Plata

Asistente de producción: Rosario Guerra Wirna. Pelo: Rocío Marrodan para JC Agency. Agradecimientos: Kostume, Kartell by Manifesto y Sofitel Arroyo

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.