En Rosario se dio el nefasto paso hacia la utilización de armas tácticas

Daniel Gallo
Daniel Gallo LA NACION
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22 de marzo de 2017  

L a guerra de bandas en Rosario sumó otra batalla callejera. Puede hacerse notar que son cotidianos los ajustes de cuentas en el conurbano bonaerense y que los conmocionantes arrestos de funcionarios en la ciudad de Itatí exhiben que el tráfico de drogas penetró en todo el país, pero Rosario es un capítulo especial en la manifestación de la violencia narco. Allí, dos grupos interconectados con las barras de sus dos equipos importantes de fútbol parecen estar siempre un peligroso paso adelante de las asociaciones criminales en otros territorios. Hace tiempo que quienes siguen el crecimiento del crimen organizado local presagiaban un salto hacia el uso de armas largas. Ayer ocurrió en Rosario.

En el ataque en la autopista se usaron fusiles automáticos. Similares a las armas que aparecen cada vez más seguido en los allanamientos. Incluso en Buenos Aires están en manos de secuestradores y de ladrones de cajeros automáticos. Pero no se disparaba aún con esas armas propias de un campo de batalla. El grupo que emboscó ayer el traslado de los acusados por el asesinato del líder de los Monos preparó dos puntos de ataque. Y se tiroteó sin problemas con una división especial de la policía santafecina. Situaciones parecidas generaron una abrupta escalada de violencia en Río de Janeiro. Ése es el espejo adecuado para el problema narco en la Argentina. Es el peligro real.

Los Monos nunca pasaron de ser un grupo narco zonal, con limitado control de territorio y alguna influencia en el norte bonaerense. Nada diferente de otras bandas. Sin embargo, el gusto por la sangre los distanció de tantos otros que montaron sus negocios alrededor de la venta de drogas. Actúan como barrabravas. En mayo de 2013 fue fusilado Claudio "el Pájaro" Cantero, jefe de esa banda. Y se desató una sucesión de venganzas que acribilló a familias enteras.

Luis "el Pollo" Bassi fue acusado ayer en el juicio como autor intelectual del crimen de Cantero. Su padre y dos hermanos murieron en las venganzas de los Monos. Igual destino tuvieron familiares de los hombres acusados como sicarios. Los tres eran ayer trasladados por el servicio penitenciario santafecino, cuestionado por su escasa colaboración con las fuerzas federales. Y ese ataque demostró que los Monos dieron el nefasto paso al uso de armas tácticas.

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