Un equipo mudo en la cancha

Román Iucht
Román Iucht MEDIO:
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24 de marzo de 2017  • 19:15

No caigamos en la trampa del discurso de Bauza . No logremos su objetivo, justificado ante tan pobre expresión de su equipo, de correr el foco del juego y ponerlo en la dialéctica de su conferencia de prensa. Es entendible, pero en ningún caso verosímil. Baqueano de mil batallas, el técnico argentino supo cómo lograr que veinticuatro horas después del triunfo ante Chile, poco se hable del juego y mucho de sus sentencias. Quienes se afilien a la idea de que el entrenador siempre equilibrado en sus palabras esta vez “dijo sin pensar”, analicen si en realidad no hizo exactamente lo contrario y pensó perfectamente lo que dijo. No siempre se afirma públicamente el mismo pensamiento que en la intimidad y en este caso Bauza asumió pagar ese costo. Ya no se trata de subestimar “el saber” del futbolero medio sino el de sus propios jugadores. El respeto que el DT puede tener ganado de su tropa radica sobre todo en su conocimiento y ante una actuación tan evidentemente pobre, flaco favor haría el líder si repitiera esa expresión falaz a sus dirigidos. Todos saben que Argentina jugó por momentos mal y en algunos otros muy mal. Un penal inventado por esa moneda al aire que siempre son los árbitros localistas, el travesaño como aliado de Romero y la escasa profundidad trasandina disimularon el nivel de un equipo incapaz de esconder todas sus costuras.

Salvo un ratito contra Uruguay y algún esporádico pasaje del juego ante Colombia, aún no se ha visto en todo el ciclo Bauza una aproximación más o menos clara de por dónde camina su idea futbolística. Necesitado de resultados, lo urgente tapa lo importante y la idea de ganar “como sea” mucho más conectada con lo accidental que con la consecuencia de un estilo, se lleva por delante todo lo que encuentra a su paso.

La acumulación de buenos jugadores sin una pretensión mayor a la de la creencia, falsa en la mayor parte de las veces y sobre todo sin un plan de juego, de que “más siempre es mejor”, mostró en estos siete partidos un equipo inconexo, siempre estirado desde lo posicional y poco representativo de lo que la historia futbolística y los pergaminos del entrenador acreditan a lo largo de su carrera. Jugadores ubicados en lugares incómodos, superposición de funciones y falta de protagonismo en el juego son algunas de las más evidentes. Ni hablar de la exasperante dependencia de Messi en ataque y del pelotazo que divide la posesión como método permanente de invasión al campo rival.

Por su cercanía con los medios de prensa o por suponer que lo único que importa es sólo llegar al mundial se morigeran algunas críticas con Bauza. No hace falta. El “Patón” sabe distinguir entre los fuegos artificiales y las opiniones fundamentadas y si la estación terminal es la vuelta olímpica en Rusia, tal su deseo y convencimiento, serán las observaciones acertadas las que ayudarán a crecer al equipo. Es natural pedirle a la selección argentina con estos jugadores una versión mejorada y sobre todo empezar a definir una idea. Esa que aun perdiendo el partido, volvió a mostrar Chile como lo hace desde hace tiempo o aquella que en poco tiempo le devolvió Tite a Brasil para subirlo al techo de la eliminatoria.

La altura de La Paz y una gran cantidad de cambios en el equipo hacen del compromiso ante Bolivia un partido diferente a todos. Obligado a dosificar esfuerzos, comprimido en campo propio y con espacios para la velocidad de Di María casi siempre neurótica, pero que en este caso puede resultar una válvula de escape, tal vez estemos a las puertas de un partido tácticamente más cómodo para el manual de estilo de Bauza. Nombres a escala humana como Buffarini, Pizarro, Enzo Pérez o Pratto tendrán minutos para mostrarse y agregarle puntos a un tercer puesto que no se condice con lo que los nombres pueden sugerir. Un equipo solidario, al que seguramente le costará tener la pelota, deberá ser contundente cuando goce de algunas chances y muy económico en cada uno de sus esfuerzos.

Luego del compromiso del martes, la espera eliminatoria se extenderá hasta más allá de mitad de año por lo que mejorar la imagen además de sumar para la tabla sería tranquilizador y saludable.

Estos tiempos turbulentos vienen confirmando que tener hermosos colores en la paleta no garantiza un cuadro de categoría y mucho menos si se los quiere combinar a todos juntos. El “silenzio stampa” de los jugadores se acepta y se entiende, pero la preocupación está en otro lado. Es hora de pegar algunos gritos y tomar decisiones. A pesar de estar tercera en la tabla, la Argentina es un equipo mudo en la cancha.

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