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El día más negro de la Task Force

Tres de los pilotos que el 8 de junio de 1982 atacaron el desembarco inglés cuentan el combate; además de las bajas, Gran Bretaña perdió una fragata, un avión y dos buques de apoyo; tres aviones argentinos fueron derribados
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8 de junio de 2000  

"Venía volando a tres metros sobre el agua y a 900 kilómetros por hora. Tiré las bombas y pasé entre los dos mástiles de la fragata en medio del fuego antiaéreo. Yo creo que era la Plymouth, porque alcancé a ver el banderín a cuadros rojos y blancos que la identificaba. Todo debe haber durando cincuenta segundos o a lo sumo un minuto, pero en esas circunstancias pareció una eternidad."

Eran casi las dos y media de la tarde del martes 8 de junio de 1982, y el hoy brigadier Amílcar Cinatti, entonces un capitán piloto de Dagger, acababa de anotarse en el gran libro de los méritos de la Fuerza Aérea.

La Guerra de las Malvinas agonizaba, pero la inminencia del final no pudo evitar lo inevitable: aquél sería el día más negro para la flota británica.

En poco más de dos horas, con tres oleadas de ataques sobre Bahía Agradable y utilizando catorce aviones en total, la Fuerza Aérea Argentina provocaría a los ingleses más de 100 bajas y la pérdida de una fragata, dos buques de apoyo logístico y un avión Harrier.

Fue una victoria inapelable, pero no alcanzó para cambiar el curso de la guerra: seis días después, todo acabaría con la rendición de Puerto Argentino y el luto por todos los caídos, aquí y en Gran Bretaña.

* * *

La maniobra de desembarco de los británicos en Bahía Agradable, en las inmediaciones de Fitz Roy, había comenzado entre el 5 y 6 de junio, y obedecía a la necesidad de aquéllos de establecer una cabeza de puente al sudoeste de Puerto Argentino para completar el bloqueo.

La operación contemplaba el desembarco de paracaidistas, una compañía del regimiento Príncipe de Gales con apoyo de Guardias Galeses, y también la descarga de munición, explosivos, una unidad sanitaria y equipos de comunicaciones que habían sido llevados en buques logísticos para no arriesgar naves de asalto anfibio.

En esas condiciones el desembarco era lento, y tenía la cobertura de una fragata tipo Rothesay y varios helicópteros.

La magnitud de la operación hizo que no se la pudiera mantener en secreto, y las primeras informaciones de que algo estaba pasando en Bahía Agradable llegaron al continente a media mañana.

"No sabíamos exactamente qué estaba pasando ni imaginábamos lo que íbamos a encontrar", dice hoy el vicecomodoro Daniel Gálvez.

En 1982, el salteño Gálvez era teniente, piloto de A4B, y estaba con su escuadrilla en Villa Reynolds, San Luis. Jamás se olvidará de aquellos días de la guerra: "Me trasladaron a Río Gallegos a los tres días del nacimiento de mi hija, y apenas la volví a ver cuando tenía tres meses y medio".

Para el 8 de junio, Gálvez estaba viviendo, con otra veintena de pilotos de Skyhawk, en un bungalow de madera dentro de la base de Río Gallegos. Lo llamaban "la casita Bariloche", y allí las pérdidas de compañeros se evidenciaban de una manera cruda: cada tanto, en las mañanas, alguna cama aparecía vacía.

"Como las operaciones eran sólo diurnas, nos levantábamos a las 7 y entrábamos en un alerta automático. Nos vestíamos con el traje antiexposición, por si teníamos que eyectarnos durante el vuelo, y quedábamos en condiciones de salir a los diez minutos de recibir la orden de operación", dice hoy.

Y recuerda: "Aquella mañana, cuando sonó el teléfono, supimos que nos tocaba a nosotros".

* * *

El primero de los tres ataques sobre Bahía Agradable, el 8 de junio de 1982, ocurrió a las 12.40 y corrió por cuenta de los A4B Skyhawk, que llegaron desde el Sudoeste y dejaron caer sus bombas de 250 kilos sobre los buques Sir Tristram y Sir Galahad.

Divididos en dos alas de combate, tres Dogos y dos Mastines, los cinco aviones iniciaron su ataque, hiriendo mortalmente al Galahad.

El primero de los Dogos logró hacer impacto en el centro del buque, el segundo no pudo desprender sus bombas y el tercero erró el blanco y sus proyectiles acabaron en la playa, donde produjeron numerosas bajas y un daño inesperado a los materiales y vehículos ya desembarcados.

Después de los Dogos llegaron los dos Mastines -uno de ellos pilotado por el teniente Gálvez- y al ver que el Galahad ya había sido alcanzado, arremetieron contra el Tristram.

Esta vez, las bombas impactaron en la línea de flotación de popa, y el buque quedó inutilizado.

El Galahad, mientras tanto, ardía en medio de explosiones que derramaban su combustible incendiado, y las aguas de la bahía se convertían en cuestión de segundos en una hoguera flotante.

El piloto del segundo Dogo, el que no pudo arrojar sus bombas, era el hoy vicecomodoro Leonardo Carmona.

En el helado invierno de 1982, el entonces alférez Carmona, mendocino, tenía apenas 23 años y era un flamante piloto de A4B. Tan flamante, en realidad, que cuando fue llevado a Río Gallegos desde la base de Villa Reynolds, recién había terminado el correspondiente curso de piloto operativo, un status que lo habilitaba para participar en acciones de combate.

"El mío era el segundo avión que tenía que atacar. Hasta llegar al objetivo, todo había ido bien. Habíamos despegado, nos habíamos reabastecido en los Hércules C-130 que nos esperaban en el límite de las 200 millas, y desde el reabastecimiento hasta el blanco habíamos volado a ras del agua. Pero cuando tuve en la mira al Sir Galahad y disparé, las bombas no salieron. Tuve que pasar por arriba del buque y regresar. Fue frustrante..."

* * *

El segundo de los ataques sobre las tropas inglesas corrió por cuenta de cinco aviones Dagger. Ocurrió una hora y diez minutos después del primero, y aprovechó el mismo factor sorpresa y la maniobra distractiva pensada por los mandos aeronáuticos.

La maniobra había sido ingenua, pero resultó efectiva: una escuadrilla de combate ingresaba por el Norte, ostensible al radar, y las patrullas británicas salieron a interceptarla, dejando sin cobertura aérea Bahía Agradable.

El hoy brigadier Cimatti era el piloto de uno de los Dagger. De los once compañeros que habían viajado a Río Grande desde su base en Tandil, cinco habían sido derribados y sólo uno había sido recuperado con vida.

Cuenta: "A las 11.45 del martes 8 de junio recibimos el aviso de la misión. Desde que salimos hasta que llegamos al blanco pasaron 40 minutos. Ese era el tiempo habitual de vuelo desde Río Grande hasta la isla, una ruta que conocíamos de memoria y que hacíamos, a 900 kilómetros por hora, volando a ras del agua. Aquel día, insólitamente, el tiempo era bueno; lloviznaba, pero las nubes estaban altas".

Los Dagger llegaron a Bahía Agradable desde el Oeste, en dos formaciones: la de los Perros, compuesta por tres aviones, y la de los Gatos, por otros dos, uno de los cuales era el de Cimatti.

Como habían entrado en la zona levemente desplazados, al intentar corregir el rumbo observaron a la fragata, la sobrepasaron, viraron a la izquierda y volvieron a enfrentarla. El Perro 1 le lanzó sus bombas, las del 2 no salieron y el 3 la bombardeó y la cañoneó.

Los Gatos, Cimatti y el mayor Martínez la sobrevolaron segundos después, repitiendo la operación.

Fue el segundo ataque sobre Bahía Agradable, y hasta entonces se podía festejar. Pero la suerte, se sabe, no dura para siempre.

* * *

El tercer ataque sobre las fuerzas de desembarco británicas ocurrió a las 16.30 del mismo 8 de junio y de la operación participaron 8 aviones A4B y A4C, de los cuales tres serían derribados.

Para ese momento, casi cinco horas después del primer ataque, la Fuerza Aérea ya no contaba con el factor sorpresa. Así, los aviones argentinos fueron recibidos por fuego cruzado de artillería antiaérea, misiles tierra-aire y disparos de armas livianas.

No obstante, uno de los A4 pudo efectuar disparos sobre un lanchón de desembarco británico que traía equipos de comunicación desde Darwin y verificar que el Sir Galahad humeaba destruido en la bahía.

Otros aviones arrojaron sus bombas sobre la concentración de tropas británicas en tierra, y después regresaron a su base, ubicada en Río Gallegos.

El blanco había sido batido desde el mediodía hasta casi las cinco de la tarde y, pese a las pérdidas, la victoria de los aviones argentinos fue inexcusable.

El blanco, en realidad, había sido negro para la flota británica. El 8 de junio de 1982 fue para ellos el día más negro de la guerra.

* * *

La estadística fría de lo ocurrido en la batalla de Bahía Agradable es elocuente:

  • Las fuerzas argentinas perdieron tres aviones A4B con sus tres pilotos y hubo 12 muertos entre las tropas terrestres como consecuencia del fuego naval y de artillería.
  • l Las fuerzas británicas debieron lamentaron 57 muertos y 46 heridos, sin contar la tripulación de la fragata Plymouth, el hundimiento de un buque logístico y un lanchón de desembarco, la destrucción de otro buque logístico, la Plymouth y un avión Harrier, y la avería de otra fragata no confirmada por Gran Bretaña.

    Aunque apenas faltaban seis días para que terminara la guerra, Bahía Agradable se había convertido en un infierno para la Task Force.

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