La necesaria odisea de importar para poder exportar

El nacimiento de Hecho en el Mundo refleja la interdependencia productiva; cuáles son los regímenes vigentes en la Argentina y por qué es importante conocerlos
Alejandro Vicchi
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30 de marzo de 2017  

En la actualidad es difícil encontrar un producto industrial que sea completamente fabricado en un solo país, por lo que cada vez más de habla de artículos que son Made in the world (Hecho en el mundo). Si miramos hacia atrás, en la Historia, la prestigiosa industria de la moda italiana nunca se hubiera desarrollado sin el aporte de la seda y otros materiales provenientes principalmente de Asia.

Incluso marcas icónicas como Ferrari incorporan piezas de varios países. Ni hablar del chocolate suizo. Esto es sabido y tolerado por los gobiernos, que acuerdan "reglas de origen" donde aceptan que un producto con 40% o 60% de partes importadas todavía puede ser considerado "originario".

Incluso marcas icónicas como Ferrari incorporan piezas de varios países en su producto final
Incluso marcas icónicas como Ferrari incorporan piezas de varios países en su producto final

Para competir en la primera división de los negocios internacionales hay que estar dispuesto a hacer lo que hacen los campeones de la exportación y buscar a los proveedores más convenientes en el rincón del mundo donde se encuentren.

Pero si el ingreso en el país de los insumos o piezas implica el pago de altos aranceles de importación, esos aranceles se incorporan al costo del producto que luego se exportará. Hoy la legislación argentina ofrece cinco regímenes que permiten utilizar insumos o partes del exterior para fabricar productos destinados a ser exportados, sin tener que asumir como costo el arancel de importación.

Cada uno tiene sus condicionamientos. Los regímenes más favorables presentan el inconveniente tal vez más importante: el importador y el exportador deben ser la misma persona, lo que dificulta que las pymes lo aprovechen, ya que éstas muchas veces no puede importarlo en forma directa por cuestiones de escala.

El draw-back es el régimen más amigable, ya que no exige asumir un compromiso previo de exportación, como sí se pide en la importación temporal. Pero presenta una desventaja financiera: se debe pagar el arancel y después pedir al Estado su devolución.

Otras dos opciones

Otros dos regímenes están sujetos a la localización de la planta: el proceso productivo debe hacerse en Tierra del Fuego, o dentro de alguna de las nueve Zonas Francas que funcionan en el país. Ahí hay varios beneficios; el más llamativo es que no hay que pagar impuesto a las Ganancias ni IVA (aunque éste nunca es tributado por el exportador). Otra ventaja es que en estas zonas está admitido que el importador de los insumos sea una persona diferente de quien exporta el producto terminado posibilidad excluida en los otros tres regímenes.

Pero existen otros factores que impiden que estos regímenes contribuyan a la promoción de las exportaciones.

Producir en la isla implica altos costos logísticos y salariales, que no siempre alcanzan a compensarse con las exenciones. Las empresas que están alcanzadas por la ley 19.640 tienen un beneficio adicional, que es facturar al continente con crédito fiscal de IVA para sus clientes, pero sin tener que pagarle el IVA al fisco.

El registro de la ley 19.640 no permite el ingreso de nuevas empresas desde 2011, así que quien vaya a producir a la isla sin el ingreso extra del IVA, prácticamente tiene que olvidarse de vender al resto del país, salvo que produzca algo completamente originario en la provincia, o algo muy exclusivo, que no pueda conseguirse en el resto del país. En estas condiciones, prácticamente nadie instala una industria en Tierra del Fuego con el propósito expreso de exportar utilizando muchos insumos importados, ya que los costos logísticos y otras dificultades anulan los beneficios aduaneros y fiscales.

La mayoría de las empresas que fabrican en la isla se dedican a abastecer al territorio continental argentino, aunque hay algunos excepciones destacadas, como Famar que llegó a vender el 80% en forma directa a otros países, o Mirgor, que provee radios y aires acondicionados a las automotrices en muchos modelos que luego son exportados.

Zonas francas

En el caso de las zonas francas, la legislación argentina obstaculiza el ingreso de lo que se produce en ellas al territorio argentino, salvo en la de General Pico (La Pampa). Es decir que en las demás zonas francas, quien se instala allí debe renunciar a vender al mercado interno. Resultado: sólo en General Pico hay actividad productiva; en el resto de las zonas francas, sólo almacenaje y fraccionamiento de mercadería.

Los regímenes restantes son el de admisión temporal (o importación temporaria con transformación) y su versión mejorada, el de Aduana-Factoría. Ambos permiten importar los insumos sin pagar nunca el arancel, teniendo la fábrica en cualquier punto del país. Pero fijan un plazo máximo para concretar la exportación, así que hay que estar seguro de que se logrará el éxito en la venta al exterior.

En el régimen de importación temporaria, si no se cumple con la exportación hay que pagar los aranceles de importación, más multas y penalidades. Si se apeló al régimen de Aduana-Factoría, sólo se paga el arancel, pero es un régimen sólo habilitado para la industria automotriz, además de que implica habilitar un sector para que la Aduana se instale dentro de su propio depósito, afrontando costos y tasas por servicios adicionales.

Salvo Aduana-Factoría (que data de 2002), los otros regímenes llevan décadas de vida acumulando parches y prórrogas.

Mientras tanto, un informe de Uuctad señala que en el mundo las Zonas de Procesamiento para la Exportación (ZPE, categoría que incluye a las Zonas-Francas y Aduanas-Factoría) pasaron de 3000 a 4000 durante las últimas dos décadas, lo que muestra que son instrumentos que no pierden vigencia. La OIT ha relevado 30 diferentes tipos de ZPE.

Sería deseable que las autoridades hagan pronto una revisión integral de la estructura de promoción de exportaciones y realicen las innovaciones o reformas necesarias para que las empresas argentinas puedan competir en condiciones al menos similares a las que existen en otros países.

Mientras tanto, aún con las limitaciones citadas, hoy existen esas opciones que los exportadores deberían conocer y evaluar ya que este tipo de instrumentos son ingredientes indispensables en una estrategia de internacionalización del siglo XXI.

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