El miedo, otro protagonista del ballottage en Ecuador

Los opositores temen represalias del gobierno, mientras que los defensores de Correa desconfían de las políticas de Lasso
Rubén Guillemí
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31 de marzo de 2017  

Seguidores de Moreno, en un acto en Portoviejo
Seguidores de Moreno, en un acto en Portoviejo Fuente: AFP - Crédito: Rodrigo Buendía

QUITO.- En las calles y oficinas se percibe que el miedo es uno de los protagonistas de la política ecuatoriana y de la segunda vuelta electoral de pasado mañana, en la que el oficialista Lenín Moreno y el opositor Guillermo Lasso no tienen asegurado aún el triunfo, según las últimas encuestas (de acuerdo a la consultora Cedatos, Moreno ganaría con el 52,4% de los votos ).

La gente se cuida de hablar en contra del gobierno con desconocidos; muchos de los que trabajan en oficinas públicas temen por su estabilidad laboral si expresan sus desacuerdos, y también hay autocensura de los periodistas por los casi 2000 ataques a la libertad de expresión registrados en esta década, según datos de la organización periodística Fundamedios. Y del otro lado existe temor de que la derecha llegue al poder con Lasso y ponga fin a los avances sociales, o que un "gobierno de banqueros" reedite la crisis de la década del 90.

"Como nunca, el miedo está instalado en la sociedad ecuatoriana", reconoció el doctor Enrique Ayala Mora, historiador y ex rector de la Universidad Andina Simón Bolívar. El propio Ayala, un ex legislador del Partido Socialista, fue víctima de una agresión a golpes en febrero pasado.

"Al principio del mandato de Rafael Correa hubo mucho optimismo con sus medidas. Pero cuando el gobierno comenzó a concentrar todo el poder, la gente sintió que quedaba desprotegida para expresar cualquier desacuerdo. Así surgió el temor a perder el trabajo, a que le mandaran una inspección del servicio de Rentas Internas o ser incluido en una lista negra", explicó Ayala Mora.

El ingeniero Fabio L., que hizo un doctorado en Química en España y regresó a Ecuador en 2010 con un contrato en una institución pública, se sorprendió hace algunos años la primera vez que su jefe le informó que por la tarde todo el personal iría a una marcha a favor del gobierno y que serían trasladados en ómnibus oficiales. Fabio adujo que tenía tareas atrasadas y que prefería quedarse en la oficina. Pero hubo otras marchas y nuevas excusas de Fabio para no sumarse a las manifestaciones. Finalmente su jefe le objetó directamente que no tuviera "puesta la camiseta de la institución".

"A partir de aquel momento comenzaron a darme menos tareas", contó Fabio a LA NACION. Luego de seis años de roces y choques, a finales de 2015 renunció. "Preferí aceptar un empleo de menor jerarquía y menos sueldo en una empresa privada, pero sin esas presiones."

Para el periodista Juan Carlos Calderón, las amenazas vinieron directamente de Correa que lo convirtió en el blanco de sus cadenas nacionales tras la publicación en 2010 del libro El gran hermano sobre negocios por más de 300 millones de dólares de Fabricio Correa, hermano del presidente, con la obra pública estatal.

El presidente afirmó primero que desconocía los negocios de Fabricio, luego salió en su defensa y dijo que también su hermano tenía "derecho a trabajar"; finalmente se mostró traicionado y señaló que más que El gran hermano, el libro debería haberse llamado "el mal hermano". Inició una demanda judicial contra Calderón, pero nunca contra Fabricio porque dijo que "no se le daba la gana", recordó el periodista a LA NACION.

En 2012, la justicia falló en contra de Calderón y ordenó que le pagara al presidente un resarcimiento de diez millones de dólares. Pero Correa hizo un gesto de "perdón sin olvido" del "daño moral". El caso de El gran hermano inició la guerra del presidente contra la prensa a la que empezó a definir como su "principal enemigo político".

Pero desde los que apoyan al oficialismo también hay mucho miedo ante un eventual triunfo de Lasso, ex dueño del Banco de Guayaquil, una de las instituciones que se enriquecieron durante el "corralito" de 1999 cuando se confiscaron todos los depósitos bancarios.

El ingeniero en sistemas Alex Flores Álvarez, de 47 años, es uno de los tres millones de ecuatorianos que emigraron en aquellos años de crisis, en su caso hacia España. Los ahorros confiscados le hubieran alcanzado para comprar un auto 0 km. En 2014, alentado por las políticas migratorias del gobierno, regresó al país y hoy integra el Frente de Víctimas del Feriado Bancario (como se conoce aquí el "corralito"). "Las reformas que anunció Lasso referidas a la total apertura de la economía y al ingreso de la banca extranjera volverían a ponernos en una situación de riesgo. Y no queremos una nueva edición de una situación que causó tanto dolor a millones de ecuatorianos", afirmó.

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