Ecuador decide entre el modelo de Correa o un giro a la derecha

El oficialista Moreno aventaja al conservador Lasso; la crisis venezolana afectó la campaña
Rubén Guillemí
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2 de abril de 2017  

QUITO.- Casi 13 millones de ecuatorianos decidirán hoy en la segunda vuelta electoral si el país comienza una segunda etapa de la Revolución Ciudadana iniciada por Rafael Correa hace una década o sigue el rumbo de otras naciones de la región que giraron hacia la derecha.

Aunque las consultoras de opinión señalan que hubo mucha variación en estos últimos días, hasta el 22 de marzo, fecha tope autorizada para la difusión de sondeos, la mayoría de las encuestas le da ventaja al oficialista Lenín Moreno, de Alianza País, por sobre el candidato de centroderecha del Movimiento Creo, el ex banquero Guillermo Lasso. Según la consultora Cedatos, el ex vicepresidente de Correa obtendría 52,4% de los votos.

Pero en los últimos 10 días se agitó la campaña. Lasso fue agredido a golpes cuando presenciaba con su familia el partido Ecuador-Colombia en el Estadio Olímpico Atahualpa, y Correa se lanzó a una frenética inauguración de obras, entre otras el hospital más grande del país, construido en Guayaquil.

Ecuador decide entre el modelo de Correa o un giro a la derecha
Ecuador decide entre el modelo de Correa o un giro a la derecha Fuente: AFP

"Los acontecimientos que ocurren cerca de la fecha de votación son los que más impactan en los indecisos, que en este momento rondan el 15% del electorado, y son los que muchas veces definen una elección", explicó a LA NACION el presidente de Cedatos, Polibio Córdova.

"En este sentido, no se puede descartar también la conmoción que causa en toda la región lo que está pasando en Venezuela, por la cercanía ideológica del gobierno de Correa con el de Maduro", agregó.

Lasso aprovechó rápidamente la situación en Caracas y en el acto de cierre de campaña del jueves preguntó a la multitud: "¿Ustedes quieren eso para Ecuador?". El canciller Guillaume Long salió luego a distanciarse del chavismo y aclaró que "Ecuador no es Venezuela".

La crisis económica local está lejos de la gravedad de la situación venezolana, pero en las calles de Quito se percibe que aquí también se acabaron los tiempos de bonanza petrolera, cuando el país crecía a más del 7%, como en 2011.

La recesión ecuatoriana se nota en muchos negocios y emprendimientos que bajaron sus persianas, en el desempleo y el subempleo -que afectan a 1 de cada 4 ecuatorianos- y en el ejército de jóvenes que venden jugos y golosinas en las calles de esta ciudad en cada cruce donde hay semáforos.

Frente a esta situación, los dos candidatos prometen reactivar la economía y tener un estilo de menor confrontación que el de Correa. A partir de las encuestas realizadas en todo el país, el presidente de Cedatos definió el perfil del votante de cada uno de los candidatos.

"El oficialista promedio es alguien que recibió, él o su entorno, los beneficios sociales de esta década, que mejoró su situación económica, de salud y educación. O sea que es una persona de clase media-baja", explicó Córdova.

"Los opositores son gente que está preocupada por el desempleo y por la falta de respeto a la división de poderes en el Estado, en gran parte personas de clase media. Además, llamativamente, la oposición tiene también mucho apoyo entre los sectores más marginales y entre los indígenas, con los que el gobierno está enfrentado", agregó el experto.

Entre los principales bastiones opositores de Quito está la Universidad Andina Simón Bolívar, una serie imponente de edificios en la zona norte de esta ciudad, donde cursan carreras de posgrado unos 1800 alumnos. Junto a la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) se convirtieron en un frente de confrontación ideológica con el gobierno. De estas universidades autónomas salieron investigaciones sobre violaciones a los derechos humanos y visiones dispares de la versión oficial sobre la actualidad nacional.

Víctor Rivadeneira, abogado y candidato a presidente del centro de estudiantes de la Universidad Andina repudió la permanente actitud de confrontación del gobierno. "El presidente nunca aceptó una visión crítica y por eso siempre quiso asfixiar la autonomía de nuestras universidades", dijo Rivadeneira a LA NACION.

"Moreno prometió en la campaña que él no tendría una relación tan agresiva con nuestras universidades. Pero hay que ver, si llega al gobierno, cuánto cumple de aquello que prometió", agregó.

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