El delfín cordial al que el presidente no deja de marcarle el territorio

Rubén Guillemí
Rubén Guillemí LA NACION
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3 de abril de 2017  

QUITO.- La vida de Lenín Moreno, de 64 años, tuvo un antes y un después del 3 de enero de 1998. Ese día había salido a comprar pan junto con su esposa cerca de su casa, en Quito, y cuando llegaron al estacionamiento fueron asaltados. Aunque no se resistió y entregó tranquilamente las llaves del auto, uno de los malvivientes le disparó a la espalda y lo dejó lisiado de por vida.

Pero su larga y dolorosa lucha por la recuperación tuvo un efecto resiliente y el empresario dedicado hasta entonces a promover el turismo en Ecuador se convirtió en un activo conferencista motivacional. Tiene más libros escritos sobre el humor y los chistes ( Ser feliz es fácil y divertido, Ríase, no sea enfermo) que sobre los grandes temas de la política nacional. La amabilidad y la cordialidad impregnaron sus actos de campaña, donde de pronto en medio del escenario fue capaz de tomar la guitarra y ponerse a cantar canciones de Joan Manuel Serrat.

"Con el humor podemos lograr la cultura de la tolerancia, del diálogo y acuerdos mínimos que todo el mundo pregona pero nadie, o casi nadie, cumple", sostuvo Moreno. Este rasgo de afabilidad lo puso en las antípodas de Rafael Correa, quien es conocido por su escaso humor.

Lenín Moreno
Lenín Moreno Crédito: Youtube

Moreno tuvo las primeras noticias acerca de Correa a través de una de sus hijas, que era su alumna en la Universidad de San Francisco. Cuando, en 2005, nombraron al actual presidente ministro de Economía y tomó una serie de medidas innovadoras, Moreno tuvo la iniciativa de sumarlo a la incipiente Alianza País. "Éste es el man que buscamos", le dijo a Gustavo Larrea, otro de los fundadores de la coalición.

A la hora de armar una candidatura para la presidencia, Correa devolvió gentilezas y lo eligió vice para las elecciones de 2006, cuando se consagraron en la segunda vuelta con el 56% de los votos.

En los seis años que ejerció la vicepresidencia se focalizó en la inclusión social y económica de las personas con discapacidad. Su Misión Solidaria Manuela Espejo, un formidable programa científico que salió a buscar y atender a las personas discapacitadas en los rincones más remotos del país, le valió el reconocimiento internacional de las Naciones Unidas y la candidatura al Premio Nobel de la Paz en 2012.

De hecho, cuando dejó la vicepresidencia, en 2013, el entonces secretario general de la ONU Ban Ki-Moon lo designó su enviado especial sobre discapacidad y accesibilidad, un cargo que lo obligó a radicarse en Ginebra.

Así, desde que Correa anunció, en 2015, que no se postularía a la reelección, Moreno surgió como el candidato natural de Alianza País. Pero por vicios propios de ejercer el poder casi absoluto durante una década o porque nunca terminó de convencerlo la candidatura, Correa se ocupó durante toda la campaña de marcarle el territorio al flamante presidente electo.

En varias oportunidades criticó y descalificó las declaraciones del candidato. Incluso tras la primera vuelta electoral, de febrero pasado, el presidente no descartó un triunfo opositor en el ballottage y advirtió que entonces regresaría él mismo en un año para recuperar la gobernabilidad del país.

La propuesta de Moreno es impulsar "un gran acuerdo para la producción y el empleo" y "cárcel para todos los corruptos, los de ayer y los de ahora", en implícita referencia al escándalo Odebrecht, que salpica al gobierno.

Pero resta ver cómo se comportará Correa desde su autoexilio dorado en Europa y si buscará sacar provecho del capital que sigue teniendo como la figura más popular del país.

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