Microexportación, el camino para revertir la concentración

Apenas 100 empresas argentinas (el 1% del padrón total) representan más del 70% de las ventas al exterior; cómo desarrollar un régimen que facilitela incorporación de las firmas más pequeñas al mercado internacional
Diego Dumont
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7 de abril de 2017  

En 1963, Edward Lorenz hacía unos cálculos en su laboratorio cuando decidió obviar algunos decimales de un número al pasar. Edward no podía creer el resultado final, por demás inesperado. Ese acontecimiento marcaría el inicio de la teoría del caos o "efecto mariposa". El aleteo de la mariposa en un lugar del mundo puede sentirse del lado opuesto. Aunque suene irreal al principio, el concepto encierra la realidad de que somos parte de un sistema en el que grandes cambios se generan desde la suma de pequeños cambios cotidianos, lo que nos convierte en protagonistas irreemplazables.

La Argentina se destaca por la concentración en su comercio exterior, tanto en el origen como en los destinos, en los productos exportados y en los protagonistas. Sobre esto último, según la Cepal, en nuestro país hay casi 10.000 empresas exportadoras. De ellas, casi 100 grandes (1% del padrón) representan más de 70% del total de las exportaciones, y casi 750 (7,5% del padrón) representan más de 90% de ese total.

La exportación de soja está en manos de grandes firmas
La exportación de soja está en manos de grandes firmas Fuente: Archivo

Mientras más chico es un exportador, más hábil debe ser para sobrevivir. Por eso se relaciona a los exportadores pequeños con mayor valor agregado en sus ventas, lo que significa más trabajo nacional incorporado en el producto. Por ejemplo, es completamente descabellado que un monotributista compita exportando soja en bolsa con grandes empresas.

Sin embargo, el mismo monotributista puede hoy captar un mercado que las empresas medianas y grandes del país no ven. Me refiero a la microexportación, y en especial a la venta C2C ( consumer to consumer), individuo a individuo.

Hoy, que está tan de moda el puerta a puerta, es posible ingresar a sitios web de diferentes lugares del mundo y comprar zapatillas, ropa, artículos de electrónica, repuestos de autos y juguetes, por ejemplo. Pero no es posible que emprendedores de estas tierras puedan hacer lo propio en otros países con ropa y artículos de diseño, obras de arte de artistas urbanos, artículos de cuero artesanales, libros y productos regionales, entre otros. ¿Por qué? Porque no hay una reglamentación específica para usar el servicio postal y los de courier por microemprendedores en la exportación sin caer en el mismo proceso que atraviesan las empresas. El resultado es que millones de dólares de posibles ventas quedan truncas, muchas personas sin chances, y muchas empresas exportadoras que podrían formarse a partir de la microexportación quedan en mera quimera.

¿Cómo debería ser el régimen?

  • Debería abrirse un registro nacional de microexportadores, para que el Estado garantice que no se desvirtúen el régimen ni la calificación de los individuos (que deberían inscribirse como exportadores garantizando su actividad con algún aval acorde con este esquema).
  • Autorizarse un monto tope mensual de exportaciones. Por caso, US$ 1000 por mes (cifra que normalmente no puede soportar los costos de una exportación por régimen general).
  • Debería intervenir la Aduana, a través de sus reparticiones del interior, probablemente reforzada por una oficina especial en la Aduana de Ezeiza para el debido control. Más allá de la no intervención inicial del despachante, debería tener participación como entidad asesora el Centro de Despachantes de Aduana, toda vez que este régimen facilita que surjan nuevas empresas a medida que crecen las ventas y es importante el respaldo de la entidad para acompañar la transición de micro a empresa.
  • Dictarse normas en los terceros organismos que faciliten la obtención sencilla y en tiempo razonable de certificados de su competencia a tasas accesibles. También el BCRA debería dictar comunicaciones que respalden los sistemas de cobro por medios, como PayPal o DineroMail, para este régimen exclusivamente.

¿Cómo no debería ser el régimen?

Por descarte, no debería permitir captar exportaciones de empresas por montos que están en condiciones de soportar una exportación formal. El despachante de aduana como auxiliar del comercio y del servicio aduanero es un actor indispensable para un comercio exterior cada vez más dinámico y sujeto a tantas variables. El sólo apartamiento del régimen general debe verse como un inicio para canalizar exportaciones que sin tal facilidad nunca se llevarían a cabo.

Se gana una chance laboral para muchos, en un país con una tasa de desempleo cercana a 8% y casi 1,5 millones de personas subocupadas; la posibilidad de aumentar las empresas exportadoras en el país: la Argentina perdió en los últimos años 25% de éstas. Hoy, con sus casi 10.000 empresas, comparte el tercer puesto en América latina con Colombia, detrás de Brasil y México.

Se le da participación al país en e-commerce transfronterizo desde la vereda de la exportación (y no sólo de la importación). En el mundo, más de 300 millones de personas hacen compras por Internet de un país a otro por US$ 328.000 millones anuales, y con cifras que crecen a tasas superiores a 20% interanual.

Según Global Entrepreneurship Monitor 2004 (GEM), hoy en la Argentina hay cerca de cuatro millones de emprendedores. Si uno de cada 10 exportara US$ 1000 al año, aportarían US$ 400 millones al país año a año.

Se gana aumento de exportaciones de valor agregado, cuando en los últimos tiempos lo que aumenta es la participación en la venta al exterior de productos primarios.

Y, lo más importante, se gana la posibilidad de transformar la realidad, a partir del valor de pequeñas acciones, sólo aparentemente insignificantes.

El autor es contador, especialista en comercio exterior; autor de Comercio exterior para no especialistas

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