Contratar refugiados: una acción solidaria (y rentable)

Rob Brunner
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12 de abril de 2017  

Crédito: FastCompany

Ulukaya está convencido de que las empresas pueden hacer para promover y dar soporte a la comunidad. Inspirado por sus experiencias con los refugiados, en 2015 lanzó la Tent Foundation, una organización sin fines de lucro que, además de financiar y organizar esfuerzos de rescate de refugiados, está enlistando activamente otras compañías para ayudar a responder a la crisis de desplazamiento de humanos.

Más de 70 firmas -incluyendo Airbnb, Cisco, IBM, Unilever y UPS- se han sumado a la Asociación Tent para los Refugiados, acordando donar recursos y contratar gente desplazada, entre otros esfuerzos. Ulukaya también se sumó a Giving Pledge en 2015, comprometiéndose a donar la mayor parte de su riqueza para ayudar a la causa. En Chobani además hoy alrededor de un 30% de los 2000 empleados de la compañía son inmigrantes, que provienen de 15 países. Del total de los trabajadores, unos 400 son refugiados.

Si bien es fácil de ver cómo esto beneficia a los refugiados, algo menos previsto ha sucedido desde que Ulukaya comenzó a contratar gente del centro de refugiados: ha sido también un gran beneficio para Chobani.

"Es algo bueno que hacemos -dice- y por el lado del negocio es una cosa inteligente. Esta es la gente que trabaja más duro, más patriota, más honesta. Dan todo lo que tienen." El impacto ha ido mucho más allá de resolver la escasez de personal; ha demostrado ser un factor de elevación de la moral, contribuyendo a un espíritu de comunidad, la sensación entre los empleados de que la compañía representa mucho más que las ganancias.

"Es difícil de cuantificar en dólares", dice la directora ejecutiva del centro de refugiados Shelly Callahan. "Pero es enriquecedor de muchas maneras en las que la gente no piensa necesariamente inicialmente. La gente está buscando que las cosas tengan más sentido, incluyendo cómo hacen las compras y lo que hacen para mantenerse. Hamdi es alguien que reconoce eso y si bien está haciendo un producto que es realmente bueno se trata de más que eso."

Lugar seguro

En Twin Falls -la ciudad donde hoy funciona la principal planta de producción de Chobani- conocí dos hermanas de poco más de 20 años que trabajan en el turno de las 2 de la tarde a las 10 de la noche en la fábrica.

Nisa, que trabaja en el área producción, y Amna, operadora del sector de envasado, nacieron en un país con problemas en Medio Oriente y llegaron a esta ciudad de Idaho en 2012 esperando poder comenzar de nuevo luego de años de lucha y supervivencia. (Para proteger a los miembros de su familia, las dos hermanas pidieron que no se use sus nombres reales ni se identifique su país en la nota.)

Sabiendo que Ulukaya estaría en la ciudad, lo sorprendieron en la oficina con un almuerzo hecho en casa de pollo y arroz tradicional, gesto premiado con abrazos del CEO claramente conmovido. "Es como un patrón mágico", me dijo Nisa, mientras veía a Ulukaya servirse pollo en el plato. "Cada día la vida se vuelve más fácil y más bella. Hoy sonreímos y es todo por Chobani", aseguran.

Nisa y Amna llegaron a Twin Falls exactamente una semana después de que los primeros envases comenzaron a salir de la nueva planta de Chobani, en noviembre de 2012. Pronto estaban ambas trabajando en la compañía. Cuando Ulukaya vino la primera vez, Nisa no tenía idea de quién era. Había un poco de agua en el piso y pidió al CEO que se corriera para poder limpiar. "Me mira y dice: «¿Cómo te llamas? ¿De dónde vienes?»", recuerda ella. "Cuando me preguntó, yo me sentí tan embargada por la emoción que comencé a llorar. Me abrazó y preguntó: «Por qué lloras?» Me sentí tan emocionada. Le dije de dónde venía, lo difícil que era la vida para nosotras y que había comenzado a trabajar allí hace poco tiempo. Él me dijo: «No te preocupes. Estás en un lugar seguro»."

Respaldo

La dedicación de Ulukaya a los refugiados no ha dejado de tener consecuencias. Luego de que un sitio en la web de orientación derechista publicara hace unos meses varios artículos criticando a Chobani, hubo una campaña pidiendo un boicot en las redes sociales. Ulukaya incluso recibió amenazas de muerte.

Las amenazas no lo disuadió, pero el empresario describe la situación como un momento difícil. "Me dolió -dice-. No quería que nadie pensara nada raro de Chobani. Desgraciadamente el mundo online es muy raro en estos tiempos. Si alguien viera a la gente que está en Chobani y la oportunidad que les damos y el ambiente que es, no creo que nadie pudiera objetar. Es gente increíble haciendo productos maravillosos, tratando de dar lo mejor de sí."

Luego de que el diario The New York Times publicara un artículo sobre las amenazas de muerte en octubre pasado, Ulukaya llegó a la oficina de Chobani en Nueva York una mañana y encontró un gran paquete. Contenía varios cientos de cartas de apoyo de gente de todo el país. "Esas cartas -dice- fueron uno de los mejores momentos de mi vida."

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