La intimidad del regreso de Juan Sebastián Verón y cómo lo influenciaron Pepe Sánchez y Agustín Pichot para volver al fútbol

Fuente: FotoBAIRES
Detalles del regreso de la Bruja, tras 1059 días alejado del fútbol profesional
Máximo Randrup
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12 de abril de 2017  • 09:47

La historia no es como la mayoría cree: impulso y decisión. Cuando a Juan Sebastián Verón se le cruzó por la cabeza volver, dudó en serio. El presidente de Estudiantes tenía ganas y él se mostró seguro, pero vaciló como cualquier mortal. Sin embargo, hubo dos charlas que inclinaron la balanza por el sí. "Si sentís que podés, hacelo, no te quedes con las ganas. De lo contrario, después te vas a arrepentir", le dijo Pepe Sánchez. "Ojalá yo me pudiera dar el gusto de volver. Dale para adelante", le pidió Agustín Pichot. Y la Bruja regresó.

Su retorno lejos estuvo de ser un trámite. Los años corren para todos y Verón hace un mes cumplió 42. Comenzó a entrenarse, se desgarró en la pretemporada, volvió a dudar, se convenció de nuevo, viajó a Brasil y una vieja sanción le impidió la vuelta, hasta que llegó el día: 11 de abril. Justo un 11, el número que más lo identifica. Justo en abril, el mes en el que debutó en primera división (hace 23 años).

¿Cómo vivió su tercer regreso al Pincha "el futbolista más preponderante de la historia de Estudiantes" (Sabella dixit)? Con una catarata de emociones. Primero, la ansiedad. No es casualidad que haya sido el primero que se despertó de la concentración. Lo siguió Leandro Desábato y desayunaron juntos, al aire libre. Conversaron un rato largo. Atentando contra la fábula de una relación desgastada, recordaron viejas copas y revivieron logros del pasado. El mate fue el tercero en discordia; el aliado para sosegar la ansiedad. Luego se sumó Mariano Andújar y así se fueron sumando. La edad de los futbolistas casi que marcó el orden de llegada.

Fuente: FotoBAIRES

Después del almuerzo (tarta de jamón y queso, y fideos), llegó el turno de charlar con la Bruja grande. Otro que también estiró el retiro. Debe estar en los genes: Juan Ramón jugó profesionalmente hasta los 38 años y luego hasta los 42 en Juventud Unida de General Madariaga, en los viejos torneos regionales. El encuentro de ayer entre ambos no fue por tratarse de un momento especial, es una costumbre. Verón padre pasa muchas horas en el country de City Bell y los diálogos con su hijo son una escena habitual.

Pasaron las horas, otra vez con el mate de compañero, hasta que -de una vez por todas- a la Brujita se le terminó la espera. Los casi 3 años sin disputar un partido profesional (no jugaba en el León desde el 18 de mayo de 2014) es un argumento suficiente como para explicar su ansiedad. Sacó del medio el Barcelona de Ecuador y a los cuatro segundos Verón (con su clásica cinta debajo de la rodilla derecha) ya había tocado la pelota. Antes del minuto fue él quien cometió la primera infracción de la noche. Durante un par de minutos corrió sin hallarse, como si estuviese mareado. Hasta que a los 3´, la Bruja abrió una pelota hacia la izquierda y se relajó. Bajó dos cambios y entendió que ese era el camino. A partir de ese instante, el N° 11 de Estudiantes actuó como eje. Distribuyó, regaló algunas pinceladas y hasta probó desde larga distancia (un buen remate que controló el arquero visitante). Jugó una hora exacta y fue de lo mejor del Pincha. ¿Brilló? Para nada. ¿Quedó en deuda? Tampoco. ¿Y entonces? Cumplió, que no es poco.

"En lo particular, me sentí bien. La ansiedad era lógica, pero no me sentí raro porque jugar al fútbol es lo que hice toda mi vida", confesó Verón. "Me gustó su partido. Jugó bien el primer tiempo y después sintió el desgaste, pero siempre fue importante: presionó cuando lo tuvo que hacer y manejó la pelota como nos tiene acostumbrados", lo respaldó el entrenador del Pincha, Nelson Vivas.

Después del encuentro volvió a su casa, el country. Cenó con sus compañeros (empanadas de carne y milanesas) y se fue a acostar. Con bronca por la derrota, pero con una sensación positiva: el alivio de haber estado a la altura de la circunstancia.

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