"El momento de discutir es ahora": el festival como caja de resonancia del conflicto

Siete directores que presentan sus films en el Bafici definen algunos ejes que tendrá la discusión sobre el Incaa: compromiso, federalización, financiamiento y renovación estética
Alejandro Lingenti
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22 de abril de 2017  

Casi en simultáneo con el inicio de la actual edición del Bafici -acontecimiento fundamental en el calendario cinéfilo local- explotó la bomba del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales. Vale la pena recapitular cómo esta semana revolucionó el mundo del cine argentino, desde su vertiente más industrial a la más independiente, y cuánto se juega en el conflicto de su futuro.

Luego de una serie de denuncias que aparecieron en Animales sueltos, el ministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, le pidió la renuncia al director del Incaa, Alejandro Cacetta, que contaba con el apoyo de la mayoría de los sectores relacionados con el cine nacional, que hicieron oír sus reclamos. Como la ley establece que la remoción de su director debe ser aprobada por el Consejo Asesor y la Asamblea Federal, y ese requisito no fue cumplido, muchos hablan de una virtual intervención del organismo. Esta semana, Avelluto, el secretario de Cultura y Creatividad, Enrique Avogadro, y el ahora titular del Incaa, Ralph Haiek (antes vicepresidente), se reunieron con representantes de varias entidades del sector que repudiaron las salidas de Cacetta y de Pablo Rovito, rector de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (Enerc), y pidieron que se mantengan las fuentes de aporte al Fondo de Fomento Cinematográfico, de donde sale el financiamiento al cine. También se acordó que estas entidades participarán en la confección del proyecto de ley de convergencia, con el objetivo de generar nuevos recursos para incrementar ese fondo (una de las grandes preocupaciones es que se exima a los cableoperadores del pago del canon, que representa alrededor del 60% de los ingresos de ese fondo).

Para los directores argentinos que participan del Bafici -organizado por el Ministerio de Cultura porteño-a la caldeada situación del mundo cinematográfico se suma un problema extra pero no nuevo: el régimen de fomento tiene un sistema de puntaje para el otorgamiento de subsidios que tiene en cuenta la expectativa de audiencia. Una medida que, además de depender de un cálculo previo impreciso, pone en peligro la producción de films que buscan renovar el lenguaje, necesidad imperiosa de cualquier cinematografía que quiera conservar la vitalidad.

Coyunturas

Matías Lucchessi, director cordobés de El Pampero, película intimista con elementos de thriller, señala: "Nos preocupó que la salida de Cacetta haya sido tan desprolija, a partir de datos tirados en la mesa de un programa televisivo en el que se habló desde la ignorancia. Y hay un anteproyecto de ley, la llamada Ley de Convergencia, que pretende eximir a las cableoperadoras de pagar el canon. Si las compañías de telecomunicaciones quedan exceptuadas, sería catastrófico para el cine argentino".

Para Iván Granovsky, director de Los territorios, un film que critica al progresismo desde una mirada progresista, "hay que aprovechar este problema coyuntural para pensar si estamos contentos con la manera en la que se produce cine en el país; hay mucho dinero, pero también fuertes imposibilidades financieras: una película tarda tres o cuatro años para poder cerrar su rueda financiera interna; hay un potencial que no se está aprovechando".

Otra cineasta del interior, la correntina Clarisa Navas, realizadora de Hoy partido a las 3, largometraje dedicado al fútbol femenino rodado en su provincia y en Chaco, opina que "al margen de estar todos unificados en la defensa de algo importante que está amenazado, es importante incluir en el debate el tema pendiente de la federalización. Es muy difícil producir una película para los que no somos de Buenos Aires. Y sería muy bueno que haya más sedes de la Enerc en las provincias. Si no, vamos a seguir produciendo un cine casi puramente porteño".

Coincide con esa postura el cordobés Mariano Luque, director de Otra madre, dedicada a reflexionar sobre cómo las circunstancias económicas pueden desdibujar los roles familiares. "Yo tambien destacaría la rápida reacción de toda la gente del sector: desde los estudiantes de cine hasta los grandes productores, pasando por Viggo Mortensen o Juan José Campanella, que ha manifestado públicamente su simpatía por este gobierno. Los gobiernos neoliberales siempre recortan primero en cultura y en educación. Ya tenemos un sexto sentido para detectar lo que se viene".

Florencia Percia, que debuta en la dirección de largometrajes con Cetáceos, una comedia refinada e inteligente que coquetea con la aventura, hace hincapié en el nuevo régimen de fomento en estudio "habla de películas de «audiencia masiva» y «audiencia media», lo que revela un enfoque del cine desde el punto de vista del mercado, una idea quetermina excluyendo a todas las películas que están acá en el Bafici, las que buscan tener una mirada distinta, hacer un trabajo de renovación de la imagen. Si no sumás puntos para entrar en esas categorías, quedás afuera de los subsidios. Es decir, si te programan en el Festival de Mar del Plata sumás puntos, pero si estás en el Bafici no. Eso propicia que muchos directores dejen de elegir a un festival tan reconocido como éste como espacio de exhibición".

Más experimentado, Rodrigo Moreno, director de elogiadas películas como El custodio y Un mundo misterioso -que presenta Una ciudad de provincia- sostiene que "el cambio del director del Incaa fue extraño, impulsado por una operación mediática armada por gente que habla de un tema que desconoce y habilita una discusión inútil: la idea de que se financian películas que llevan pocos espectadores. A mí me parece que no está muy claro qué quiere hacer el gobierno con el cine. Las explicaciones de Marcos Peña y Pablo Avelluto son insuficientes. Y me preocupa el tema de la Cinemateca, cuya creación quizás sea el mayor logro de la actual gestión. Pero también digo que hay que abrir una discusión más amplia. Yo no puedo estar peleando por lo mismo que Patagonik y productores que históricamente hicieron negocios con los subsidios del Incaa. Cuando planteás eso te dicen que hay una pelea más grande, que quieren tocar el fondo de fomento y que hay que enfocarse en eso. Es un error. Porque no hay un después, el momento es ahora, que se abrió esta discusión a la opinión pública. Los que hacemos cine por fuera del Incaa, o fuera de las instancias industrialistas, tenemos que revisar nuestra posición. La ley de cine tiene un espíritu puramente industrial. También hay que discutir eso y evitar los automatismos".

Alejo Moguillansky, otro director con trayectoria que presenta en Bafici La vendedora de fósforos, aclara que "si bien nosotros no formamos parte de la industria porque producimos nuestras películas de otro modo, somos parte del cine argentino y sentimos la misma preocupación que nuestros colegas. Acompañamos este reclamo porque nos parece legítimo. También tenemos muchísimos otros que le fuimos planteando al Incaa en los últimos años, en torno a los criterios de financiación que utiliza, que nunca nos parecieron justos ni acertados".

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