Macri, abierto al mundo

24 de abril de 2017  

La diplomacia presidencial de Mauricio Macri representa un cambio muy positivo respecto de la del matrimonio Kirchner, cultores de la "antidiplomacia". Sin embargo, puede ser útil compararla con la de mandatarios de la Argentina, Brasil y Chile en el presente tiempo democrático.

Es entendible que los presidentes busquen llamar la atención sobre ciertos "eventos" de su política exterior. Así, la diplomacia presidencial puede ser importante en la implementación de la política externa. Puede actuar como elemento simbólico para mostrar orientaciones y prioridades o puede ser capitalizada para arribar a acuerdos concretos con otras naciones. Pero siempre está expuesta a riesgos ligados a la exageración y la sobreactuación, y a generar expectativas que no se cumplen.

Los primeros presidentes pos-dictaduras -Alfonsín, Sarney, Aylwin- disfrutaron del prestigio de liderar las transiciones hacia la democracia. A esto, Alfonsín sumaría el prestigio de juzgar a las juntas militares. Para Alfonsín y Sarney fue difícil traducir el apoyo político internacional en apoyo económico. Pero sus diplomacias presidenciales impactaron positivamente las relaciones entre ambos países. Fernando Henrique Cardoso y Ricardo Lagos se destacaron por un estilo académico y racional. Ambos tenían prestigio en medios políticos y académicos internacionales, que combinaron con su moderación y calidez. Lagos logró firmar los ansiados tratados de libre comercio con la Unión Europea y Estados Unidos. Cardoso, en cambio, buscó respaldo para comenzar un proceso de apertura relativa y de estabilidad económica en Brasil.

Tanto Carlos Menem como Ignacio Lula da Silva tuvieron un gran impacto en su política exterior, aunque demostraron cierta sobreactuación. Menem combinó directrices claras y una personalidad cálida con posturas exageradas. Lula se convertiría en metáfora del ascenso internacional de Brasil. Trabajó para ubicar a Brasil en lo más alto de la jerarquía internacional, a veces sobreactuando y no siempre con éxito.

Al analizar la diplomacia del presidente Macri advertimos que, a nivel interno, logra comunicar la idea de la "vuelta al mundo"; en particular, la mejora de las relaciones con las potencias establecidas. Su participación en cumbres internacionales y sus viajes a otras naciones, así como las visitas de jefes de Estado y gobierno al país, así lo ilustran. A nivel externo, los resultados han sido muy positivos. Es evidente la voluntad de Macri de reunirse con diversos líderes y su éxito en relacionarse con ellos. También podemos notar un estilo distinguido y agradable, hasta cálido a veces, en el que combina temas de Estado con simpáticas referencias a su esposa, a su hija y al fútbol. Un aspecto a mejorar es el contenido de sus mensajes, que deben adaptarse a sus auditorios. Ante los cambios que está liderando, el Presidente debe sumar, a la pasión que transmite, una visión más clara del modelo de desarrollo que pretende implementar.

Debe explicar por qué valdrá la pena dar un "salto de fe" en el caso argentino, describiendo las ventajas de una situación de "alto riesgo, alto retorno". Debe convencer acerca de que esta vez será diferente en términos de estabilidad y transparencia. Por otro lado, los conceptos "pobreza cero" y "derrotar el narcotráfico" parecen exagerados en el exterior. Así, la muy positiva diplomacia de Macri puede potenciarse si evoluciona del campo de lo simbólico al de lo concreto.

Doctorado en Relaciones Internacionales, miembro del CARI

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