Macri pide hablar con los dueños

Francisco Olivera
Francisco Olivera LA NACION
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29 de abril de 2017  

Por una vez, Mauricio Macri pareció interesado en la interna de la Unión Industrial Argentina ( UIA ). Dicen en su entorno que, por ejemplo, no le gustó enterarse de que uno de los candidatos a presidirla fuera Daniel Funes de Rioja, líder de la cámara alimentaria Copal. El abogado laboralista había logrado allí muchas adhesiones, pero era resistido por referentes del grupo Industriales, la corriente más proteccionista de la central fabril. El mensaje presidencial, que fue bien concreto, llegó entonces a parte de la cúpula fabril: lo mejor sería que ungieran en el cargo a un accionista, no a un profesional. "Si van a poner otra vez a un gerente, los va a recibir Etchegoyen", transmitió Macri. Martín Etchegoyen, su secretario de Industria, trabajó hasta 2015 como director ejecutivo de la UIA y es también abogado. Los empresarios sienten que los escucha y los entiende, pero que casi el 100% de las decisiones ha vuelto a quedar en la Argentina en dos manos: las del jefe del Estado.

El debate por la conducción de la UIA se dio entonces en ese contexto. Los industriales apuraron las cosas. Muy pocos llegaron a enterarse de los antojos de Macri. (Pretensiones que coincidían, ironías del poder, con las de dirigentes de pensamiento muy lejano al suyo, como José Ignacio de Mendiguren, Juan Carlos Lascurain o Juan Carlos Sacco). Esta sorpresiva concurrencia de objetivos no hizo necesario hablar con todos: sin que muchos estuvieran al tanto, las gestiones se dieron en simultáneo y se aceleró el trámite.

Así, la semana pasada, un grupo de 17 dirigentes nucleados por Sacco le envió a Héctor Méndez, empresario del plástico y presidente de Celeste y Blanca -la otra corriente interna fabril- una carta en la que se los exhortaba a él y a Miguel Acevedo, accionista y director de Aceitera General Deheza, a ponerse de acuerdo. Dada la situación del país, decía el texto, uno de los dos debe conducir la UIA. Así lo hicieron ambos en un encuentro en la casa de Méndez. "A mí no me da el físico y vos tenés las condiciones para ser", saldó el anfitrión.

Los astros se estaban alineando como quería Macri. El lunes pasado, en la comida del Cippec, Francisco Cabrera, ministro de Producción, le transmitió a Funes de Rioja una propuesta de la Casa Rosada: que representara al sector productivo en la reunión del Grupo de los 20 que se hará aquí el año próximo. Al día siguiente, el líder de Copal habló por teléfono con Macri y aceptó la oferta mientras, en un almuerzo en la sede de la cámara de laboratorios Cilfa, Méndez les transmitía a sus pares de Celeste y Blanca el consenso recabado en el sector industrial: era necesario designar a Acevedo, que estaba dispuesto a asumir. Horas después, en la reunión de junta directiva, la UIA lo eligió candidato de unidad.

Hay un Macri más directo, tal vez más parecido a sí mismo, luego de algunos hechos políticos significativos para su cosmovisión. Fue un proceso largo, suele admitir él en la intimidad, que empezó con pruebas y errores durante unos seis meses el año pasado, hasta llegar en las últimas semanas a una concatenación positiva que le ha devuelto la confianza: las grietas internas en la marcha sindical del 7 de marzo, el respaldo al Gobierno en Plaza de Mayo el 1° de abril, las decrecientes adhesiones a las huelgas de los maestros y, lo más relevante, la eficaz represión del piquete en la Panamericana el mismo día del paro de la CGT, que el propio Presidente le ordenó a la ministra Patricia Bullrich. Aquel despeje callejero y sus repercusiones lo terminaron de convencer del camino elegido. Tanto, que desde entonces le exige respuestas similares al jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta.

Es inevitable que ese estado de ánimo se trasluzca en todos sus movimientos. Será difícil, por ejemplo, desligarlo de la determinación con que Daniel Angelici y Hugo Moyano, sus aliados, dirimieron en la AFA la interna con Marcelo Tinelli y Rodolfo D'Onofrio, o del modo en que el Gobierno trata ahora con sindicalistas y empresarios. Osvaldo Cornide, histórico líder de CAME, cámara que reúne a pymes, tuvo que resignar la conducción de esa entidad después de un llamado de Cabrera. "Es necesario que des un paso al costado", le dijo el ministro. CAME decidió entonces cambiar su estatuto: designó la semana pasada como nuevo líder a Fabián Tarrío, un comerciante que dirige la Federación de Centros Comerciales a Cielo Abierto, Cascos Urbanos y Centros Históricos, y apaciguó a Cornide con el cargo de presidente honorífico.

Macri analiza estas modificaciones a través del prisma de un slogan, la necesidad de que la Argentina se renueve cultural y generacionalmente, y eso explica también el recrudecimiento en su discurso electoral: le habla al 50% que cree que lo puede votar. Al entusiasmo contribuyen también datos que acaban de llegarle del equipo económico: después de los malos resultados de febrero, marzo y abril asoman con un repunte de actividad interanual, algo natural porque se compara con un 2016 muy pobre, pero también positivo si se contrasta con el comienzo del año.

Son signos que pueden resultar alentadores para un político en campaña, pero que de nada servirán si la Argentina vuelve a quedarse en la euforia de la recuperación, sin reformas que consoliden un salto de productividad y que permitan el regreso de la inversión. "Paolo Rocca al final lo entendió", se jactan en el oficialismo, donde celebran haber convencido al dueño de Techint de aceptar los aumentos en el gas que consume sin el congelamiento tarifario que reclamaba para la industria, a cambio de recibir, como productor, un mayor precio mayorista (7,50 dólares por millón de BTU) para extraerlo en Vaca Muerta. Puede ser un primer paso, pero habrá inversores más reticentes. Al estar de ambos lados del mostrador, de petrolero y de usuario, Rocca puede conformarse por un tiempo con garantizarse a sí mismo el gas que produce, una situación que vive también Dow, otra de las corporaciones que anunció esta semana desembolsos en el recurso neuquino.

Es cierto que el magro primer trimestre lleva al oficialismo a envalentonarse ahora ante el despeje de ciertos nubarrones y la aparición de señales de respaldo. El apoyo explícito que acaba de hacer Luis Pagani, dueño de Arcor, por ejemplo, o la visita de Carlos Slim, que llegará al país dentro de dos semanas. Son gestos de coincidencia en el rumbo que el entorno presidencial interpreta como el comienzo de un círculo virtuoso: los hombres de negocios han comprendido por fin la lógica del cambio.

No debería sorprender que esta nueva atmósfera haya reconfigurado también esa mesa chica: María Eugenia Vidal, Rodríguez Larreta y Marcos Peña han vuelto a ubicarse en el centro de gravedad. El poder político tiene también sus accionistas y sus gerentes. Este viejo concepto, adquirido y metafórico en todos los presidentes de la historia, en Macri se vuelve identidad.

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