Así terminó El Comandante, la serie sobre la vida de Hugo Chávez

La ficción sobre el presidente venezolano cerró su historia con sabor a poco
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5 de mayo de 2017  • 03:32

Mucho se habló hace unos meses sobre la llegada de El comandante, la ficción que retrataría la vida de Hugo Chávez desde su infancia hasta su final, reflejando luces y sombras del hombre que cambió el mapa político de Venezuela. Y justamente con el episodio de su muerte culminó esta historia que se prolongó a lo largo de 63 capítulos.

“Estoy en la cárcel por twittear contra el gobierno”

Desde su comienzo la serie tuvo un discurso político claro centrado en el cuestionar a la figura de Chávez. No hay que olvidar que detrás de los guiones se encontró el periodista venezolano Moisés Naím, un histórico detractor del ex presidente. A veces con finas pinceladas y otras con trazos grueso, El comandante fijó posición en todo momento a pesar de no ahorrar en mostrar el lado más carismático que tanto caracterizó al dirigente. Y aquí es imposible no mencionar el trabajo de Andrés Parra , el actor que debió construir el complejo retrato de Chávez.

Las comparaciones son inevitables y es imposible no mencionar que Parra no pudo darle a esta caracterización el gancho que sí consiguió con su reconstrucción de Pablo Escobar para la serie El patrón del mal (aunque esa falta de gancho en muchos sentidos no tuvo que ver necesariamente con el desempeño del actor, sino más bien con la solidez de los libretos).

El comandante narró una historia cercana a nuestro tiempo, y careció de cualquier tipo de la idealización que muchos sí leyeron en la reconstrucción en la vida de Escobar. Claro que si bien ambos son personajes muy distintos, los une indefectiblemente el trabajo del actor que los encarnó, aunque es indudable que la serie del zar de la droga, mucho más efectiva y redonda, cosechó un éxito que El comandante no pudo conseguir. Claro que el desafío de esta ficción era complejo principalmente porque su objetivo era retratar la vida de un líder político que contó (y cuenta) con tantos adeptos como detractores, y en ese sentido la serie debió tomar partido.

En la primera escena de su último episodio, la acción comienza en una cárcel donde allí una reclusa confiesa estar presa por twittear contra el gobierno, una simple línea de diálogo que refleja cuál fue la postura de la ficción a lo largo de toda la serie, un ingrediente necesario para saber desde dónde se contó la historia en pos de no construir un retrato ni tibio ni políticamente correcto y, en ese sentido, el trabajo de Naím fue ideológicamente honesto con su línea de pensamiento.

“Primero Dios y después Chávez”

Y sobre el final, frente a un altar casero con fotos del mandatario, una mujer dice esa frase que también refleja la importancia que la serie entiende que Chávez tuvo para un gran sector del pueblo venezolano. No es una momento retratado en tono burlón ni caricaturesco (algo que se podía esperar de un guionista que no coincidió con ese movimiento político), sino que simplemente refleja un sentimiento colectivo que es imprescindible para dimensionar el fenómeno que ese mandatario generó en su país. Pero, con respecto a la serie, el final se antoja algo deslucido.

El episodio de cierre se centró principalmente, no en el legado de Chávez a largo plazo, sino en cómo fueron sus últimos años y cómo se paró ante su pueblo en las etapas decisivas de su enfermedad. De esa manera se convierte en el mejor segmento del capítulo final, ése en el que Chávez da un breve discurso ante la prensa informando que seguirá peleando contra su enfermedad, en un momento en el que se lo nota levemente quebrado, y en una escena que demuestra lo grande que puede ser la interpretación de Parra reflejando un costado de Chávez que la serie prácticamente no mostró a lo largo de todo su recorrido.

Así es como la historia culmina con un análisis sobre de qué forma la muerte del presidente afectó a periodistas, políticos e incluso a figuras de coyuntura política como el propio Fidel Castro, que recibió en Cuba al venezolano para que allí se someta a una operación con el objetivo de salvar su vida.

Con la ficción terminada, de El comandante puede decirse que fue una serie que no logró levantar la polvareda que muchos esperaron (no hay que olvidar que por su tono crítico fue prohibida en Venezuela). A pesar de no poder considerarlo un productor totalmente fallida, es indudable que la historia cerró sus puertas dejando a sus espectadores con la sensación de que algo faltó, y que más allá del estupendo trabajo de Parra (que de momento seguirá asociado a Escobar), la historia no pudo sostener con fuerza su premisa y terminó perdiendo la brújula en la búsqueda de representar a una figura que, al menos de momento, sigue siendo demasiado grande para la pantalla chica.

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