Cómo un video de 2011 cambió para siempre el mundo de las prótesis de manos y pies

Partes para armar prótesis de manos, en el Manotón que se hizo en la Argentina en 2016
Partes para armar prótesis de manos, en el Manotón que se hizo en la Argentina en 2016 Fuente: LA NACION
Una mano mecánica artesanal, Internet, las impresoras 3D y la buena voluntad de muchísima gente dispararon una revolución
Ian Birrell
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7 de mayo de 2017  • 00:48

John Nhial era casi un adolescente cuando fue captado por la guerrilla de Sudán y obligado a convertirse en soldado. Tuvo que soportar semanas de caminatas con muy poca comida y agua; algunos de sus compañeros cautivos fallecieron a causa de eso. Otros cuatro fueron asesinados una noche en un ataque salvaje. Luego, los adolescentes recibieron entrenamiento militar que incluyó "correr hasta diez kilómetros en época de calor y ocultarse" antes de que les dieran armas y los enviaran a luchar contra "los árabes".

Estuvo luchando durante cuatro años, bajo las bombas que caían del cielo y disparando armas que eran demasiado pesadas para sostener en la lucha contra un enemigo que, en ocasiones, se encontraba a menos de un kilómetro de distancia. "Pienso: 'Si mato a este, es un ser humano como yo', pero estás obligado a hacerlo", dijo. Un día, sucedió lo inevitable: Nhial (no es su nombre real) resultó herido al pisar una mina mientras realizaba su patrulla, a la mañana temprano, con otros dos soldados en una zona del estado de Nilo Superior rodeada por sus enemigos.

"La pisé y explotó", recuerda. "Me levantó y luego caí; y después me encontré buscando mi pie. Intenté buscar mi pierna y descubrí que no había pie. Cuando vi que no había pie, entré en shock. Estaba verdaderamente confundido. Si yo no hubiera estado con los otros dos, me habría suicidado porque pensé que nada tenía sentido para mí, así que decidiría morir".

Sus camaradas lo llevaron hasta el campamento base, pero casi no había atención médica allí. Pasaron 25 días antes de que pudiera recibir un tratamiento adecuado; durante ese tiempo, contrajo tétano en un costado de su cuerpo. Finalmente, enviaron a Nhial hasta la frontera con Kenia en avión; un equipo de la Cruz Roja lo atendió y salvó su vida. Ahora, una década después, vive en un campo de refugiados de Yuba y sufrió más problemas debido a un torbellino de conflictos que ha azotado a la nueva y agitada nación de Sudán del Sur.

Durante un estallido de violencia, él fue llevado con otro Nuer (el segundo grupo étnico más grande del país) hasta una barraca militar. Le perdonaron la vida cuando lo descartaron por "inútil" debido a su discapacidad. En la actualidad, juega básquetbol en silla de ruedas para su país, aunque depende de una prótesis para la pierna, más corta, para abrirse paso por el enorme y lodoso campamento, donde hay que realizar largas caminatas para llegar hasta los servicios más básicos. Puede ser difícil lograr un entrenamiento. Pero al menos sus manos están libres para transportar cosas como alimentos y agua, a diferencia de quienes usan muletas.

La experiencia de Gino Tubaro en la Argentina

La impresión 3D al servicio de los más chicos

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Mary Lam (no es su nombre real), de 34 años, quien contrajo poliomielitis cuando era niña y en la actualidad trabaja como supervisora en un restaurante en la capital, Yuba, explicó cómo fue crecer dependiendo de varas de bambú para desplazarse con la pierna en mal estado. Se levantaba mucho más temprano que sus hermanos ya que le tomaba una hora llegar a clase y ellos podían hacerlo más rápidamente. "Era difícil ir a la escuela con mi libro de ejercicios, a menos que lo atara a mi espalda, como si fuera un bebé", dijo. Y eso limitó el uso de los brazos también. "Cuando usas las dos manos para el bambú no puedes hacer las tareas domésticas".

Las historias de vidas devastadas por los conflictos o las enfermedades son demasiado comunes en los países con bajos ingresos. La falta de un brazo o de una pierna puede ser difícil en todos lados, pero para las personas que viven en las partes más pobres del planeta, con tanto menos respaldo e infraestructura más desvencijada, esto es especialmente complicado. Algunas son víctimas de conflictos, otras nacieron con enfermedades congénitas. Muchas personas más sufren heridas en las rutas; el número de víctimas está aumentando en las naciones con bajos ingresos y está disminuyendo en las más ricas. En el mundo, 20 personas resultan gravemente heridas cada minuto en accidentes viales. En Kenia, la mitad de los pacientes en el sector de cirugía llegan con heridas ocasionadas por accidentes en las rutas.

30 millones de prótesis

La Organización Mundial de la Salud estima que hay alrededor de 30 millones de personas como Nhial y Lam que necesitan prótesis para sus extremidades, rodilleras u otros dispositivos para su movilidad. Esto puede ser simple de hacer y también barato. Tal como me dijo un veterano que se dedica a las prótesis, su especialidad se encuentra entre las áreas de la medicina más instantáneamente gratificantes. "Un paciente llega el lunes con muletas que no le permiten llevar nada más. Para el miércoles, está caminando con una pierna nueva y el viernes su vida ya se ha transformado".

Maxence Contegal es un niño francés que recibió una prótesis para su brazo hecha con una impresora 3D
Maxence Contegal es un niño francés que recibió una prótesis para su brazo hecha con una impresora 3D Fuente: AFP

Sin embargo, más de ocho de diez de estas personas que necesitan dispositivos para poder movilizarse no los tiene. Producirlas y colocarlas lleva mucho trabajo y requiere de mucha experiencia y la OMS dice que hay apenas 40.000 especialistas en prótesis entrenados en los países más pobres. También hay que considerar el tiempo y el costo para los pacientes, quienes pueden tener que viajar largas distancias para recibir el tratamiento, que puede durar cinco días (evaluar la necesidad, producir la prótesis y colocarla en lo que queda de la extremidad). El resultado es que los elementos menos glamorosos, como las rodilleras o las extremidades artificiales, están entre los dispositivos que más se necesitan. No obstante, al igual que en tantas otras áreas, la tecnología puede lanzarse al rescate; en esta ocasión, bajo la forma de una impresión en 3D.

Lentamente, pero a paso seguro, la impresión en 3D (conocida como fabricación aditiva) ha estado revolucionando aspectos de la medicina desde comienzos del siglo de la misma manera que ha tenido impacto en tantas otras industrias, desde los automóviles hasta la vestimenta. Quizás esto no sea sorprendente, dado que su beneficio clave es permitir la creación rápida y eficiente, desde el punto de vista del costo, de productos hechos a medida. Después de todo, hay pocos productos comerciales que tienen que adaptarse a una más amplia variedad de formas y tamaños que los dispositivos médicos para los seres humanos.

Los expertos han desarrollado piel en 3D para las víctimas de quemaduras, férulas para las vías respiratorias de los niños, partes para la reconstrucción facial en pacientes con cáncer, implantes ortopédicos para jubilados. La tecnología, que se desarrolla rápidamente, ha permitido la producción en masa de más de 60 millones de audífonos y moldes personalizados para la audición, a la vez que diariamente produce miles de coronas dentales y puentes a partir de escaneos digitales de los dientes, lo que confronta con los tradicionales métodos de modelado en cera que se han utilizado durante siglos. Las cirugías de mandíbula y las operaciones para reemplazar la rodilla también se realizan rutinariamente usando guías quirúrgicas impresas en las máquinas.

De modo que no causa sorpresa alguna que la tecnología haya comenzado a despertar interés en el ámbito de las prótesis (aun cuando, en ocasiones, haya sido por accidente). Ivan Owen es un artista estadounidense a quien le agrada fabricar "aparatos extraños, como los que crean los nerds" para utilizar en películas con títeres y de terror de bajo presupuesto. En 2011, creó una mano mecánica de metal simple para una convención retrofuturista, con dedos espigados. Él publicó un video que (en nuestro interconectado mundo) fue visto por un carpintero de Sudáfrica que acababa de perder cuatro dedos en un accidente con la sierra circular. Ellos comenzaron a debatir sobre planes para desarrollar un prototipo de prótesis de mano y pronto eso llamó la atención de la madre de un niño de cinco años llamado Liam, que había nacido sin dedos en la mano derecha.

El video original de 2011

Ella deseaba contar con una versión pequeña de esa mano. Pero Owen se dio cuenta de que el niño crecería rápidamente y cualquier cosa que fabricaran le quedaría chica; así que recurrió a la idea de la impresión en 3D. "Si podíamos desarrollar un diseño que se pudiera imprimir, se podría volver a crear en escala e imprimir ese diseño a medida que Liam creciera; lo que esencialmente sería lograr que su dispositivo creciera con él", dijo. Entonces, el artista persuadió a un fabricante de impresoras para que donara dos máquinas y desarrolló lo que se ha considerado como la primera mano mecánica impresa en 3D. Y, de manera crucial, en vez de patentar este trabajo, Owen decidió publicar los archivos en un código abierto para que cualquiera pudiera tener acceso a ellos, permitiendo de este modo que otras personas colaboraran, y pudieran usar la mano y mejorar los diseños.

Esto creció hasta convertirse en Enabling the Future, una comunidad con 7000 miembros en docenas de países y acceso a 2000 impresoras, que ayudan a fabricar brazos y manos para quienes los necesitan. Un estudiante de una escuela de California incluso imprimió una mano nueva para una maestra local. Con frecuencia, las prótesis están destinadas a los niños, ya que a muchos les desagrada el peso, la apariencia y las molestias que ocasionan las prótesis modernas, lo que puede implicar insertar el brazo en una manga de silicona y usar correas en la espalda para sostener el dispositivo en su lugar. Estas manos que funcionan con el movimiento del cuerpo cuestan mucho dinero, y deben ser reemplazadas cada dos años, a medida que el niño crece. Las versiones impresas en 3D cuestan alrededor de 50 dólares, vienen en todos los colores y se parecen a un alegre juguete; de modo que con frecuencia son más atractivas, aunque menos sofisticadas.

Jorge Zuniga, un científico investigador de Biomechanics Research Building, en la Universidad de Nebraska, en Omaha, se enteró de este proyecto escuchando la radio de su auto. Solo escuchó la mitad de lo que habían dicho pero, al llegar a su casa, comenzó a jugar al béisbol con su hijo de cuatro años y observó cuán importante era para el desarrollo de su propio hijo poder tomar un objeto. Pasó el siguiente mes construyendo cuidadosamente un modelo de prótesis que imitaba la mano humana; pero su trabajo fue rechazado instantáneamente por su hijo. "Él me dijo que los niños querían una mano que se pareciera a un robot".

Veronica, una de las chicas que usa una prótesis de Enabling The Future
Veronica, una de las chicas que usa una prótesis de Enabling The Future Crédito: Gentileza Enabling The Future

A partir de esta conversación y de los diseños de fuente abierta disponibles surgió Cyborg Beast, un proyecto que fue muy apoyado por su departamento científico y cuyo objetivo fue desarrollar prótesis de mano de bajo costo y con apariencia futurista. "Podés hacer cualquier cosa con la impresión en 3D", señaló Zuniga, quien ahora dirige un equipo formado por siete personas. "Creemos que revolucionará el ambiente de las prótesis. Hará que se reduzcan los costos en todo el mundo y dará a ingenieros, pacientes y médicos la oportunidad de modificar las prótesis de mano como deseen. Y pueden hacerse en cualquier color".

Una mano que parezca un juguete

Cuando le dije a Zuniga, algo dubitativo, que este diseño se parecía a un juguete, a él le encantó. "Eso es genial; queremos que los niños lo vean como un juguete", dijo. "Este es un dispositivo de transición. A muchos niños no les agradan las prótesis, independientemente de lo buenas que sean en la actualidad, porque podrían tener un gancho como mano y se debe contar con ayuda para colocar el arnés, lo que a los niños no les gusta. Así que esto es para acercar posiciones; los ayuda a acostumbrarse a la idea a medida que crecen".

"Incluso tuvimos un niño que había perdido el hombro. Así que desarrollamos un dispositivo que pesa lo mismo que el brazo que le faltaba. Esto significó no solo que tuvo un brazo nuevo que lo ayudó en su vida diaria, sino que también mejoró su postura y equilibrio; en consecuencia, fue mucho mejor para su columna vertebral. Esta clase de cosas se pueden hacer mucho más fácilmente con la tecnología en 3D. Pero, por supuesto, la diferencia entre un juguete y una prótesis de brazo es que se necesita de un profesional para mejorar el uso de los dispositivos y garantizar que se están colocando de manera adecuada".

Cabe destacar que las personas que ni siquiera tienen una impresora pueden obtener una mano para niños que sea funcional por el precio de una entrada al teatro, y en 24 horas (en EE.UU.). Zuniga dice que al menos 500 Cyborg Beasts se están utilizando en todo el mundo y el diseño ha sido descargado casi 50.000 veces. Él lo ha llevado a su Chile natal, donde posee un laboratorio para imprimir prótesis pediátricas en 3D y, recientemente, ha recibido solicitudes desde Nigeria. "Mi preocupación a esta altura es que algunos de los materiales pueden derretirse a temperaturas más elevadas. Allí todavía no está funcionando bien, pero esta clase de prótesis tienen un enorme potencial para poder usarlas con mejores materiales en el mundo en desarrollo. Pero todavía estamos en la etapa infantil en este momento".

Otro sitio en el que se ha experimentado con esta tecnología es en la cruel y olvidada guerra que afecta las montañas Nuba en Sudán, donde un increíble estadounidense llamado Tom Catena ha estado trabajando como único médico permanente para medio millón de personas en el hospital Madre de la Misericordia. Impulsado por su fe religiosa, durante casi una década, este valiente médico ha hecho caso omiso a los bombardeos, la falta de electricidad y la escasez de agua para hacer de todo, desde partos hasta amputaciones de extremidades.

"Es desmoralizante para nosotros amputar un brazo sabiendo que no hay una buena solución", dijo Catena mediante un mensaje de correo electrónico. "Tenemos mucha gente con brazos amputados, tanto arriba como abajo del codo, como resultado de la guerra que hay aquí y la falta de asistencia médica general. Esta es una sociedad agrícola, donde prácticamente todos son granjeros que trabajan para subsistir. Si alguien pierde un brazo, no es muy funcional para esta sociedad. Se convierte en alguien totalmente dependiente de la familia y además tiene dificultades para casarse (lo que también es muy importante en esta sociedad)".

Faith Lennox con la prótesis hecha con una impresora 3D, en 2015
Faith Lennox con la prótesis hecha con una impresora 3D, en 2015 Fuente: Archivo

La idea de utilizar la impresión en 3D para ayudar surgió cuando Mick Ebeling, un productor de películas estadounidense y filántropo, se enteró sobre este trabajo al mismo tiempo que escuchaba sobre las prótesis de mano a bajo precio. Al buscar información sobre Catena, Ebeling leyó sobre uno de sus pacientes: Daniel Omar, un niño de 12 años que había rodeado un árbol con los brazos para protegerse durante un ataque aéreo. Su rostro y su cuerpo quedaron protegidos cuando una bomba explotó cerca, pero perdió los dos brazos.

Ebeling viajó con impresoras y, trabajando en conjunto con el plantel del hospital, colocó alrededor de una docena de brazos nuevos. "Lamentablemente, a medida que transcurrió el tiempo, ninguno de los amputados continuó usando la prótesis porque sintieron que eran demasiado incómodo", dijo Catena. El médico llegó a la conclusión de que "el modelo en 3D era bueno, bastante fácil de hacer y barato. aunque no había funcionado tan bien allí; quizás con algunas modificaciones, las impresoras en 3D podían ser de gran uso para el caso de las amputaciones de brazos".

A pesar de todo el dolor y las dificultades asociadas con la pérdida de un brazo, el problema mayor en los países con bajos ingresos es cuando la discapacidad ocasionada por una extremidad inferior lleva a la pérdida de la movilidad. Las sillas de ruedas son caras y pueden ser difíciles de utilizar cuando los caminos tienen baches, las calles tienen barro y no existen veredas. Sin una prótesis, las personas deben hacer grandes esfuerzos para conseguir agua, preparar comida y, sobre todo, trabajar. Esto hace que dependan de su familia y de su comunidad, e intensifica todas las dificultades, y también la pobreza.

Un equipo que ha pasado casi tres décadas intentando abordar estos temas es Exceed, un grupo británico dedicado a la caridad, fundado por diplomáticos y académicos a pedido del gobierno de Camboya para ayudar a miles de sobrevivientes de las minas terrestres. Funciona en cinco países de Asia y se dedica a entrenar personas en el campo de las prótesis y de la ortopedia. En Camboya, todavía hay casi 9000 sobrevivientes de minas terrestres que necesitan extremidades artificiales, aunque por estos días los accidentes de tránsito son la causa más probable de discapacidad, mientras que los niños también necesitan rodilleras para una variedad de afecciones comunes como la espina bífida, parálisis cerebral y poliomielitis.

"Si usas una prótesis, estás discapacitado por alrededor de diez minutos a la mañana, mientras te duchas, luego te colocas la pierna y vas a trabajar. Si no la tienes, entonces tienes inutilizadas las manos por las muletas así que ni siquiera puedes llevar una bebida a la mesa", dijo Carson Harte, un profesional de las prótesis de 59 años, quien además es el jefe ejecutivo de Exceed. "Sin una prótesis, no hay expectativas. Simplemente regresas y dependes de la buena voluntad de tu familia".

No es realmente la escasez de dinero en efectivo lo que hace que estas personas no puedan tener una prótesis, ya que las formas simplificadas cuestan poco y los modelos genéricos chinos están mejorando rápidamente. Los componentes pueden costar solo 30 libras esterlinas. El mayor obstáculo es la falta de técnicos entrenados para colocar extremidades artificiales. En las Filipinas, se estima que hay 2 millones de personas que necesitan prótesis u ortopedia. Sin embargo, hay solo nueve expertos bien entrenados, cada uno de los cuales puede atender como mucho 400 pacientes por año, considerando el extenso proceso de crear y colocar una extremidad hecha a medida, aunque hay más expertos entrenándose en un nuevo curso de cuatro años de duración.

Hechas a medida

Tradicionalmente, un médico que coloca prótesis fija un muñón con yeso de tipo París para hacer un molde invertido, dejarlo secar y luego llenarlo con más yeso y permitir que se endurezca. A partir de esto, se puede hacer un encaje que se adapte, con más modificaciones para lograr la precisión, al hueso en el muñón. Se debe tener mucho cuidado de evitar las áreas sensibles y de nervios que no toleran presión. La clave para el técnico es comprender la patología del muñón, que difiere en cada persona. Este es un proceso incómodo que puede llevar una semana; en especial, el entrenamiento para caminar en el caso de pacientes nuevos dura tres días. También puede ser un trabajo difícil mezclar y moldear el yeso, además de visitar las áreas rurales transportando paquetes de yeso de alrededor de 20 kilogramos. Pero con un escáner en 3D, se puede hacer una imagen en 3D en media hora y se la puede enviar por correo electrónico sin inconvenientes.

Exceed ha comenzado un estudio de siete meses sobre dispositivos impresos en 3D en Camboya con Nia Technologies, una innovadora organización canadiense sin fines de lucro. "Esta tecnología tiene el potencial de aumentar la productividad de todos los técnicos", dijo Harte. "No se trata de imprimir piernas, ni reemplaza las habilidades de un profesional bien entrenado, pero tiene el potencial de producir una manera de hacer una parte clave de la cadena de mejor forma, más rápidamente y más fácilmente de replicar. No existe la panacea, pero este puede ser un cambio gradual importante".

"La clave para el éxito, hasta el momento, ha sido la 'fertilización cruzada': colocar juntos a ingenieros y especialistas en prótesis. Los ingenieros hacen amplias conjeturas que no siempre son correctas; los especialistas en prótesis no siempre saben lo que los ingenieros pueden hacer. Juntos, hemos logrado más avances en pocos meses que lo que se ha conseguido en años, solucionando nuestros problemas reales en tiempo real a través de la colaboración".

Nia también está realizando pruebas con su tecnología PrintAbility en 3D en Tanzania y Uganda, donde hay solamente 12 especialistas en prótesis para una población de alrededor de 40 millones de personas (y, al momento de escribir este artículo, las seis clínicas estatales se habían quedado sin materiales). Los médicos del lugar, con frecuencia, atienden a niños que han perdido las extremidades tras caerse en fogatas donde se cocina al aire libre, mientras que otros jóvenes necesitan rodilleras por haber sufrido parálisis luego de la incorrecta aplicación de una inyección, que dañó los nervios.

En Uganda, su equipo está trabajando con el hospital CoRSU, en Kisubi, un centro de rehabilitación que se especializa en niños con discapacidades. El técnico en ortopedia Moses Kaweesa dijo que descubrieron que la tecnología era más liviana y rápida para usar, y también más fácil para las personas de las remotas áreas rurales. "Solía llevar cinco días fabricar una extremidad, y el paciente tenía que esperar mucho. Ahora, se tarda apenas dos días, así que pasan mucho menos tiempo en el hospital. Asimismo, se pierde menos material, de modo que, para un país como el nuestro, esto puede ser de gran ayuda ya que se pueden rebajar los costos".

Una paciente en el hospital CoRSU, en Uganda
Una paciente en el hospital CoRSU, en Uganda Crédito: Niatech.org

La primera persona que probó un dispositivo en 3D para la movilidad fue una niña de cuatro años quien, hasta entonces, se había arrastrado por el piso y a la que su familia debía transportar. "Cuando nació, a su pierna le faltaba el pie derecho", señaló su hermano mayor. "Para ella era muy difícil caminar y jugar con otros niños. Se aislaba. Pero cuando recibió la pierna, pudo correr y jugar con otros niños".

Matt Ratto, el jefe del departamento científico de Nia, quien dirigió el desarrollo del proyecto, admitió que recién cuando vio caminar a la niña seria, de vestido rojo, se dio cuenta de que su tecnología verdaderamente había funcionado. Pero, al igual que Harte, pide precaución. "Estamos rodeados por el frenesí de la impresión en 3D y se hacen declaraciones alocadas y ridículas", señaló. "Debemos ser cautos. Muchas de estas tecnologías fracasan no por razones de la ingeniería sino porque no están diseñadas para el mundo en desarrollo".

"Mucho de lo que estamos hacienda es innovación social. La gente piensa que amenazas con reemplazar a los especialistas en prótesis, lo cual es un problema porque ellos pueden dudar respecto de adoptarla de igual manera que en el mundo en desarrollo. Estamos tratando de desarrollar un puente entre el Norte y el Sur pero tenemos que trabajar con la gente del lugar para capacitarlos. Ellos son los expertos; y ellos están muy interesados en hacer lo que puedan para lograr que los niños caminen".

El propósito de Ratto es usar la tecnología con el fin de colocar dispositivos para la movilidad impresos en 3D en 8000 personas en cinco años, en alrededor de 20 lugares de países con bajos ingresos. "Si esto sale bien, creo que el crecimiento puede ser exponencial. Si sobrepasamos los obstáculos y descubrimos la mejor manera de ayudar a los médicos, creo que veremos una curva similar a la de un palo de hockey en la gráfica. Pero no debemos equivocarnos; tampoco debemos movernos demasiado rápidamente ni exagerar el potencial".

Una persona que comparte la fe de Ratto en esta tecnología es Claudine Humure, de 24 años, quien vive en Ruanda y tiene grandes ambiciones. La encontré un gélido día de noviembre (en el hemisferio norte), en Wheaton College, en Norton, Massachusetts. Ella perdió a sus padres en el genocidio, y entonces, a los 12 años, mientras vivía en un orfanato, padeció un terrible dolor en la pierna derecha que resultó ser cáncer de huesos. "Pensé que iba a morir cuando los médicos me lo dijeron porque eso era todo lo que sabía sobre el cáncer. Pensé que ese era mi destino", dijo ella. "Después, dijeron que tenían que amputar mi pierna al día siguiente. Yo lloraba mucho. Odiaba a los médicos que me estaban dando la noticia ya que todo estaba sucediendo tan rápidamente".

Luego de la cirugía, una obra benéfica estadounidense trasladó a Humure en avión hasta Boston para continuar el tratamiento, que incluía quimioterapia y cirugía para preparar la pierna para recibir una prótesis. Ella pasó casi un año recuperándose antes de regresar a Ruanda con una pierna artificial. Pero cuando se rompió, luchó para conseguir una nueva y vio las deficiencias respecto de lo que se podía obtener en los países con bajos ingresos. "Yo había visto lo que se podía hacer. Una buena prótesis encaja bien y es cómoda. Puedes hacer cualquier cosa, te sientes normal".

Ahora, esta afable mujer está de regreso en Estados Unidos, estudia biología y negocios en una prestigiosa universidad. Ella redactó su proyecto para la escuela secundaria sobre el diseño de prótesis para las extremidades y ha sido voluntaria en el hospital Spaulding Rehabilitation de Boston, donde compartió tiempo con víctimas que resultaron heridas por las bombas en el maratón del año 2013. "Ellos eran muy nuevos respecto de la idea de perder una extremidad, así que fue muy traumático para ellos. Se podía ver que estaban aterrados porque todo fue muy repentino. Espero haber sido una influencia positiva, una inspiración para no perder las esperanzas".

Y lo que es más significativo, Humure obtuvo una pasantía para realizar investigaciones biomecatrónicas en el Laboratorio de Medios del Instituto de Tecnología de Massachusetts. Allí conoció a Hugh Herr, un pionero en el ámbito de las prótesis. Él perdió ambas piernas después de quedar atrapado durante tres noches en una tormenta de nieve mientras escalaba; luego, diseñó un pie artificial con punta de titanio para poder regresar a sus amadas montañas. Y ella también se encontró con la impresión en 3D por primera vez. "Esto te cambia la vida", señaló. "Abrí los ojos. Vi todas estas investigaciones de vanguardia; tenemos tan malas prótesis en Ruanda. miré mi propia prótesis de la pierna y comencé a pensar".

Hugh Herr recibió el premio Príncipe de Asturias por su labor en desarrollo de prótesis
Hugh Herr recibió el premio Príncipe de Asturias por su labor en desarrollo de prótesis Fuente: Archivo

Ahora sueña con abrir una clínica de la especialidad, primero en Ruanda, luego en el resto de África. Y está diseñando un muñón para prótesis de extremidades destinado a personas con amputaciones de pierna arriba de la rodilla en países con bajos ingresos. "Estoy haciendo un muñón más liviano, más fácil de usar y más barato de fabricar. Pero lo que hace que el diseño sea especial es que quien lo use podrá ajustarlo para hacerlo más cómodo. En los países en desarrollo, la gente simplemente no tiene tiempo de viajar a la clínica".

Humure cree que esos avances pueden cambiar el mundo de millones de personas como ella. "Puedes tener una discapacidad y aun así ser exitoso. Sé que he tenido suerte de muchas maneras porque conocí a las personas correctas, pero soy positiva y esta es la actitud que quiero transmitir a otras personas amputadas y a las personas con discapacidades, en especial a los millones de personas que vivimos en países en desarrollo. Una buena prótesis no solamente ayuda con la movilidad. Te da confianza y puede cambiar tu vida. Sobre todo, te olvidas que te han amputado una extremidad".

Este artículo apareció por primera vez en Mosaic y es republicado aquí bajo licencia Creative Commons

TRADUCCIÓN DE ÁNGELA ATADÍA DE BORGHETTI

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