Ganadores y perdedores de la apertura económica

Marta Bekerman
Marta Bekerman PARA LA NACION
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14 de mayo de 2017  

El impacto de la apertura comercial y del proceso de globalización está generando una fuerte controversia a nivel internacional. Ciertos eventos recientes, como el Brexit y la asunción de Donald Trump en Estados Unidos, parecen desafiar a la ortodoxia tradicional.

Es que la apertura del comercio exterior puede generar modificaciones importantes en términos de ingresos y distribución. Por eso esa controversia no puede ser ignorada en el contexto actual de la economía argentina, donde está teniendo lugar un aumento importante de importaciones en sectores de trabajo intensivo, como calzado, textiles y productos metalúrgicos. Esta situación no puede dejar de proyectarse sobre los niveles de empleo, particularmente en el sector industrial, y sobre la situación de las pymes. A este impacto negativo sobre la industria se debe sumar su efecto multiplicador hacia otros sectores, ya que cada trabajador en el ámbito manufacturero suele generar empleos adicionales en el resto de la economía.

Esta realidad, que no es exclusiva de la Argentina, dio lugar a un embate antiglobalizador que está generando un nuevo consenso entre las elites del mundo desarrollado sobre la necesidad de brindar nuevas respuestas. Un poco tardíamente, parece empezar a reconocerse que los posibles beneficios de la globalización están siendo distribuidos en forma muy desigual. Hay ganadores y perdedores.

En el caso de los países del norte, la globalización tendió a reducir los salarios y bajar el empleo en los sectores de media y baja calificación. Por eso, Donald Trump es una figura tan popular entre los trabajadores amenazados por el comercio, la inmigración y la tecnología. En palabras del economista Dani Rodrik, la política de Estados Unidos ha devenido más proteccionista, porque la gente se volvió más proteccionista frente al estancamiento o la caída de los ingresos. Pero también en el caso de los países más pobres han tendido a aumentar las diferencias entre los perdedores y los ganadores, dejando a una masa creciente en situación de pobreza.

Una vez aceptados dentro de la teoría económica esos efectos regresivos sobre la distribución del ingreso, surgen distintas propuestas orientadas a que los ganadores pueden compensar a los perdedores y, de esa manera, salvar al proceso de globalización.

Un primer enfoque, más general, se orienta hacia profundizar la provisión de bienes públicos como educación, capacitación, seguros de desempleo o algún tipo de pensión para los perdedores.

Pero economistas como Kenneth y Slaughter plantean que las mejoras en la educación tardan mucho en generar efectos, por lo que la mejor manera de enfrentar el proteccionismo es a través de la generación de un new deal que vincule la apertura de la economía global con una substancial distribución del ingreso. Proponen lograr este objetivo a través de un sistema tributario más progresivo: eliminar las contribuciones en concepto de seguro social que pagan los trabajadores que ganan menos del ingreso promedio y elevarlo para los trabajadores de mayores ingresos.

Pero también se presentan fuertes dudas frente a ese tipo de medidas, debido a las marcadas dificultades que se plantean para su implementación. Por eso otros planteos se orientan a abandonar la protección de las industrias que están en dificultades para hacer eje en aumentar el crecimiento de los sectores que pueden tomar su lugar, especialmente de aquellos con capacidad exportadora. Es decir que, en la medida en que una región vea dificultada su capacidad exportadora, nuevas actividades deben tomar su lugar. En ese contexto, la primera ministra del Reino Unido, Theresa May, habla de una "estrategia industrial moderna" orientada a intervenir en cada región y área del país para desarrollar nuevas actividades que aseguren que el libre comercio y la globalización alcancen a todos en forma positiva

En ese contexto, Joseph Stiglitz, Premio Nobel de economía, señala que no hay pruebas de que determinadas reglas, como la liberalización de los capitales, estimulen el crecimiento económico o una mejora en distribución del ingreso en los países menos desarrollados. Por eso, señala que es necesario ir más a fondo, ya que son las propias normas que rigen a la globalización las que deben ser modificadas, comenzando por el rol de ciertas agencias como el Fondo Monetario Internacional. Señala, además, que sólo aquellos países como los del este asiático, que se insertaron en el escenario internacional bajo sus propias condiciones, fueron capaces de beneficiarse a partir de su inserción en la escena internacional.

La autora es docente e investigadora de la Universidad de Buenos Aires

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