Eduardo Basualdo: "El arte no es belleza, es reflexión"

Crédito: Martín Lucesole
Se destacó en la Bienal de Venecia y en Art Basel, y desde esta semana será uno de los protagonistas de una nueva edición de ArteBA. Con prestigio y éxito en ventas, sorprenderá una vez más con sus inquietantes instalaciones
Celina Chatruc
(0)
21 de mayo de 2017  

Una crisálida cuelga de una pequeña rama junto al volante del auto de Eduardo Basualdo. Es similar a otra que encontraremos minutos más tarde colgada en su taller, en el barrio de Once. Traídas desde el campo, evocan la sabiduría de la oruga azul de Alicia en el país de las maravillas y su repetitiva pregunta: "¿Quién eres tú?"

"Cuando era adolescente era el colgado. En quince años me transformé en el opuesto", dice el artista, mientras conduce y cuenta que aprendió a manejar hace pocos años, para visitar a su novia que vivía lejos del centro. Sofía Bohtlingk, también artista, es hoy madre de su hijo Indalecio.

Nacido en Buenos Aires en 1977, Basualdo ya es un profesional. Expuso en la Bienal Venecia, vende obras en Art Basel -la feria de arte más importante del mundo- y en los próximos días sorprenderá con una de sus inquietantes instalaciones en el Espacio Chandon de arteBA.

Sos uno de los artistas argentinos con mayor proyección internacional. ¿Cómo se llega hasta ahí?

Tuve muchos años de trabajo sin exposición en el medio. Como diez años de producción.

De crisálida.

De crisálida. Entre los 20 y los 30 años. Una época de mucho trabajo, en una casa de Villa Crespo, con cuatro amigos. El proyecto era vivir de la manera más austera posible y dedicarle toda la energía al laburo, esperando que me fuera bien. Daba clases en un taller, trabajaba como ilustrador, realizador. La casa era un experimento.

Un experimento aterrador fue la primera obra que Basualdo realizó hace más de una década con el grupo Provisorio Permanente, que aún integra. Al igual que en la obra maestra de Lewis Carroll, para encontrarla había que seguir a un conejo hasta perderse en un oscuro agujero. Dentro de una misteriosa casa porteña, frente a una vela, se perdía la noción del espacio y el tiempo. Entonces aparecía un hombre con una túnica y un grabador. Apretaba el botón de play, y una misteriosa voz decía: "Síganme".

Se iniciaba así un viaje transformador por cinco habitaciones que invitaban a los visitantes a "quebrar la lógica de las cosas", hasta que salían expulsados a la vereda pensando que todo pudo haber sido una pesadilla. No lo fue para Basualdo. Una de esas habitaciones, creada por él, era un teatro de sombras que inspiraría El camino del zorro, obra con la que participó en la Bienal de Pontevedra gracias a una invitación de Victoria Noorthoorn. Era el año 2006, y el comienzo de una carrera meteórica. Meses después construyó una pequeña casa de madera, también siniestra, que pertenece a una de las principales colecciones de arte contemporáneo del país.

Crédito: Martín Lucesole

"El arte no es belleza. Es reflexión", opina Basualdo, hijo de un economista, dispuesto ahora a instalar dentro de La Rural un helicóptero con sus hélices en movimiento, encerrado dentro de una estructura techada que deberá romper si intenta volar. Producirá una tensión similar a la que comparten todas sus obras: una laguna que se vacía y se vuelve a llenar hasta dejarnos aislados en una piedra, un machete que gira sobre sí mismo sin control, una lamparita que se balancea contra un vidrio y se detiene justo antes de tocarlo, un semáforo que sólo enciende luces amarillas, en alerta permanente.

"¿Cómo salir de acá?" es la pregunta que inspira sus trabajos más recientes. "Con la paternidad -confiesa- me volví hipersensible hacia la regla."

El padre es el que pone el límite.

Es la ley. Me puse a investigar: el padre, la palabra, la calle, las paredes... son la ley. Lo que te contiene. Ahora estoy leyendo La invención de lo cotidiano, de Michel de Certeau. Establece esa analogía, que me interesa mucho. Las paredes son las leyes del espacio. Para saber cómo salir de acá, antes tengo que saber dónde estoy. Y es una pregunta amplísima. ¿Dónde estoy, a qué nivel? Es un lugar poético con el que trabajo mucho, con la idea de que estamos absolutamente desconcertados. En mi primer trabajo, el teatro de sombras, la pregunta era: "¿Estoy en mi cabeza?" La obra consistía en reproducir la sensación que uno tiene al pensar, la dimensión donde las cosas se confunden o pueden ser más relativas, el espacio de los pensamientos. Lo encontré en las sombras.

La alegoría de la caverna.

Llegué a la alegoría de la caverna. Vos entrabas a un cuarto oscuro, te llevaba alguien de la mano. Ese momento de que alguien te lleve con la mano es muy potente para mí. En los últimos trabajos, como los que exhibí el año pasado en Ruth Benzacar, el tacto se constituye como la última frontera de certeza. Eso de pellizcarte en el sueño. "Cómo salir de acá" es cómo salir de una manera de pensar. Hay un filósofo que dice: "Necesitamos sentirnos contenidos. Antes teníamos a la Iglesia; la religión cuajaba perfecto con una idea de cúpula celeste que contiene, y Dios nos contempla y nos cuida". Eso se empezó a resquebrajar.

Dios ha muerto.

Sí. Y lo que se inventó es la idea de globalización. La tecnología como algo que nos va a cuidar. Estamos conectados y, supuestamente, el teléfono te cuida. No podemos concebir la intemperie. Muchos de estos trabajos son sobre cómo abrirte a la intemperie.

Su obra Teoría (La cabeza de Goliat), en el Palais de Tokyo, en 2014
Su obra Teoría (La cabeza de Goliat), en el Palais de Tokyo, en 2014 Crédito: Martín Lucesole

Es un poco el rol del artista, ¿no? Estar a la intemperie.

Puede ser, hay muchos roles. Rafael Spregelburd decía: "Hoy no hay vanguardias, no hay agrupaciones conceptuales de artistas. Cada uno lanza un misil hacia la estratósfera, tratando de atravesar el cielo; estamos todos lanzados en distintas direcciones". Entonces el arte, hoy, puede ser un laboratorio de ensayos para el mundo. Otra función es develar la convención en la que vivimos, rasgar estas estructuras de seguridad con las que nos movemos sin poder estar en contacto con la incertidumbre absoluta. El caos. Todo el mundo tiene intrigas paranoicas relacionadas con la especulación de que hay alguien que tiene el poder y maneja los hilos. Nadie maneja los hilos. Hay un juego grupal, en el que estamos todos envueltos, del que no tenemos control.

¿Creés que tenemos el poder de cambiar algo?

Creo que tenemos el poder de encontrar puntos de vista, lugares que nos permitan ver las cosas de manera más clara. Individualmente somos demasiado poco para poder hacer transformaciones; las transformaciones son grupales. Pero lo que uno puede hacer es entender mapas, dónde está parado. Eso sí creo que es un camino personal.

¿Cómo se relaciona esto con el proyecto que vas a presentar en arteBA?

Este proyecto plantea el doble juego: por un lado, la misma herramienta que te permite un punto de vista global sobre cuál es la situación, dónde estás en este mundo o en esta sociedad, es la misma que destruye una lógica de pensamiento raso. Se independiza de un pensamiento racional, bipolar. De bueno/malo, sí/no. Esto genera la tridimensión, la salida. Salís de que alguien te diga qué elegís. Por eso lo relaciono con el anarquista. El anarquista no vota. Uno hace eso mismo con la práctica artística: en cuanto te encontrás decidiendo entre dos opciones, saltás a otra. El error es responder a la pregunta.

Eso es muy del koan zen.

Total. En relación con la obra de arteBA, la respuesta más trillada tiene que ver con esto de que del laberinto se sale desde arriba. La única salida es por arriba, no hay caminos en este nivel. El helicóptero, por un lado, te propone eso. Y por otro, el capítulo siguiente es que arriba hay leyes también. No podés volar por donde quieras. No hay salida.

Son leyes menos claras, tal vez.

Son invisibles, no físicas. En ese sentido, el helicóptero señala las leyes invisibles que también nos regulan abajo. Está todo compartimentado, en términos de pensamiento. Lo único que nos libera es reconocer nuestros límites. Es el punto de partida. Saber quién sos, dónde estás, es lo que te permite encontrar una salida, que en realidad es volver a encontrar otro lugar en el cual te preguntás quién sos y dónde estás. No hay una salida final; la salida final es la muerte. Son como saltos de conciencia. Para acceder al helicóptero va a haber pasajes muy estrechos, como canales de parto. Mi laburo tiene mucho de prenatal; muchos títulos que uso que tienen que ver con promesas, con lo potencial.

El silencio de las sirenas, instalación exhibida hasta hace pocas semanas en el Centro Cultural Recoleta
El silencio de las sirenas, instalación exhibida hasta hace pocas semanas en el Centro Cultural Recoleta Crédito: Martín Lucesole

En la muestra de Ruth Benzacar , el año pasado, hablabas de la semilla, que es puro potencial.

Sí. La crisálida parece una semilla, pero en realidad es una metamorfosis; ya hay vida. Yo relaciono ese momento con la reflexión. No hay cambio posible sin ausencia, sin retiro. Los filósofos contemporáneos hablan de positividad y negatividad. Positividad es todo lo que tiene que ver con velocidad, eficiencia, transparencia, evidencia, luz; negatividad es lo que te retiene, te ralenta: la duda, los sentimientos, el cuerpo. Todo eso impide que la cosa fluya a una velocidad luz. Byung-Chul Han, un filósofo coreano, habla sobre cómo la sociedad contemporánea trata de expulsar todo lo que no sea funcional a la economía. Hace esta asociación: eficiencia económica=luz; deficiencia=oscuridad.

Es la gran diferencia entre Oriente y Occidente. El oriental siempre tiene presente el balance entre el Ying y el Yang.

Totalmente. Hoy hay una sobrevaloración de la luz. Estamos enamorados de la luz, al punto de que casi se independiza de nosotros. La luz nos mantiene despiertos para reproducirse, como si nos tuviera de rehenes. La esperanza está en generar espacios de retiro. El mundo es como un río en el que corre la información, y nosotros tenemos que generar la laguna que te permite ver qué pensás. Porque si no, es todo reacción, todo respuesta. Políticamente hoy lo que se trabaja es emoción. Emocionalmente, respondemos: me gusta o no me gusta. No "lo tengo que pensar". No hay tiempo. A eso se lo denomina negatividad; lo positivo es estar suelto. Por eso esta obra del helicóptero se llama Freelancer. Es un anglicismo que utilizamos para denominar una condición de trabajador independiente, sin lazos con una industria determinada. Tiene un contrato temporal. El término viene del medioevo inglés, en el cual había mercenarios que se ofrecían como lanceros libres.

Sirve al sistema que lo contrate.

Exacto. Sus sentimientos, lo que él piense no importa. Ésa es para mí hoy la figura que mejor encaja con nuestro sistema. Es el que no tiene ataduras, ni en términos ideológicos, ni de pertenencia, ni afectivos. Está libre. Por supuesto, en una segunda instancia, nos vamos a dar cuenta de que está sujeto a mil otras cosas que no ve. El ideal, la fantasía de llevarte el mundo por delante, es lo que hoy se nos ofrece como horizonte. Eso implica negar una parte muy fuerte de la naturaleza, nuestra condición de mamíferos; es imposible que vivamos solos. Nuestra estructura mental siempre busca un héroe, un líder, pero a nivel comunidad sabemos que el líder es muy peligroso.

¿Por qué?

Porque el líder cambia. Si seguimos a un líder, estamos sujetos al capricho de una persona. Me pregunto: "¿Cómo somos y cómo nos gustaría ser?" Hay una fantasía de salvarte, de salirte, de estar sin ataduras, pero no hay manera de vivir solo. Me gusta porque tiene algo del artista que trabaja solo. El artista es freelancer por excelencia. Y no casualmente es uno de los modelos que toman varios filósofos, como Boris Groys, para reflexionar sobre cómo las redes y la producción mediática lleva a que todos juguemos a ser artistas. El artista no tiene un lugar de trabajo específico.

Crédito: Martín Lucesole

Es inasible, como el helicóptero.

Es inasible. Es ideal.

Y también busca romper las estructuras.

En los últimos años aparecieron, entre los artistas, intenciones de organizarnos. Pero la organización implica conciliación, democracia, voto, escuchar a todos, ver quién es quién. Perdés tiempo. Y en el mundo del arte cuesta mucho instalar necesidades de organización, de gremio. Es como una mala palabra porque estamos insertos en una estética que tiene que ver con tu idea. Te quiero a vos, quiero charlar con vos y ver qué querés hacer. Es muy individual. Entonces, todo lo que implica decir "pará, tengo que hablar con mi gente" no cuaja. Hay un choque muy fuerte entre lo que es el artista hoy y la necesidad que tenemos de organizarnos.

Vos también trabajás en un grupo artístico. ¿Cómo conviven el trabajo individual con el trabajo en grupo?

Son estructuras distintas. Yo no podría trabajar en grupo si no trabajara solo. Porque el grupo te hace desarrollar otro músculo, que es el de la conciliación. Es otro lugar, mucho menos personal.

El ego tiene que retraerse un poco.

Un montón. Por ejemplo, el grupo no tiene nuestros nombres.

¿Por qué se llama Provisorio Permanente?

Es una frase que surgió en la práctica, que tenía que ver con lo teatral. El teatro tiene una parte muy fundacional, que es rituálica. Es una cita entre uno que dirige el rito y los visitantes, que se repite diariamente y tiene sus convenciones. Es muy cercano a una misa. Trabajando con Provisorio aparecía eso de hacer las cosas de manera provisoria, porque era todo muy artesanal, pero hay cosas que tenés que hacer todos los días. El gesto es provisorio, la acción es permanente. Es algo que se establece, como convenciones.

Como un rito.

Sí. Viene de esa fragilidad, es un oxímoron. Al contener los opuestos, genera un universo. Pero tiene que ver fundamentalmente con el teatro.

¿Por qué el teatro es tan importante en tu obra?

Estudié teatro varios años con un director que se llama Sergio Sabater. Lo que más me interesa es el acto de la presencia: el teatro es aquí y ahora, por hoy. Se le da una importancia suprema a los cuerpos, el espacio se carga. Para mí, el espacio es constitutivo de la obra.

¿Por eso preferís la instalación como medio expresivo?

Sí. Cuando no es instalación, muchas veces las obras hablan de la negación del espacio. Cuando no lo proponen, lo señalan por ausencia.

Como esa obra que es como una piedra que ocupa toda una sala, que compró el museo Hirshhorn.

Exacto. Es la obra bisagra entre un trabajo desde la subjetividad, la oscuridad, el misterio, las sombras, la mitología personal, hacia el exterior. Fue como haberme dado vuelta después de estar abrazado a algo y decir: "¿Dónde estoy?" Hasta ese momento estaba en mi mundo. Éso es la evolución de la humanidad.

De conciencia.

Sí. Hay gente que no puede ver al otro; es mucho más normal de lo que uno imagina. Mi pregunta fue: ¿qué es ser artista? ¿Exhibir y desarrollar mi mitología personal, o quiero hablar de lo que todos tenemos en común? ¿Cuál es el lugar que compartimos todos? Me di vuelta y... ¿qué había? Una pared. Empieza la estructura. Cuando te das vuelta de la masa deforme, oscura, que sos emocionalmente, lo que ves son las reglas. A partir de este momento, en 2012, empecé a trabajar con las reglas del espacio.

Fue un año bisagra.

Sí. La obra que compró el Hirshhorn se llama El fin del desenlace. El mundo alucinaba con el apocalipsis, los mayas. Ésa es otra cosa muy occidental: nos venden límites que no existen.

En realidad, después se dijo que lo que pronosticaban los mayas era el cambio de conciencia.

Además cambiamos de ciclo astrológico. Entramos en la era de acuario, que es un poco el fin del mundo porque es hiperagresiva. Es el freelancer. Trabajo con un astrólogo, que dice: "Hoy todo tiende a la individualidad, y cualquier consigna que te obligue a conciliar es vista como el enemigo. Se buscan caminos de no sometimiento al destino que tenemos para progresar como humanidad, que es ponernos de acuerdo". Cualquier institución es vista como agresiva, está sobreexaltada la figura del yo.

Y el libre albedrío.

Claro. Mi reflexión en ese momento era: no hay un fin, no hay un corte. Todo es un devenir. Era una historia a la cual se le había sustraído el final, que también estaba inspirada en el teatro. Era la clásica estructura de principio, desarrollo y desenlace, sin desenlace. En mi laburo, la obra se acaba en un nivel alto de expectativa. No cierra la historia, sugiere varios finales.

La energía queda contenida.

Sí, tal cual.

Como pasa con el helicóptero, que no llega a despegar.

Es negatividad pura, en ese sentido. Concentración, concentración, concentración. Nunca se libera. Es el gesto del arquero tensando la cuerda, justo antes de soltarla. El contraste que me vuelve loco es que en el mundo todo se presenta como si fuera suelto, liviano. Un ejemplo del teatro: tenés una escena con dos personas en el escenario, hablando, y un actor que no hace nada. A los cinco minutos decís: "¿Qué está pasando ahí?" La primera muestra que hice en la galería Luisa Strina se llamaba Testigo. El testigo es el personaje que está un pasito más atrás, observando. El desafío era cómo pasar de ser protagonista a ser testigo de uno mismo. Despertar esa mirada interna que no es la que ejecuta, sino la que te está observando ejecutar. Desde que apareció el celular no hay tiempos vacíos, estás en acción permanente. Ya no hay lugares de retiro. Por esto de que si te callás, desaparecés.

Hay que estar registrando y mostrando hasta lo que estás comiendo, constantemente.

Total. Un gesto que me interesa en mi trabajo es confirmar que el que está, está. Siempre pienso la obra para una persona. Las instalaciones son como un teatro, un templo. Y la decisión de entrar en el templo es personal, solemne. En teatro, eso está graficado en el apagón inicial que le dice a tu cerebro: ahora estás en otra cosa. Tiene algo de ritual elemental: cuerpos en escena, tiempo real, no lo podés parar. Expone un conflicto que tiene que ser resuelto en escena. En la instalación de arteBA, el techo cumple esa función de presionar la situación. Dejo planteado el conflicto de la convivencia entre una estructura y una naturaleza que está contenida en esa estructura, pero que no pertenece a ella.

Y que va a buscar una salida. Porque está en su naturaleza.

Totalmente. Por otra parte, la instalación lleva un piso de cerámicos, típico de la casa chorizo porteña. Está inspirado en el piso de la casa donde yo vivía con mis amigos antes de casarme. Dentro de esta ciudad, vos armás tu comunidad. Y de esa comunidad puede surgir la herramienta que nos ayude a vivir de otra manera. Es un patio importante para mí, desde donde se puede especular para ser libre.

1977

Nace en Buenos Aires, hijo del economista e historiador Eduardo Basualdo. Del 79 al 83, la familia vivió en México

2004

Se gradúa en la Escuela Prilidiano Pueyrredón y en el taller de dramaturgia de Sergio Sabater

2005

Provisorio Permanente exhibe en Ruth Benzacar, tras ganar el segundo premio del concurso Curriculum Cero

2006

Es invitado por Victoria Noorthoorn a exhibir en la Bienal de Pontevedra. En 2011 también lo convidará a la de Lyon

2010

Participa de la quinta edición de la prestigiosa Beca Kuitca, en la Universidad Torcuato Di Tella

2016

Es seleccionado por el curador Okwui Enwezor para exhibir en la Bienal de Venecia junto con Ana Gallardo y Ernesto Ballesteros

El futuro

Exhibirá la instalación Freelancer como artista invitado en el Espacio Chandon de arteBA, del 24 al 27 de mayo en La Rural, mientras expone individualmente hasta el 17 de junio en la galería brasileña Luisa Strina

La feria de arte de Buenos Aires mira hacia lo que vendrá

El futuro será el tema que inspirará la 26a edición de arteBA, desde el miércoles al sábado próximos en La Rural, con la participación de más de noventa galerías de veinte países. A las ya consolidadas secciones curadas de la feria -como Dixit, U-Turn Project Rooms by Mercedes-Benz y Solo Show Zurich- se suma este año Performance Box.

Como media partner de la feria, la nacion participará con la presentación en su stand de contenido audiovisual dedicado al arte, coproducido por LN+ y el suplemento Ideas.

Dentro de la Sección Principal de la feria, algunas galerías también presentarán proyectos curatoriales centrados en el trabajo de ciertos artistas. Y en la sección Barrio Joven tendrán un lugar destacado artistas de varias provincias, que también ganarán protagonismo gracias al nuevo Programa Relieves, impulsado por el Ministerio de Cultura de la Nación y arteBA Fundación. En el stand del Ministerio de Cultura -con diseño del arquitecto rosarino Gerardo Caballero- se realizarán actividades vinculadas a los textos de artistas y Manifiestos argentinos producidos durante los siglos XX y XXI, y se llevarán a cabo breves presentaciones de diferentes museos estatales en un innovador formato de talk show.

En el auditorio, invitados internacionales hablarán sobre el futuro. Allí se realizarán además entrevistas con Marta Minujín, Claudia Fontes y Fernanda Laguna, artistas que representan al país este año en la Documenta de Kassel, la Bienal de Venecia y la muestra de arte latinoamericano Pacific Standard Time LA/LA, en Estados Unidos.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.