Como agua para café

Sabrina Cuculiansky
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21 de mayo de 2017  

No tiene color, ni olor, ni sabor. Error. Las aguas son todas iguales. Chan. Este es un mito muy común, pero que se cae fácilmente en cuanto probamos dos aguas de distinta procedencia. Es por ello que la misma bebida también varía su sabor y textura según el agua que lleve en su elaboración. Y ese pocillo aromático y seductor que bebemos diariamente lleva en su contenido un 95 % de agua. Las hay naturales, con sales de manantiales, pozos, ríos; y las hay procesadas artificialmente. En una botella podemos encontrar destiladas, aromatizadas, purificadas, tratada mineralizada (con minerales añadidos) o de manantial natural, como por ejemplo la italiana Acqua Panna, que reingresó al país, un agua que sube de la fuente sin procesamiento. “Acqua Panna es un agua mineral natural ligera de primera calidad, agradablemente suave y equilibrada, con un persistente sabor aterciopelado que tiene la habilidad de mejorar y prolongar la suavidad y las notas aromáticas de las bebidas”, explica Giuseppe Vaccarini, prestigioso sommelier mundial y autor del Water Codex, un concienzudo estudio sobre el agua.

Para determinar las características de un agua hay que tener en cuanta varios factores: el PH y la acidez; el porcentaje y la calidad del ácido carbónico diluido y el grado de mineralización. Es decir que depende de cómo el sodio, los metales, el bicarbonato de calcio y el cloruro se han asociado; las características del agua y la bebida final van a variar notablemente.

Para hacer una rápida degustación, los pasos son: llenar un tercio del vaso con agua, beber un abundante sorbo y expresar inmediatamente un juicio de frescura. Vaciarlo y volver a llenar, llevarlo a los ojos y bajarlo para observar si hay presencia de cuerpo y colores extraños. Luego acercar a la nariz e inspirar varias veces con los ojos cerrados, introducir un sorbito, reposar en la lengua, distribuirla por la boca y deglutir para valorar la acidez, la estructura, la ligereza y la suavidad. Repetir esto último, pero dejando ingresar aire en la boca para analizar su gusto olfativo, que nos dará equilibrio y persistencia. Un agua poco ácida, con pocas sales minerales, será ligera, suave y aterciopelada, ideal para develar todos los atributos que esperamos de nuestro humeante café.

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