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Por amor al teatro, la ciudad de Mendoza abre su corazón

El encuentro reúne lo mejor de la producción nacional; también postales bucólicas, como una procesión del público desde la calle hasta el emblemático Teatro Independencia
Verónica Pagés
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23 de mayo de 2017  

Volver a Madryn, la grata sorpresa que llegó desde Córdoba
Volver a Madryn, la grata sorpresa que llegó desde Córdoba

MENDOZA.- No pudo haber sido más mendocino el clima que recibió a la Fiesta Nacional del Teatro. El otoño a pleno, con mañanas y noches frías y tardes con un sol cálido -increíblemente reparador- que invita a recorrer las calles de la ciudad cubierta de plátanos enormes que, allá en lo alto, forman casi un túnel.

Con ese marco comenzó el viernes pasado la 32» edición de este encuentro de teatristas de todo el país que organiza el Instituto Nacional del Teatro (INT) y que se extenderá hasta el domingo. Diez días en los que se reparten los 32 elencos llegados de todas las regiones que resultaron ganadores en sus respectivas fiestas teatrales. Por eso lo que se vive aquí es una oportunidad única de ver, conocer y disfrutar el teatro que tenemos, el teatro que somos.

Todo empezó el viernes en la plaza Independencia, la plaza mayor de esta ciudad. La Comedia Municipal de la Ciudad de Mendoza -dirigida en esta oportunidad por Pablo Longo- se adueñó del escenario para dar el puntapié inicial con la obra de César Brie 120 kilos de jazz. No hicieron falta más que esos cinco actores/músicos para que se convirtiera en una verdadera fiesta popular. La historia, sencilla; los intérpretes, maravillosos. Los invitados ya habían ocupado las sillas dispuestas, pero, ganada por la curiosidad, la gente que pasaba se fue quedando. Y para cuando la historia de amor entre Méndez y Betty Lou se concretaba -luego de las correspondientes peripecias-, el lugar estaba lleno de personas que no pudieron evitar, sobre todo, el magnetismo del protagonista, Víctor Di Nasso, un comediante para no perderse: un verdadero histrión que animó la fiesta con humor y situaciones que involucraron a grandes y chicos.

Siguió la Orquesta de Guitarras Tito Francia, con una veintena de guitarristas que le dieron un tono bien cuyano al encuentro; ellos cantaban, la gente cantaba y así hasta que un pequeño grupo de actores invitó a todos a cruzar al Teatro Independencia, la sala emblemática de Mendoza. Y, como en procesión, detrás de los guitarristas, de zanquistas con antorchas, la gente se fue trasladando hacia el teatro. Unos metros, no fue tanto, pero se transformó en una verdadera procesión de fe y amor por el teatro que concluyó con una copa de vino mendocino para brindar por lo que vendría.

Pero tanta emoción empezó a resquebrajarse por la realidad. Comentarios en medio de la marcha hacia el Independencia hablaban de "qué linda sorpresa"; "pero no sabía nada"; "no hubo mucha difusión, ¿no?"; "no importa, esta obra que viene ahora es gratis"; "sí, pero había que retirar las entradas antes"; "¡qué pena!"...

Quizá por las dimensiones de la ciudad o por la dispersión de las salas que participan, pero la realidad es que no se siente todavía que Mendoza palpite con la Fiesta Nacional del Teatro. No hay mucha cartelería en las calles ni banners en las plazas. Y la concurrencia, al menos estos primeros días, está basada en los propios invitados y participantes de la fiesta. Público público, como dijo algún director al salir a saludar al finalizar su función, es más difícil de encontrar. Encima hay bastante malestar de los artistas locales con la Secretaría de Cultura de Mendoza por algunos problemas (serios) que sucedieron durante la Fiesta de la Vendimia, quejas por los "contratos basura" y demás. Por lo que durante el primer día aprovecharon para manifestar su descontento con pancartas y la lectura de sus reclamos antes del comienzo de las obras.

Quizá por esto no hubo discursos oficiales, pero lo real es que esa ausencia agilizó la siguiente propuesta llegada como invitada especial desde Córdoba, la Comedia Provincial, que presentó una suerte de opereta cuartetera, Eran 5 hermanos y ella no era muy santa, de Miguel Iriarte, con dirección de David Piccotto. Córdoba a flor de piel. La apuesta era terminar el primer día bien arriba y allá fuimos, más allá de los gustos por las estridencias.

Pero la fiesta de cada día no se completa sino hasta llegar a la cena, todos juntos (elencos, jurados, invitados, periodistas, organizadores) en el gran comedor del Club Andes Talleres, en Godoy Cruz. Este espacio desangelado cobra una inusitada vida en ese momento de encuentro en el que el volumen de las voces se cruza de mesa en mesa; se brinda y se festeja por lo que pasó y por lo que falta. Una manera de encontrarse para cambiar miradas y celebrar. El otro espacio de intercambio (más formal) se desarrolla cada mañana en el Punto de Encuentro del Festival (en el hermoso edificio donde por años funcionó el Banco Hipotecario y hoy es sede de la Secretaría de Cultura). Allí se hacen las Devoluciones, un diálogo entre jurados y representantes de las distintas regiones, periodistas, artistas y, puntualmente, los elencos que se presentaron el día anterior. Se analizan las obras, los procesos creativos. El resultado es un intercambio riquísimo de mucho aprendizaje para todos.

A las obras

Luego de la presentación de la Fiesta, el sábado empezó la programación oficial con la presentación de Cartas en bicicleta, una obra para toda la familia del elenco jujeño Clap Clap, que dirigen Cecilia Oviedo Torrez y Paula Recchiuto. Una propuesta que combina acrobacia, clown y música para contar la historia de un cartero metiche que interfiere con el amor epistolar entre Macho Camacho y Solapa Marcurí. Los chicos que se acercaron a la sala Las Sillas, felices. Es que, más allá de algunos problemas dramatúrgicos, las tres actrices demostraron una entrega, un cariño y una dedicación por lo que hacen que emocionaron.

Luego le tocó el turno a la obra mendocina Tu veneno en mí, que se presentó en el hermoso teatro El Taller de Ernesto Suárez, "el Flaco", todo un emblema del teatro local. La obra, de Manuel García Migani, es una propuesta coral fragmentada (son 14 actores en escena) que va desarrollando pequeñas líneas argumentales que van y vienen en el tiempo para terminar de cerrarse en el final. Un pequeño gran delirio, muy atractivo, con muy buenas actuaciones. Sin dudas, una de las apuestas fuertes del día.

Pero la gran sorpresa fue Volver a Madryn, la obra cordobesa de Rodrigo Cuesta que interpretan Ale Orlando (de Los Modernos), Ignacio Tamagno y Hernán Sevilla. Es la historia de tres hombres en Puerto Madryn, en invierno, cuando no pasa mucho más que "la brutalidad y la belleza" (palabras robadas a Cristina Moreira en su Devolución). La obra tiene un trabajo de puesta e iluminación que parece cinematográfico: primeros planos, reiteraciones, flashbacks. La luz y la bruma, con una presencia impactante. Y los actores, más. Un relato brutal y bello.

Y por aquí va esta fiesta hermosa con sus vaivenes, sus altos y sus bajos. Fiesta al fin que sigue hasta el domingo. Todavía hay tiempo para seguir disfrutando.

Una decisión que se convirtió en acierto

Esta es la segunda Fiesta Nacional del Teatro que organiza el Instituto Nacional del Teatro (INT) con Marcelo Allasino al frente de un equipo enorme de producción y logística.

Más allá de la estructura y procedimientos formales que tiene el encuentro, en esta edición los organizadores quisieron habilitar un espacio para dialogar con el sector público. Esto explica el hecho de que los dos elencos invitados para abrir la celebración hayan sido la Comedia Municipal de Mendoza y la Comedia Municipal de Córdoba.

"Además, otro cambio de este año fue que las autoridades del Instituto y del Ministerio de Cultura de la Nación quisimos corrernos del centro de la escena en la apertura para darle lugar a los artistas, para que ellos reciban al público y a los elencos invitados", cuenta Marcelo Allasino. Con esta premisa fueron Ernesto Suárez y Gladys Ravalle, dos exponentes valiosísimos del teatro mendocino, quienes subieron emocionados al escenario del Teatro Independencia a abrazar a los que iban llegando.

Más allá de las suspicacias que, por lo bajo, hablaban de ganas de evitar los probables abucheos, se agradeció la idea ya que nadie mejor que un teatrista para darle la bienvenida a otro teatrista.

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