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La final de la Champions League. El documental polaco de Paulo Dybala: la conexión familiar, el ajedrez y sus pasiones

Javier Saúl
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31 de mayo de 2017  • 23:59

CARDIFF.- De Krasniów a Laguna Larga y de Córdoba a la cima del mundo. Boleslaw Dybala jamás habrá imaginado hasta dónde podía llegar su apellido. Algún hombre con cierto poder en un pequeño pueblo polaco decidió en plena Segunda Guerra Mundial que Boleslaw tenía que dejar su casa y ser parte del ejército de trabajadores forzados de la Alemania nazi. Así lo recuerda Henrya Palasinska, hermana de Boleslaw, en "Paulo Dybala, la joya", el documental polaco de 25 minutos producido por AngryMen TV y que está disponible en Youtube (https://youtu.be/s_t1gvydI_4), donde ya tiene más de 650 mil reproducciones. Lo que viene después es la típica historia de posguerra: Boleslaw volvió a Krasniów, pero al no haber trabajo decidió embarcarse hacia la Argentina. Fueron semanas a la deriva. Durmió durante días a la intemperie, pero finalmente logró conseguir trabajo en un campo y se la rebuscó pese a sus limitaciones con el idioma. Boleslaw formó familia con una señorita napolitana y nació Adolfo y de la pareja entre Adolfo y Alicia nacieron Gustavo, Mariano y Paulo. La conexión que el documental intenta recrear y que lo logra de manera brillante, con un emotivo diálogo entre un Paulo a punto de llegar a Juventus (el corto data de 2015) y una familia polaca que sueña con conocerlo. Los familiares conocen a Lionel Messi, pero desde Italia les avisan que ante sus ojos tienen al que muchos marcan como el heredero.

"Tengo recuerdos de mi abuelo, de todos los primos con él. De cuando él estaba con nosotros en la Argentina y que siempre tuvimos la intención de encontrar a su familia. Era muy chico cuando él falleció, pero lo recuerdo bien" cuenta Paulo, el menor de una familia cordobesa que moldeó a cada hijo con el objetivo de ser futbolista. Pero que también cobijó otros sueños, con valores relacionados al esfuerzo y al sacrificio. Sus fotos con papá Adolfo y mamá Alicia en un torneo de ajedrez también llaman la atención y muestran la faceta menos conocida del delantero de Juventus.

Más allá de la relación polaca, con guiños y hasta un partido de fútbol en una consola, en el que el periodista elige Argentina y Dybala defiende los colores de Polonia, el documental también da cuenta del golpe que le significó a la familia el temprano fallecimiento de Adolfo, quien no pudo ver brillar a su hijo. El papá soñaba con ver a Gustavo, Mariano o Paulo en Primera. No pudo con los primeros, aunque Mariano estuvo cerca. Después, Paulo cumplió su sueño y el del padre, gracias al apoyo de su madre, sus hermanos y sus amigos. "Mi papá me hacía crecer en el fútbol con sus comentarios. Aunque haga tres goles, me marcaba qué corregir, para así crecer más rápido y aprender muchas más cosas", recuerda "La Joya". A los 15 años, perdió a su padre y el castillo que había comenzado a construir parecía desplomarse. Sin ganar de jugar, dejó las inferiores de Instituto y se recluyó en Laguna Larga, donde terminó vistiendo los colores de Newell's, de la liga local. Dejó Córdoba capital y prefirió la tranquilidad del pueblo. "Mi familia me insistía que tenía que aguantar", cuenta. "Creo que el esfuerzo va por sobre todas las cosas. Más allá de mis cualidades, creo que el esfuerzo y el sacrificio fueron fundamentales", agrega.

Ya en su casa en Palermo, antes de dar el salto al Vecchia Signora, muestra su colección de camisetas. Está la de Carlos Tevez, aparece la de Mauro Icardi. La de Buffon. "Uno de los mejores arqueros de la historia", dice. Se confiesa admirador de Andrea Pirlo, pero revela que cuando jugó en Instituto descubrió la calidad de David Trezeguet, en el año que el ex Juve se sumó a River para lograr el ascenso. Raza en extinción en el fútbol de hoy, Dybala es un joven con mentalidad de experimentado. Es el que se aburre cuando no tiene la pelota, pero el que es un killer cuando aparece en sus pies. El que recuerda su infancia a puro gol, pero el que también aprendió de peones, alfiles, reyes y reinas.

Al video no le falta el diálogo por Skype, ni los momentos emotivos. Hay un contacto con Polonia y la promesa de una visita que alguna vez se dará. La palabra está. El documental termina con la llegada de Paulo a Juventus. Aparecen las fotos en Instituto, los recuerdos de la infancia y la camiseta de Boca, su otra pasión. Y hay un tango, un bandoneón y un artista polaco. El mundo Dybala.

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