House of Cards: 5 claves de la nueva temporada

Claire y un llanto que Francis no duda en utilizar políticamente
Claire y un llanto que Francis no duda en utilizar políticamente
Uno de los buques insignia de Netflix demuestra en su quinto año que mantiene intacta su calidad (la nota no contiene spoilers)
Martín Fernández Cruz
(0)
1 de junio de 2017  • 00:57

El regreso de House of Cards vino acompañado por muchos cambios dentro y fuera de la pantalla. Y para comprender mejor el panorama de la serie, analizamos cuáles son los ejes principales de los nuevos episodios de esta adictiva ficción política.

1. La lucha por el poder: la única meta de los Underwood

Cuando hace ya muchos años Frank Underwood ( Kevin Spacey ) sacrificaba con sus propias manos a un perro moribundo en la escena inaugural de esta ficción, fueron dos las cosas que quedaron muy claras: Francis no duda en cortar por lo sano si eso le reporta algún tipo de beneficio mayor, y la ejecución del poder y el placer de decidir el destino de aquellos a quienes tuviere por la garganta (literal o metafórico) es su máximo placer. Desde esa escena hasta esta nueva temporada, muchas cosas cambiaron excepto una: Underwood sigue siendo Underwood, y su ambición por acumular poder y por ser el responsable de manipular el destino de su país siguen siendo los únicos motores que lo conmueven. En estos nuevos capítulos, esa posición es la que podría perder si en las elecciones a presidente gana su rival, Will Conway (Joel Kinnaman). La carrera hacia la presidencia es uno de los grandes ejes de esta temporada, y en ese contexto ambos contrincantes desplegarán todo su arsenal. Y si bien en esa carrera salvaje Underwood volverá a demostrar cuán bajo puede pegar con tal de ganar, Conway no será mucho más noble, probando que en el mundo de la política según House of Cards, y al igual que sucede cuando un hombre estrangula a un perro, ningún objetivo se puede lograr sin salpicarse las manos con sangre.

2. Trumperwood

El cuarto año de la serie marcó un quiebre porque fue el último capitaneado por Beau Willimon, creador y coordinador de la ficción (que abandonó todo para trabajar en un proyecto con Hulu, rival de Netflix). Ahora, los responsables elegidos para dirigir el curso de la quinta temporada fueron Frank Pugliese y Melissa James Gibson, ambos guionistas que comenzaron a trabajar en House of Cards en su tercer año. La mirada que ellos tienen frente a la figura de Kevin Spacey, indudablemente remite de manera muy directa a ciertos rasgos de Donald Trump y, si bien ambos escritores niegan la relación, basta con ver la nueva temporada para encontrar varios puntos en común. Uno de los grandes conflictos que Frank impulsa aquí es la importancia de la lucha contra una célula terrorista llamada ICO, y cómo la necesidad de declarar la guerra se convierte en su leitmotiv de campaña. De esa forma, Underwood continúa la promesa que realizó al final del año pasado ("nosotros hacemos el terror”) y utiliza la lucha contra el terrorismo como forma de conseguir el apoyo de la sociedad, fomentando la xenofobia y concretando una política de cero tolerancia para con los inmigrantes, características que inevitablemente hacen eco en el propio Donald Trump, su equivalente real.

3. Como un radioteatro de Orson Welles

La anécdota es conocidísima: en 1938 Orson Welles realizó un radioteatro basado en La guerra de los mundos. Muchos oyentes casuales sintonizaron el programa y confundieron realidad con ficción, entregándose al pánico de pensar que efectivamente el planeta era invadido por alienígenas. Aquel día, Welles demostró lo poderoso que puede resultar un medio de comunicación y cómo puede afectar el comportamiento de la sociedad, y en esta nueva temporada, Underwood pareciera continuar ese legado. Artista absoluto de la manipulación y el engaño, el presidente no duda en falsear verdades a gran escala con tal de cumplir su objetivo de cara a un día de elecciones que lo ubica como posible perdedor. Pero más allá de eso, la ambición del personaje es tan grande que incluso nos manipula a nosotros, sus propios espectadores. A diferencia de la etapa de Willimon, Gibson y Pugliese muestran a un Francis que si bien sigue hablándole al espectador, a veces suele retacearle también información (como sucede, por ejemplo, con el destino del terrorista Joshua Masterson, en una temporada que abre con uno de sus momentos más interesantes). Para los nuevos showrunners, Underwood es un manipulador a todo nivel, y cualquier puede estar a un paso de caer en una de sus mentiras, demostrando así que nunca nadie conocerá en absoluto la maquiavélica naturaleza del personaje.

4. La frágil fortaleza del matrimonio presidencial

Otro de los aspectos clave en la quinta temporada de la serie, es la solidez del aparente matrimonio presidencial y cómo empieza a debilitarse la imagen que ambos proyectan. Por el lado de Francis, las cosas comienzan a desmoronarse y atrás queda ese político robusto al cual era casi imposible plantarle cara. En los nuevos episodios, las conspiraciones que se tejen detrás suyo son varias, y muchos intentos por abandonarlo parten desde quienes en teoría deberían apoyarlo. Por otro lado, tampoco son menos los casos de ciudadanos comunes que no quieren prestarse al juego del político, para revelarse ante él abiertamente (en uno de los casos más extremos, una niña llega incluso a decirle que “ojalá se muera”). Mientras tanto, para Claire ( Robin Wright ) las cosas no resultarán mejores. La fría y calculadora pretendiente a vice presidenta sufrirá también el debilitamiento de su imagen pública, al punto de convertirse en blanco de acusaciones e incluso de atentados simbólicos. Ante ese panorama y decididos a fortalecer su posición, los Underwood se encuentran en la necesidad de reencontrarse y volver a trabajar en equipo, algo que apunta directamente al corazón de la serie.

5. No los une el amor…

Y en el centro de toda esa lucha de poder político, se encuentra el ( ¿feliz?) matrimonio Underwood bajo sus mil formas, dividido bajo el odio o unificado bajo la visceral necesidad de estar en el sillón presidencial (en el 2020, 2024, 2028, etc…). Más allá de la apasionante jungla que presenta esta ficción, el perverso encanto de Frank es en buena medida el gran atractivo de la serie. Su forma de entender el tablero político, su falta de moral y escrúpulos y su complicidad con el espectador (porque es innegable, Frank nos fascina porque creemos que ante nosotros se muestra como no lo hace ante nadie dentro de la ficción, cuando en realidad ésa es su mayor manipulación) lo convierten en un conductor fascinante. Por otra parte, Claire logró el mismo impacto en pocas temporadas. Impulsada por las motivaciones de la propia Robin Wrigth (que luchó incansablemente por hacer vales sus derechos, exigiendo no cobrar menos que Spacey por el solo hecho de ser mujer), ella pudo contagiar a su personaje de una fuerza y tenacidad que le permitieron crecer enormemente para (valga la redundancia) jugar al juego de su marido de igual a igual. Y la dinámica interna de ese dúo protagónico vuelve a convertirse en el núcleo duro del relato. Con sus diferencias, con su constante tentación por traicionarse mutuamente pero sabiendo que nadie podría cubrirle la espaldas como lo hacen entre ellos, Francis y Claire aún son el gran condimento de House of Cards, una serie que luego de cinco temporadas aún demuestra que al público nada le gusta más que ver a un grupo de políticos mintiéndoles en la cara.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.