Patricia Palmer: "El arte tiene que provocar"

Una actriz de trayectoria que además escribe y no suelta su otra pasión, la psicología social;Mujeres que cocinan con huevos, la pieza teatral que escribió y dirige, es un cruce entre los temas sociales que la convocan y su vocación artística
Malen Lesser
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5 de junio de 2017  • 19:14

Jura que no trabaja para el éxito sino porque no puede evitarlo. Patricia Palmer (61) habla pausado y con la convicción de quién transitó la profesión de sobra como para conocerla y quererla tal como es. Mientras sigue el suceso de Falladas, donde interpreta a Perla, se da el lujo de dirigir una obra que habla sobre la violencia de género desde el humor, Mujeres que cocinan con huevos.

Pero este presente tiene un largo camino detrás. A los 24 años llegó de su Mendoza natal con una hija y el sueño de ser actriz. Había estudiado teatro en el conservatorio y danza en la Universidad de Cuyo, “pero no tenía idea por donde empezar. Me había alquilado una oficinita en la calle Florida y siempre veía pasar a Sergio Renán. Un día lo paré y le conté que venía de la provincia, que quería ser actriz. El muy amablemente me orientó con datos y talleres para que pudiera empezar. Fue un caballero. En esa época no había internet, ni celulares, y el oficio había que buscarlo de otra manera, pateando, haciendo colas, castings, esperando en el canal a Alberto Migueré horas... que no me quería atender y después tuve la suerte de protagonizar una novela de él... esas cosas“, cuenta.

Pero al parecer, valió la pena el camino recorrido porque es una de las actrices más queridas y reconocidas del ambiente. No sólo actúa, además es guionista, dirige y hace docencia. Mujeres que concinan con huevos es una comedia negra que trata el tema de la violencia de género, de la cual está orgullosa porque “no baja línea, te invita a pensar“.

-¿Cómo surge Mujeres que cocinan con huevos?

-Es una obra que escribí hace 4 años, a raíz de un trabajo que hice como psicóloga social con mujeres víctimas de violencia. Allí no encontré sólo la mujer castigada por el varón, sino con esta personalidad complementaria de él y la naturalización de violencia familiar, el maltrato a los hijos, entre ellas. Por otro lado me había impactado mucho una nota de un noticiero de una mujer que contaba su experiencia. Pensé en cómo contar esto sin que dejara un sabor amargo hacia la humanidad e hice una comedia negra. Creo que los personajes tienen ese humor de mujeres que están al borde, muestran distintas experiencias de pareja y como a cada una le funciona lo propio. Está la que es siempre fue infiel y se perdona con el marido y tienen sus códigos, la que tiene sexo libre, la que tiene el matrimonio de toda la vida y no concibe otra manera y ahí ves que no hay una verdad que funcione para todos, sino que funciona lo pactado, pero claro, la violencia nunca funciona porque lastima. Lamentablemente está en lo más primitivo del ser humano, lo único que la encausa es la educación, la cultura.

-¿Es difícil tratar un tema tan áspero con humor?

-A mí me sale fácil. A todo le veo humor. Es un lenguaje que tengo siempre a mano y me resulta más cotidiano que lo trágico. Lo que costó más es que con estos temas pasa mucho que hay una especie de tendencia a la moraleja o a la bajada de línea, esto de dar consejo. A mí no me gusta eso, me parece que el arte tiene que provocar, movilizar, no decirme como tengo que pensar, el teatro tiene otro objetivo. Quiero que me inviten a pensar. Creo que eso logra Mujeres que cocinan con huevos. Causa polémica y en esas posturas distintas las 4 mujeres tienen razón y nos hacen pensar.

-¿Esa es la razón del éxito?

-La verdad es que no hago nada pensando en el éxito, no escribí con idea de representarla ni de que le fuera bien, lo hago porque es una necesidad escribir. Es como un acto íntimo: estás vos solo con tu computadora y no le querés agradar a nadie ni lo hacés más que por puro exorcismo de eso que te da vueltas y no lo soportas más.

-¿Sentís que ese proceso íntimo que se transforma en algo concreto a sala llena es fiel a lo que te pasó frente a la pantalla escribiendo?

-Soy honesta cuando escribo, no lo hago pensando en calle corrientes, incluso el éxito de Mujeres ... no me lo propuse ni lo pensé en ningún momento, creí que iba a ser como tantas obras que escribí Berrinche Hamlet o Las amantes de Aristófanes, tantas otras, pero tuvo más repercusión quizás por sincronía con el universo, no lo sé. Con decirte que terminó nuestro horario en el teatro y nos pidieron que en junio pasemos a los viernes a las 21 por la concurrencia que tenía, así que estamos muy contentas.

-Estas otras facetas tuyas aparte de la actuación ¿apuntan también a surfear una profesión que no tiene mucha estabilidad?

-Escribo desde los 12 o 13 años, escribí para Telefé, para canal 9, para México. También me atrae la música, el 5 de junio hacemos una Ópera Lucía di Lammermoor con entrada gratis en donde hago la dirección escénica, escribo espectáculos musicales, no, en ese sentido he tenido mucha suerte, me llaman todo el tiempo para actuar y es más lo que digo que no que lo que acepto. Hago lo que me gusta todo el tiempo. Por suerte no necesito mucho para vivir, soy simple, no me gustan las joyas, los autos ni la ropa entonces todo lo que hago es porque me apasiona y es parte de mi vocación. Sinceramente nunca hice algo por dinero. Todo es consecuencia de la actuación.

-¿Teatro, tv o cine?

-El teatro es como mi hijo mayor porque vengo de ahí, todo el que viene de la provincia viene del teatro porque la tv ahí no existe. Te formás en el teatro, haces el conservatorio, entonces las horas en el escenario te dan eso, es como mi casa, me siento más que cómoda ahí. Pero la tele me encanta, la llegada que tiene, esa poder, tenés que hacer 10 años de teatro para un punto de rating. Es un medio de comunicación impresionante, el invento más grande del siglo pasado. Y el cine es artesanal, son otros tiempos, es como tomarse un licor despacito. Son placeres muy diferentes.

-¿Qué personajes o trabajos te marcaron a fuego?

-En televisión, Dulce Ana sin duda, fue un éxito muy grande y un personaje de antiheronina tartamuda, fea, mucho antes que Betty la fea. Más allá del horizonte también por ser una superproducción de época. Y en teatro todos, porque el proceso creativo es ahí más lento, es imposible no salir modificado después de un personaje como Juana la loca, que también sufrió violencia de género y de todo tipo, a mí me impresiona cómo el ser humano capaz de ser tan violento con otro ser humano. Después me marcó una película que hice con Marcos Carnevale, El Pozo. El tema era el autismo y quedé completamente vinculada a distintas asociaciones al día de hoy.

-¿Cómo manejas los vaivenes de la fama?

-Eso fue más complicado. En el momento en el que más fama tuve no me lo pude bancar. No entendía la relativa pérdida del anonimato, yo soy provinciana, perfil bajo y lo sufrí. Después de Los ángeles no lloran, una novela super exitosa que escribí y produje, tuve que retirarme por un tiempo de la tele. Después lo sané en terapia. Me di cuenta que le problema era mío y aprendí a lidiar con eso.

-¿Cómo ves las nuevas generaciones de actores?

-¡Bárbaro! Estudian, entrenan, mientras hacen otras cosas para subsistir, tienen mucha vocación y una potencia impresionante. Yo me formé en plena dictadura. En ese momento ser actor era mala palabra, era muy diferente el contexto. En el teatro donde trabajaba voló el escenario una vez por una bomba, murió un compañero, en ese momento nosotros queríamos comunicar lo que pasaba y por supuesto, eso estaba prohibido. Lo que sucede ahora es otra cosa, hay miles de profesionales formados en medios audiovisuales y teatro que no tienen campo para trabajar, es un problema. No hay una oferta en la industria que pueda capturar todos esos profesionales. No existen demasiadas políticas para promover la producción y entonces ocurre ese desfasaje.

-¿Y la escena de lo que se ve en tele, teatro y cine, como la ves?

-Es cada vez mejor, en cuanto al nivel, El Marginal por ejemplo es de altura internacional, sin embargo se produce poco en relación a las cosas que hay para contar en este país.

-¿Algo más que la gente no sepa de vos?

-Escribí y estreno en agosto un musical que se llama De mil amores junto a Katie Viqueira, pianista de Abel Pintos y coautora de esa famosa canción La llave. Me tiene ilusionada, va a ser precioso.

-Mirás para atrás y ¿qué ves?

-No miro para atrás ni para darme impulso, tengo tanto para adelante, tantos proyectos personajes que ni miro, soy cero nostálgica.

-¿No te queda algún pendiente?

-Todo, recién empiezo.

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