En Vietnam, con el color de los “Orange”, la Reina Máxima se subió a la tendencia low cost que es furor entre reinas y princesas

La Reina lució un conjunto de pantalón y chaleco sobre una camiseta blanca de Zara. Aunque este equipo ya no está a la venta, la marca tiene un conjunto muy parecido. Lo complementó con sandalias y cartera de Salvatore Ferragamo.
La Reina lució un conjunto de pantalón y chaleco sobre una camiseta blanca de Zara. Aunque este equipo ya no está a la venta, la marca tiene un conjunto muy parecido. Lo complementó con sandalias y cartera de Salvatore Ferragamo. Crédito: Getty Images
En su rol de embajadora de la ONU, visitó a un grupo de agricultores con un equipo descontracturado cuyo valor no alcanza los cien euros
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12 de junio de 2017  • 00:47

Fueron apenas tres días, pero resultaron suficientes para plasmar su espíritu fresco, relajado y comprometido. La semana pasada, Máxima de Holanda aterrizó en Ho Chi Minh, Vietnam, para hacer una visita oficial como embajadora de ONU para el desarrollo inclusivo de las finanzas. Y, entre las muchas actividades que tuvo su agenda, la visita a una de las granjas del programa Horti Dalat –que apoya a los granjeros del país para que sus negocios crezcan–, en la localidad de Da Lat, fue la que mejor la pintó de cuerpo entero.

Si bien es conocida la habilidad de la Reina para reinventar sus looks cambiándoles los accesorios o reconvirtiendo, por ejemplo, un vestido en una falda de gala (tal como hizo el año pasado en su paso por la Ópera de Sídney), esta vez volvió a sorprender al subirse a la tendencia royal de incluir firmas low cost en su guardarropa. Es que su look fue mucho más que un guiño de cercanía con la gente: eligió un equipo completo de Zara, que incluía chaleco, T-shirt y pantalón, que le permitían moverse con comodidad, agacharse para observar junto a Xuan Toan, el dueño de la propiedad, las plantas y su crecimiento, meter manos en la tierra y sacarse fotos con los productores.

UNA MODA “REAL”

Sin dudas, un casi total look –y no apenas una prenda, como se la vio en alguna oportunidad– es toda una declaración de principios. Máxima forma parte de una generación de reinas y princesas que se atreven a lo que antes era impensado: salir de los diseños exclusivamente couture para mecharlos con prendas más accesibles. Por su temperamento y por su forma de entender la moda, sin medias tintas, ella es el mayor ejemplo de un cóctel explosivo donde la exquisita sencillez se da la mano con el “regio derroche” cuando la ocasión lo amerita. No hay contradicción alguna entre la reina de Holanda que adora los diseños de la casa belga Natan o del holandés Jan Taminiau y que los accesoriza como nadie con las soberbias joyas del cofre real de los Orange Nassau con la Máxima que opta por una chaqueta de Zara y unos jeans J.Crew para pasear en barco por los fiordos noruegos junto a sus pares europeos. Son, apenas, distintas versiones de una reina de este siglo, moderna, cercana, independiente y audaz, que además educa con este mismo espíritu a sus hijas, las princesas Amalia, Alexia y Arianne, que también usan estas marcas hasta en grandes ocasiones. Sin ir más lejos, este año, con motivo de los 50 años del rey Guillermo Alejandro –que, dicho sea de paso, en este afán de mostrarse cercanos al pueblo incluyó en la lista de invitados a 150 ciudadanos “comunes y corrientes” que se sentaron coco a codo con él y con Máxima en Palacio–, la princesa heredera lució un saco de Zara que se podía conseguir online por 100 dólares.

EFECTO DOMINÓ

Quien fue la primera en incorporar prendas low cost puede llegar a ser materia de debate. Lo que no se discute es que hay adscriptas en casi todas las Casas Reales europeas. Por ejemplo, con un estilo menos opulento, sin un ápice de desbordes, Letizia de España adora los vestidos, los pantalones y las faldas de Zara y de Mango, dos naves insignia del low cost de su país, a los que echa mano casi tan seguido como los diseños de Felipe Varela, su modisto de cabecera. Y no teme radicalizar su elección extendiéndola a los accesorios, como zapatos, carteras o bijou.

Así como la mujer de Felipe VI abraza las marcas low cost de su país, la princesa heredera Victoria de Suecia levanta la bandera de H&M y la duquesa de Cambridge opta, sobre todo, por Topshop.

Debido a que, obviamente, no se trata de prendas exclusivas, es llamativo que también busquen en este tipo de marcas para hacer frente a compromisos de muy alto perfil, como podría ser una comida benéfica en Nueva York, o una entrega de premios. El caso de “modelo repetido” más emblemático ocurrió en 2014, cuando encantadas con un diseño de la colección Conscious de H&M, tres princesas escandinavas, Victoria de Suecia, Mary de Dinamarca y Mette-Marit de Noruega, compraron el mismo vestido de brocato y bajo irregular, aunque por suerte, lo usaron en diferentes ocasiones.

Con más o con menos intención, ellas nos dejan soñar que, a falta de “príncipe azul”, todas podemos lucir como reinas y princesas, al menos por un rato.

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