Una casa con mil tonos de calma

Este proyecto brilla en las transiciones suaves y no en los contrastes: el lujo de una arquitectura pertinente con un interiorismo sensible
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12 de junio de 2017  • 00:51

Un proyecto vibrante que contemple también una atmósfera apaciguada donde relajarse al final del día. Ese fue el pedido de la clienta cuando encargó la remodelación de su departamento a los arquitectos Agustina García del Río y Juan Francisco Pellet, de Carbono Atelier. Pocas propuestas más atractivas para este dúo con vocación de generar ámbitos orientados a la persona, a “devolverle los medios para estar en armonía con su hábitat”, según definen.

Una arquitectura flexible, de eso se trataba. Horas de charla establecieron el universo material que mejor remitía a la idea de hogar de la dueña: ladrillo, madera y tela. En cuanto al color, concluyeron que el durazno le sugería calidez y el verde, calma. La nueva distribución, entonces: el escenográfico mundo de la cocina en mármol y paraíso y, en el otro extremo, el estar como una luminosa caja neutra donde el color aparece en verdes y rosados. El cuarto es el puente entre esos dos universos contrastantes con la misma paleta del living, pero en versiones más serenas. Pura empatía, en una sucesión de escenarios sensoriales que contienen y acompañan a nuestra anfitriona a lo largo de su día.

Paneles y cortinas de liencillo incorporan el paisaje con distintos verdes que van virando sutilmente hacia el azul y el cobalto para interactuar con los detalles en bronce. Las telas que organizan y decoran los ambientes fueron coloreadas en seco para darle nitidez al dibujo, y luego se tiñeron sectorizando con pinceles y espátulas para conseguir los efectos de profundidad. El mueble de petiribí tiene fondo revestido en corcho y cantos de bronce. Materia natural como fuente de color.

Izquierda: el blanco pasa del reposado asiento de ladrillo a una zona más activa, donde ese mismo zócalo se eleva a la altura de la mesa y cobra brillo en el mármol y la lámpara nacarada. Derecha: almohadones de gamuza engamados pero con diferentes diseños para el asiento empotrado del living y para las sillas Quilmes de chapa en el comedor. El artefacto de luz filipino hecho de caracoles suena con el movimiento de los comensales o con la brisa que entra por las ventanas.

El negro y el marrón –con las vetas de lo natural– trepan para contener la angosta cocina. En el comedor, el piso oscuro ancla una deco etérea; el tirador de la puerta es un guiño a los almohadones del living.

El tapiz de fieltro armoniza los elementos del dormitorio: los verdes más oscuros combinan con la frescura de la ropa de cama y los marrones terrosos se asocian a las cortinas en color durazno

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