Las ventajas de una Argentina incluida en la agenda global

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11 de junio de 2017  

Desde hace varios años, en el Banco Ciudad promovemos ámbitos de debate sobre cuestiones estructurales para la Argentina, como la integración y el comercio con el mundo, un tema de vital importancia para el logro del crecimiento con equidad. Esta línea de acción es coincidente con los dos pilares fundamentales que impone la Carta Orgánica a nuestra institución: el ser banca social y de desarrollo.

Durante algo más de una década, en América latina se evidenció un notorio incremento de los acuerdos comerciales bilaterales, regionales y transcontinentales. Estos acuerdos, podemos decirlo con certeza, generaron beneficios de magnitud en términos de acceso a nuevos mercados, mayores flujos de comercio e inversión, y un impulso a la productividad del empresariado local, ayudando además a consolidar una significativa reducción de la pobreza.

En contraposición, en ese lapso la Argentina comenzó a replegarse, fomentando un crecimiento orientado hacia adentro, focalizado en el consumo y el proteccionismo. Eso dio origen a una dinámica insostenible, que tendió a desincentivar la búsqueda de mejoras de productividad de las firmas nacionales.

Muy probablemente, ello respondió a una sobrereacción frente a los eventos vividos a inicios de la década anterior, durante la crisis de 2001-2002, que dio origen a uno de los tantos movimientos pendulares a los cuales hemos estado sujetos a lo largo de nuestra historia, sin reparar en los costos en los que se estaba incurriendo. Como dijo el cuatro veces ganador del premio Pulitzer, Robert Frost: "Antes de levantar un muro quisiera estar seguro: ¿quién queda de cada lado?, ¿quién es el perjudicado?"

En los últimos 15 años, nuestro país pasó de presentar flujos comerciales superiores al 30% del PIB, a guarismos del 18% en 2015. Se verificó una fuerte contracción de más 10 puntos porcentuales desde la imposición del control de cambios de 2011, y llegamos a ubicarnos a la cola de la distribución de la apertura comercial de América latina. Más aún, según información del Banco Mundial para 172 países, la Argentina se encontraba en 2015 en el puesto número 170 en términos de apertura comercial.

Los resultados de este aislamiento son conocidos. Si nos restringimos sólo al ámbito de la economía, se inauguró un período de "estanflación", relegando a un segundo plano entre las fuentes de crecimiento a la inversión y, sobre todo, al incremento de la productividad, principal fuente de crecimiento sostenido del ingreso per cápita a lo largo de períodos extendidos de tiempo. Un reciente trabajo de Ariel Coremberg, profesor de la Universidad de Buenos Aires, descompone las fuentes de crecimiento del producto bruto, estimando que, entre 2002 y 2015, sobre un alza promedio del 4,5% anual, sólo 0,5 puntos porcentuales fueron explicados por un incremento de la productividad. El resto respondió a la acumulación de factores productivos, como capital y trabajo, ambos sujetos a rendimientos decrecientes y por tanto incapaces de generar un proceso de expansión de largo plazo.

Ante este escenario, definitivamente el debate no pasa por si la Argentina debe o no integrarse con el resto del mundo, sino por cómo hacerlo. Y analizar las estrategias que han perseguido nuestros pares regionales puede ser de gran ayuda. En los últimos años se destacan tres modelos de generación de acuerdos: bloques intrarregionales, acuerdos mega-regionales y tratados de libre comercio bilaterales. El último de los tres modelos ha sido el más recurrente en América latina.

Finalmente, si bien es cierto que hay un rebrote de la "retórica proteccionista" global, también se observa un avance del comercio internacional que puede ser propicio para salir a vender nuestros productos al mundo, con una reversión de la tendencia previa. Por primera vez en cuatro años, en el primer trimestre de 2017 el valor de las exportaciones de América latina creció, a un ritmo del 17% anual, tras contraerse un 2,9% en 2016. Destinos como Estados Unidos y China explican dos tercios de este incremento.

En línea con esta recomposición del comercio internacional, la Argentina ha cambiado drásticamente su eje y comienza a construir relaciones comerciales con el exterior. El Gobierno tiene como uno de sus objetivos centrales integrarse al mundo, avanzando en un acercamiento con la Alianza del Pacífico y manteniendo negociaciones con la Unión Europea para avanzar en un acuerdo de libre comercio. En cuanto a las relaciones bilaterales, en busca de atraer inversiones y conseguir nuevos mercados, el Gobierno ha entablado relaciones del máximo nivel con más de diez países líderes, foco de las últimas giras presidenciales.

Frente a este cambio de época hemos convocado a destacados funcionarios y especialistas para indagar sobre la forma en la que la Argentina vuelve a insertarse en el mundo. El resultado se vio en unas jornadas más que esclarecedoras, y en línea con el espíritu de las palabras que mencionó hace más de 200 años Benjamin Franklin: "Ninguna nación fue derribada nunca por el comercio".

Presidente del Banco Ciudad

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