Susana Giménez: "Es la ilusión de mi vida que se cierre la grieta"

Susana, en el Martín Fierro, con sus dos premios
Susana, en el Martín Fierro, con sus dos premios Fuente: LA NACION - Crédito: Gerardo Viercovich
A pocas horas del estreno de la 30° temporada de su programa, la diva habló de todo en una charla íntima en su mansión porteña. El amor, Dios, el éxito, el país y la amistad con Mauricio Macri. La muerte de su madre. El escándalo con el Padre Grassi. El paso del tiempo y la idea del retiro. Un repaso por la historia del gran show de la televisión argentina. Y los detalles de un nuevo debut.
Pablo Mascareño
(0)
25 de junio de 2017  • 00:01

Susana Giménez se prepara para inaugurar una nueva temporada de su programa dominical por la pantalla de Telefé. Pero no se trata de un año más: es la edición número 30 de un formato que lleva el estilo de su anfitriona como marca indeleble en el orillo.

Faltan pocas horas para el gran estreno. La diva recibe a LA NACIÓN durante un frío anochecer porteño en su mansión de Barrio Parque. El silencio monacal desmiente que estemos a tan solo cien metros de la avenida Figueroa Alcorta. Apartada del “deber ser” de una diva, no se hace esperar. A los pocos segundos, aparece en el living irreprochable rodeado por un coqueto jardín.

Susana comenzó los festejos hace una semana. Es que el domingo pasado, ganó el Martín Fierro en el rubro Mejor Programa de Entretenimientos y Antonio Gasalla se llevó el suyo por su labor humorística en el show de la diva. Además, Aptra la homenajeó con una distinción especial por las primeras tres décadas de vida de su programa, previa emisión de un clip, con grandes momentos del ciclo, que logró emocionar a la estrella. "Le agradezco a la gente que me ha seguido todo este tiempo", dijo al recibir el lauro.

Luce ropa deportiva, zapatillas para correr y la cara sin maquillaje. Se la ve joven, muy joven, súper delgada y con una energía arrolladora. Anfitriona perfecta, abre las puertas de su intimidad para disponerse a una charla en donde la excusa del debut es el disparador para conversar, agenda abierta mediante, desde un presente que la encuentra en su mejor versión.

–Susana, ¿qué te enseñó la televisión?

–¡Tantas cosas! Sobre todo la disciplina. Siempre fui muy disciplinada. Cuando era modelo, al comienzo de mi carrera, jamás me quejaba. Hacíamos las producciones de trajes de baño en invierno en el río. Y, en verano, nos poníamos lanas para realizar las fotos de la temporada de frío. Algunas chicas preguntaban si faltaba mucho, se querían ir ¡Yo, jamás! Llegaba a horario, disfrutaba. Nunca protestaba. Ni antes, ni ahora. El teatro también me dio rigor. La disciplina física y mental es muy importante para permanecer en este trabajo.

Hace treinta años, al momento de estrenar el programa, Susana ya era protagonista de una carrera destacada. Y venía de brillar en el musical La mujer del año, una producción millonaria realizada a su medida.

El comienzo de un suceso

El 1° de abril de 1987, a la una de la tarde, por la pantalla de Argentina Televisora Color, sonó por primera vez aquel “Ya estoy aquí/ para estar con ustedes/esperando que llamen”, la arenga en voz de la gran diva nacional que fue respetada a rajatabla por los televidentes. Los atrajo el formato, pero, sobre todo, el aura único de su conductora. Era Susana más un trípode infalible: juegos con premios millonarios, grandes entrevistas y sketches. Una fórmula perfecta.

Hola Susana nació emulando el Pronto, Raffaella, que lideraba el rating italiano gracias al carisma de Raffaella Carrá, su presentadora estrella. El programa de Susana Giménez se convirtió en un fenómeno único en la televisión argentina, a tal punto de formar parte del libro Guiness por la cantidad de llamados y cartas recibidas, que confirman el amor incondicional que el público le tiene a la diva. Un romance indestructible que sobrevivió tres décadas en las que a la dueña de casa le sucedió de todo. Treinta años en los que el país se fue modificando al ritmo de los vaivenes políticos, sociales y económicos. La vida misma. La de la diva, la de sus fanáticos, y la de la Argentina.

¡Hola Susana!

El saludo de los televidentes se convirtió en un sello. Y en el nombre del programa. Con los años –debido a que se desvinculó de Ovidio García, el productor inicial del formato– debió modificar el título reemplazándolo por su nombre y apellido. Fue suficiente.

La primera temporada diaria en ATC instaló el programa. En 1988, el ciclo pasó a emitirse los lunes por el Canal 9 de Alejandro Romay . Y, finalmente, desde 1991, se lo ve por Telefé .

Tal fue el impacto inicial que, en 1987, los vecinos del canal se quejaban porque las arcaicas centrales telefónicas de la extinta Entel colapsaban durante la transmisión del programa, debido a los miles de llamados que recibía la diva de televidentes dispuestos a descubrir cuántas nueces había en un tonel o descifrar la clave de una caja fuerte; pero sobre todo, desesperados por hablar con ella.

–Cuando debutaste aquel mediodía en ATC, ¿soñabas con este suceso?

–Nunca imaginé todo lo que sucedió con el programa. Me pregunto, ¿cuándo pasó? ¡Dios mío, cómo puede ser que ya hace treinta años que estoy ahí sentada! Me parece mentira. Increíble. El tiempo se va tan rápido.

–¿Por qué aceptaste hacerlo?

–A mí me gustaba el show de Raffaella y la manera de ser de ella, muy parecida a la mía: amorosa, educada, alegre. Cuando lo vi, dije: ¡quiero hacer eso! Ya me habían ofrecido otras cosas, pero no me interesaban. El programa de Raffaella era entretenido, ecléctico, tenía de todo. ¡Esto es para mí!, pensé.

–¿Por qué creés que la audiencia te sigue eligiendo temporada tras temporada?

–Estoy instalada desde hace treinta años en la casa de la gente. ¡Ya soy parte de la familia! El público sabe que nunca le mentí ni lo engañé; que si digo algo, es así. La credibilidad es muy importante en el mundo de la televisión. Además, trato que todo el mundo gane y que la gente lo pase bien.

–Se habla mucho de la grieta ideológica que atraviesa a nuestra sociedad. Pero tu figura parece ir en contra de ese fenómeno. Sos seguida por millones de argentinos de las más diversas extracciones políticas y estratos sociales. De algún modo, sos un contramodelo a esa división instalada.

–Es la ilusión de mi vida que se cierre la grieta. El odio está generalizado en el mundo, no solo en nuestro país. El universo está como loco. Lo que sucede en Europa es tremendo. Hay gente que amenaza con apretar un botón y volar todo. El planeta está en manos de locos. Donald Trump, por ejemplo, es indomable, hace lo que quiere.

Susana y el entonces gobernador bonaerense Eduardo Duhalde, en el sketch, en 1999
Susana y el entonces gobernador bonaerense Eduardo Duhalde, en el sketch, en 1999 Fuente: DyN

Living presidencial

–Si bien el programa evita los temas ríspidos, casi todos los presidentes pasaron por tu living.

–Casi todos. Alfonsín era amoroso, pero no fue al programa porque en esa época era diario y no invitábamos a políticos. Me comuniqué cuando murió su nieta y me devolvió la llamada. Divino.

–¿Carlos Menem fue el más histriónico?

–¡Sí! Contaba chistes, era muy agradable. De la Rúa, en cambio, fue más serio, pero muy correcto.

–¿La familia Kirchner visitó tu programa?

–Los invité, pero no quisieron venir.

–A Mauricio Macri lo llamaste “Presidente Mau” y fuiste criticada por eso.

–¡Pero es amigo de toda la vida! Estoy muy feliz con este presidente.

–¿Cómo ves el país hoy?

–Se están realizando muchas obras, pero hay que comunicárselas a la gente. Por ejemplo, lo que se está haciendo con el tema cloacas es muy importante. No puede ser que estemos hablando que hoy una persona aprieta un botón y vuela el mundo, y acá haya millones de argentinos sin cloacas. Hay lugares que ya no se inundan, las terminales de trenes están más limpias, las potencias del mundo nos reciben y hablan bien. Estamos más integrados. Y hay transparencia total. No sé que pasa en América latina con el tema de la corrupción. Es un karma.

–De todos modos, la pobreza en Argentina se ubica en rangos escandalosos.

–Es cierto. En los diarios, en los noticieros, veo miserias, pobreza extrema. ¡Dios mío! ¿Cómo puede ser, si éramos un país rico?

Susana colabora con varias instituciones y hasta se dice que sostiene ella sola un hospital en el norte argentino. No son pocas las cartas que recibe de compatriotas desesperados pidiéndole ayuda. Y son innumerables las oportunidades en las que ella da una mano intentando paliar algo de las extremas necesidades de los más humildes, con perfil bajo y sin promocionar el gesto.

"Si ayudás y lo difundís, no tiene sentido. No hay que hacerlo para la cámara. Me preocupan mucho los chicos. La educación era un orgullo y hoy no sé en qué puesto estamos. ¡Es triste y vergonzoso! La educación es obligatoria y se tiene que cumplir. ¡Está todo dado vuelta! Ahora, le pegan a la maestra cuando reprenden al hijo y resulta que el pibe es una bestia que merece un cero ¡Jamás vi una cosa igual! Y a la maestra hay que llamarla “señorita”, como antes, y no por el nombre ¡Es todo un aquelarre! Vivimos en Buenos Aires hacinados y el país esta vacío. Yo le daría una hectárea a cada familia necesitada. Educación para los chicos y trabajo para los adultos. No hay otra.

América latina rendida a sus pies

Durante algún tiempo, la señal de cable Gems difundió el envío a todo el continente, impulsando el nombre de Susana a millones de latinoamericanos. Lo mismo sucede con Telefé Internacional. Hace poco tiempo, el canal fue adquirido por la compañía norteamericana Viacom. Susana fue recibida en las oficinas centrales de la compañía en Nueva York como una reina . “No podía creer ver pantallas con mi nombre en Times Square”, confiesa. El nexo con las ligas mayores del star system le permitiría a Susana volver a recibir invitados estelares de talla internacional, a pesar de los magros presupuestos de la televisión local.

Solo una mujer

–Durante estos treinta años, tuviste tu cuota de tristeza. En este sentido, una de las pocas ocasiones en las que te ausentaste del programa fue cuando falleció tu madre.

–No podía hablar. Falté una semana completa. Era muy apegada a ella. Ni bien terminaba el programa la llamaba, le preguntaba si me había visto bien, le pedía que me marcara los errores. Mi madre, si me tenía que decir algo para corregir, era tan educada, tan dulce, que me lo decía muy cuidadosamente. A pesar de que ya ha pasado tiempo de su partida, la extraño un montón. Muchísimo. Es la ley de la vida perder a los padres, pero es muy duro.

–A lo largo de las temporadas del programa, también compartiste con la gente momentos gratos como el nacimiento de tus nietos Lucía y Manuel. Te casaste. Te separaste. Presentaste nuevas parejas.

–Es la vida y hay que aceptarla con lo bueno y con lo malo. En estos treinta años me pasó de todo, como a cualquier persona.

–Pero vos tenés que enfrentar la cámara y hablar. Hay una suerte de necesidad de la gente, y del medio, por escuchar en primera persona el relato del dolor. Casi como una búsqueda de humanización de la diva.

-Un poco es así. Pero no soy de ahondar en la tristeza. Hay gente que me mira que está enferma o sola, entonces no me gusta remarcar el dolor. La vida no es fácil, es tremenda para muchas personas, entonces mi felicidad es levantarlos. Y es lo que más me agradecen. Me lo dicen siempre: “Mi mamá te miraba y se reía tanto”. O me cuentan que se encierran en el cuarto con la bandeja de comida para que no los molesten mientras sale el programa. Las generaciones más jóvenes me ven porque antes me miraban sus abuelos o sus padres. Ir al aire los domingos por la noche es brutal porque hay demasiada gente angustiada o sin ganas de volver a la rutina del lunes, y el programa, que es una fiesta, los saca de ese estado. Solo quiero llevarle alegría a la gente, siento que ésa es mi misión.

Si de desnudar la vida se trata, a fines de marzo de 1998, Susana grabó su musical más recordado. Ese que rezaba que no era ni una diva total ni una mujer fatal. Lo hizo en el estadio de Quilmes ante 20.000 fanáticos. Con letra de China Zorrilla , la canción resumía el sentir de la diva luego de una rimbombante separación de su marido Huberto Roviralta y del resonado episodio en el que le arrojó una caja de madera (popularizada como cenicero), y a poco de formalizar su nueva conquista: Jorge “Corcho” Rodríguez . Una vez más, el programa era el vehículo para contarle su vida a la gente.

–¿Cómo es tu cotidianeidad? ¿Siempre estás tan encendida?

–Casi nunca me entristezco. Ante algún problema trato de salir adelante y ver la parte positiva. La onda que uno le pone a la vida cambia las cosas. Si mirás en negativo, es peor. Hay que buscarle el lado bueno a todo. Yo intento. Tampoco me han pasado cosas muy graves. Hay gente que sí la pasa mal. Me acuerdo de lo del auto, eso me atormentó mucho, me torturó. Luego, me sobreseyeron. Mi auto era de tercera mano y nadie lo decía.

Susana se refiere a un conflicto legal por la supuesta adquisición de un auto importado con ciertos beneficios impositivos, que habría sido comprado, de manera impostada, por un discapacitado, cuando, en realidad, el vehículo era para ella.

–El escándalo con el sacerdote Julio César Grassi también fue un episodio doloroso en el marco del programa.

–¡Que horror! Yo anticipé lo que era este hombre y casi me matan. Me atacaron sin piedad. Hasta dentro de la cárcel se portó como un corrupto. Y es un degenerado, eso es lo peor.

Susana le reprochó al cura al aire si con el dinero que reclamaba (supuestamente adeudado por la empresa Hard Comunication) por la colecta telefónica, a través del juego “Su llamado”, pensaba construir un Sheraton. La finalidad era mejorar las instalaciones de la Fundación Felices Los Niños, creada por él. Con los años, el religioso terminó preso condenado por delito sexual agravado contra un menor que residía en su propia institución.

–¿Creés en Dios?

-Rezo todas las noches. Ahora lo hago por mi hija, para que esté bien y tranquila. Antes recé por el hijo de Luisana Lopilato y Michael Bublé. No paré de rezar hasta que se curó. De casualidad, en el último viaje, coincidimos en la cabina del avión. Es un muñeco de vidriera ese nene. ¡Está divino! Soy católica y me encomiendo a Dios. Si sos una buena persona y no haces daño a nadie, tenés el Ángel de la Guarda dentro de vos. Yo le rezo al mío. Todos lo tenemos.

Amiga del mundo

Julio Iglesias la ama y hasta le dio un beso en la boca en una de sus visitas; Woody Allen la recibió en Nueva York. Pisaron su moquette: Geraldine Chaplin, Ayrton Senna, Thalia, Alain Delon, Ricky Martin, Lenny Kravitz, Rod Stewart, Antonio Banderas, Salma Hayek, Robbie Williams, Shakira, Lionel Messi, el Dalai Lama, y siguen las firmas. No se privó de tener a nadie. “Liza Minnelli es inigualable. Cuando la voy a ver, me saluda desde el escenario. Era mi ídola y ahora es mi amiga. La Loren es brutal. Sofía es una reina, mágica, deslumbrante. La luz le sale de adentro”. Toda la farándula argentina también asistió al programa. Aún es recordado el encuentro entre Tita Merello y Malvina Pastorino, los grandes amores del recordado Luis Sandrini. El golpe de efecto es uno de los artilugios de una cuidada producción.

-¿Algún entrevistado te hizo pasar un mal momento?

-Muy pocas veces. Me acuerdo de Gian María Volonté que no quería hablar de nada, luego me enteré que estaba enfermo. Pero la pasé mal. “No parlo, non mi piace”, me decía ante cada pregunta. ¡Me quería matar!

Charly García le rompió la rutina del programa con las preguntas. Y algún que otro animalito hizo sus necesidades sobre el living inmaculado. Lejos de escudarse en un personaje, Susana hace de la espontaneidad, un estilo. Su desenfado y mofarse de ella misma son un imán irresistible. Así fue como una noche le preguntó a Daisy Chopitea, presidenta de COAS, si traería a la Feria de las Naciones un dinosaurio vivo. “Si me equivoco, me río. No me importa nada. Esa anécdota me la van a recordar toda la vida, pero yo te juro que van a encontrar un huevo y va a nacer un dinosaurio en cualquier momento”, dice en medio de carcajadas.

Hubo épocas en que los personajes exóticos eran frecuentes en su set. Entrevistó al hombre más bajo del mundo (el que le respondía solo con un “Sí, señora”); al que comía vidrios; al que tenía dos penes; al que se tatuó todo el cuerpo; y a la mujer con los senos más grandes. No le cerró las puertas a nadie. Allí está ella para recibir a todos, ante la mirada atenta de sus serviciales “Susanos”, los secretarios que son parte indisoluble del show.

"Los freaks son atractivos para la gente. Pero vamos cambiando. Otros años hacemos más foco en los juegos, algunas temporadas buscamos récords. En fin, sobre la misma fórmula hacemos algunas modificaciones para no aburrirnos".

Festejando junto a Charly García el cumpleaños 52 del músico, en 2003
Festejando junto a Charly García el cumpleaños 52 del músico, en 2003 Crédito: Telefé

Cara a cara con la diva

Su vínculo con la calle sucede poco, pero sucede. “Cuando me paran trato de ser agradable. Aunque pasan cosas insólitas: de repente bajo del auto y me paran periodistas para que les haga un balance de mi vida. Yo me río y les digo: ¡Por favor, cómo te voy a hacer un balance de mi vida cruzando la calle Corrientes, los colectivos nos van a aplastar, apurate, cruzá!. Y nos reímos todos. A mí me gusta el humor. Lo tengo en la vida cotidiana. Te salva de todo”.

–¿Sos consciente del lugar que ocupás?

–Cuando me paran extranjeros me sorprendo, pero trato de no pensar mucho en eso. La gente es muy amorosa conmigo. Y yo lo soy con la gente. No se puede rechazar ese amor. Acepto todo con cariño. Me saco miles de fotos. Tengo paciencia. Me ven y se emocionan. Me tratan como a una conocida más: “Esperá que salió movida, te saco otra”, me dicen. “Susana bancame un minuto que ahí viene mi marido que fue a estacionar el auto”. Esas cosas me matan. Ya no se usa tanto el autógrafo, pero me ha pasado que me pidan la lapicera a mí porque no les anda la que tienen ¡Me encanta todo eso!

Amores

“Todos los hombres que he conocido se van a la cama con Gilda y despiertan conmigo”, dijo alguna vez Margarita Cansino, la admirada Rita Hayworth que siempre está en el portarretrato de Susana. Tormento de diva codiciada. El amor suele ser una trampa y, a veces, la fascinación por el personaje atraviesa el vínculo auténtico.

–En la calle, el amor es manifiesto, ¿qué pasa puertas adentro?

–¿Con qué?

–Con el amor.

–Estoy muy bien.

–¿Sola?

–Sí, sola. Estoy en paz. Disfruto de mi vida, de mis amigos, de mi campo, de mis animales. Amo la naturaleza. Todo lo que hago me hace muy feliz.

–¿Ningún amor?

–¡Ninguno!

–¿Se puede decidir no enamorarse más?

–No, eso no se puede decretar. Pero, si me enamorase, no quisiera convivir. Eso ya nunca más con nadie.

–Hace pocos días se te vio cenando en Estados Unidos con un joven de 27 años.

–Es un modelo que hizo conmigo una tapa de mi revista. Hace cuatro años que no lo veía y fuimos a comer con otros amigos. No pasa nada.

–¿Qué relación te une a Facundo Moyano?

–También somos amigos. Lo admiro mucho. Es inteligente. Es brillante.

Susana se ilumina más de lo habitual. Se le nota la fascinación por el joven político. Indisimulable, a pesar de los lentes oscuros.

–¿No hay posibilidad de formar pareja con él?

–¡Nooo! ¡Hay mucha diferencia de edad! Imposible. No me gusta hacer el ridículo. Es culto. Y le interesa, por sobre todas las cosas, la política. Tiene, y tendrá, una carrera maravillosa. Es espléndido. ¡Si yo tuviera veinte años menos, sería mío!

Otra vez las carcajadas. Otra vez Susana en estado puro.

–Se te ve atemporal, ¿cómo te llevás con el paso del tiempo?

–Estoy muy bien. Hago de todo. Me mato con la gimnasia. Estoy vital. ¡No puedo creer la edad que tengo! Me sorprendo yo misma. ¡Cómo puede ser! Pero en la cabeza me siento de treinta años. La juventud está en la mente. Uno piensa que nunca va a llegar a determinada edad. Yo creía que no me iba a pasar, que les sucedía a los demás. Pero se llega. ¡Cómo fue! ¡Cómo pasó tan rápido la vida!

–Una buena receta sentirse de treinta.

–Ese es mi secreto. Si te ponés el batón y te sentás a mirar por la ventana, ¡cagaste! Tenés que tener proyectos, ser curioso. Y ser feliz. Como se pueda, pero ser feliz.

–Eso se refleja en el cuerpo. Se te ve fantástica.

–Me siento joven físicamente. Soy sana, no me enfermo. Cualquiera lo puede lograr. Obviamente, importa la genética, pero todos podemos. ¡Mirá a Jane Fonda!

–¿Qué hacés para estar así?

–Como sano. ¡Nada de fritos! Y me muevo. Hago mucha cinta.

Un nuevo debut

“Siempre hay un poco de nervios antes de arrancar. Las audiencias de la televisión abierta bajaron con la aparición de Netflix. Pero un programa en vivo, con buena producción, tiene rating”, explica.

–¿Estás en todos los detalles?

–Trato que todo sea perfecto. De ponerme buena ropa, que la escenografía brille y sea lujosa, convocar a invitados atractivos. Quiero que a todos les guste el programa. Que sea muy espontáneo.

–Antes de salir, ¿pensás en que te estará observando todo un continente?

–¡Noooo! ¡Ni loca! Arriba y chau. Alegría.

–¿Y si estás mal?

-Casi nunca estoy mal. Y si estoy mal, enseguida se pasa. Es catártico el programa. Se abre el telón y estoy bárbara.

–¿Pensás en el retiro?

–La paso muy bien seis meses descansando y medio año trabajando. Cuando no hago nada, me aburro. Así que llega esta época y ya tengo ganas de arrancar de nuevo. Pero siempre se piensa en el retiro.

La charla termina. Susana se aparta nuevamente del “deber ser” de una diva. Acompaña hasta la puerta que ella misma abre. Saluda en voz alta. “¡Abrigate!”, aconseja. Así es Susana. En pocas horas volverá a renovar ese contrato de fidelidad con su público. Y a demostrar por qué es la gran diva nacional.

Lluvia de estrellas para el debut

Una vez más, Antonio Gasalla será parte del ciclo con su personaje de la abuela y con La empleada pública: “Con Antonio no nos hablamos seguido, pero es un grande, es un monstruo. Aporta siempre. Tenemos una química bárbara. Me hace reír con su cara, con sus disfraces. Me fascina”, explica la diva quien, además, sumó al trío Midachi para realizar algunas participaciones esporádicas a lo largo del año.

En el primer sketch de apertura de esta noche, emulando a El sultán, la diva se volverá a convertir en Susana Spadafucile. La acompañarán Emilio Disi, Marley, Carlitos Balá, Griselda Siciliani, Pico Mónaco, Jimena Barón, Darío Barassi, Lucía Galán, Charlotte Caniggia, Lizy Tagliani, Miguel Romano, Sebastián Estevanez, Agustina Cherri, Fernando Cavenaghi y Nicole Neumann, entre otras figuras. Este segmento fue grabado en un colectivo de la línea 60, en un barrio de emergencia de Olivos y en locaciones que recreaban un palacio. Jorge Lanata será interrogado por la empleada pública, mientras que Claudia Villafañe estará como atracción central en el living y habrá un musical con Tini Stoessel. Además, se anticipa un juego con bebés.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.