Eva Perón y El homosexual, dos textos de Copi en un oportuna visita

Dirigidos por Marcial Di Fonzo Bo, Benjamín Acuña y Juan Gil Navarro estrenarán en el Teatro Cervantes un díptico que ya tiene previsto girar más de dos meses por escenarios europeos
Alejandro Cruz
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23 de junio de 2017  

Hernán Franco y Juan Gil Navarro en medio de la estepa siberiana de El homosexual o la dificultad de expresarse
Hernán Franco y Juan Gil Navarro en medio de la estepa siberiana de El homosexual o la dificultad de expresarse

Evita lidia con su cáncer y con un Perón encerrado en su migraña. En otra obra, una trans rusa habita la fría estepa siberiana. En Normandía, en el Centro Dramático Nacional de Caen, se produce la primera etapa de ensayo de este montaje. En Buenos Aires, en el Teatro Nacional Cervantes, la segunda etapa de este espectáculo con destino internacional ya asegurado. Dos obras de Copi , o Raúl Natalio Damonte Taborda, según su DNI, llegarán para presentarse en un programa compartido: El homosexual o la dificultad de expresarse y Eva Perón.

Juan Gil Navarro actúa en ambas. Benjamín Vicuña sólo será la abanderada de los humildes. Ensayo de un jueves, con una de las obras. Ensayo del lunes, con la otra. Dirección del argentino radicado en Francia Marcial Di Fonzo Bo. Estreno: 13 de julio. Por partida doble, coproducen la Comédie de Caen, que dirige Di Fonzo Bo, y el Teatro Cervantes, que dirige Alejandro Tantanian.

Acto 1: el mito

Hoy es jueves. Es el primer ensayo en la sala mayor del Cervantes. Los anteriores, durante un mes, fueron allá: en la lejana Normandía en medio de intensas jornadas sin tantos ruidos alrededor y alejados de presiones y de miradas. Ahora están acá: en la ciudad que el genial Copi dejó en 1962 para ver teatro en París. Allí murió, de sida, hace 30 años. Su última obra se llamó Una visita inoportuna.

Mientras la escenógrafa Oria Puppo y la vestuarista Renata Schussheim ajustan detalles, sobre una de las patas del escenario hay una gran foto de Eva Perón en blanco y negro y su sonrisa eterna. Marcial Di Fonzo Bo presentó esta obra en el Teatro Alvear, en 2004. Hacía de Eva y la dirigía. Allí actuaba Rodolfo de Souza. En esta puesta, como en uno de los tantos círculos de este proceso, también. Recuerda al pasar: "el día del estreno la foto que usábamos apareció tajeada. Fue un misterio...".

Cuando llegan Benjamín Vicuña y Juan Gil Navarro, Marcial apura los tiempos y los misterios del pasado quedan ahí; en un pasado que vuelve. El actor Carlos Defeo, como la madre de Evita, anda de vestido rojo fuego mostrando las piernas recién depiladas y caminando con unos poderosos tacos con total dominio de la situación. Marcial le advierte: "Ojo con el piso del escenario que está raro, tiene varios agujeros; debe ser su historia...". La historia de esta Eva Perón atraviesa el propio recorrido de vida de este talentoso actor y director que llegó a París cuatro día antes de la muerte de Copi. Fue su tío, Facundo Bo, quien hizo de Eva para el estreno mundial de la obra en París. Eso fue en 1970, la dirigió Alfredo Arias. Días antes de la primera función, la Juventud Peronista consideró que la obra era "una de las más infames afrentas a la memoria de la compañera". El día del estreno hubo un atentado. Antes de que el operativo comando abandonara la sala, dejó un grafiti. Decía: " Vive le justicialisme" Esa noche nació el mito de esta farsa trágica y provocadora montada sobre otro mito: el de Eva Perón.

Esta tarde, ambos mitos conviven en el escenario del Cervantes; todo fluye. Que el papel de Evita esté en manos de Benjamín Vicuña parece orgánico o parte de otro operativo. "El hecho de que sea un actor popular es importante porque convoca a un público diferente. Su carrera no le hubiera permitido tener acceso a este tipo de trabajo y un actor necesita de este tipo de experiencias. Lo suyo me parece de un coraje enorme que demuestra su madurez, su deseo de exponerse, de demostrar que puede hacer otro tipo de trabajos. Yo estoy muy contento con todo el elenco", apunta Marcial en un alto del ensayo.

Hay una escena en la que tres personajes manipulan un vestido de Evita (uno de los tantos y uno de los tantos símbolos de esta mujer convertida en ícono pop). Marcial detiene la acción. "El vestido tiene el valor de un arma", les dice. Benjamín, en ese momento, tiene un sacón cubierto de pieles de conejo que, por ahora, están atados con alfileres. El vestido tiene algo de María Julia Alsogaray en aquella icónica foto que fue tapa de una revista en la que aparecía con los hombros al aire y un ostentoso sacón de piel. La peluca de esta Eva tiene algo de comic. Las referencias y las citas son permanentes.

"La gran escuela de esto es la vida -reconoce Vicuña en uno de los descansos-. Es saber que la vida misma es la que te va a dar las herramientas para poder transitar un texto de este tipo con un personaje atravesado por sus fantasmas, su agonía, su narcisismo, su rechazo a los poderosos siendo ella poderosa. En verdad, hace unos 10 o 15 años no hubiera podido hacer esto. A mis 38, humildemente, me siento preparado para este tipo de proyecto. Pocas veces la vida te da la chance de un retorno. En lo personal, esta obra me da la chance de un retorno a un tipo de experimentación, de investigación teatral. Me siento un privilegiado".

"¡Me siento regia, lúcida!", grita Evita en la voz de Benjamín. Y se mira las manos, sus anillos, su cuello, en un juego permanente entre lo femenino y lo masculino, en un juego constante entre una gestualidad exacerbada y el registro de lo mínimo. Se pone de pie, se acomoda el vestido. Da unos pasos. Está dispuesta a dar otra orden. Pero, a los pocos metros, la Evita en el cuerpo de Benjamín trastabilla. Aunque lo rechace, esta Eva Perón evocada por Copi está cerca de su final, de convertirse en un cadáver embalsamado que dará vueltas por el mundo, de pasar a ser Santa Evita. Y tanto es así que el mismo Juan Domingo parece tratarla como ya muerta mientras su madre se preocupa por la herencia.

Otro escena. Di Fonzo Bo, quien conoce varios vericuetos de este texto porque ya lo interpretó y lo dirigió, les habla a Benjamín, a Juan Gil Navarro y a Rosario Varela del contexto histórico en el que se encuentra Eva en ese momento. Les recuerda dos hechos: la inminente promulgación del voto femenino de 1947 y la amenazante llegada del golpe de Estado de 1955. Uno de los dos fotógrafos del Teatro Cervantes dice que justo acá, en el palco 1, Eva Perón presidió la Primera Asamblea Nacional del Movimiento Peronista Femenino que impulsó el voto femenino. Agrega: "hay una foto de ese acto". Y va a buscarla. Vuelve. Está Eva Perón, la actriz devenida en Abanderada de los Humildes, con los brazos en alto [ver aparte]. A los minutos se entera Marcial y la foto empieza a correr de mano en mano. Benjamín, con su rodete y sus joyas brillantes (compradas en el Once), observa el palco y se le iluminan los ojos.

Acto 2: la dificultad

Hoy es lunes a la tarde. En El homosexual o la dificultad de expresarse no hay espejos, ni vestidos, ni pelucas, ni joyas, ni foto en blanco y negro, ni migrañas, ni la muerte rondando por ahí. Hay témpanos de hielo algo toscos, una gran estructura metálica y personajes de identidades sexuales diversas. Hay seres con pasados oscuros en medio de un territorio blanco. Seres que cambiaron de sexo por voluntad propia o por voluntad de otros. Seres que defienden su identidad (o que, sencillamente, la viven).

"El travestismo representa aquí la condensación de un fenómeno social latinoamericano impresionante: de qué manera la copia supera al original, cómo sublima sus calidades; pero, indudablemente, también sus defectos", escribió Di Fonzo Bo en una información que aparece publicada en la sala que dirige en Francia. Benjamín Vicuña en esta obra no participa. En este caso están Juan Gil Navarro, Carlos Defeo, Hernán Franco, Rosario Varela y Rodolfo de Souza.

En comparación a Eva Perón, el registro es otro. Radicalmente otro. Otras aguas, otros puentes. Renata Schussheim confiesa: "Con esta obra yo me doy el lujo de probar cosas nuevas. Y para alguien con 50 años de experiencia en esto, eso es un lujo. ¿Entendés?". Se entiende, claro. El lujo va tomando formas de largos tapados, de calzas ajustadas que marcan grandes penes de seres desbocados, de diálogos constantes, de excesos, de libertades internas.

Gil Navarro, ?Carlos Defeo, ?Benjamín Vicuña y ?Marcial di Fonzo Bo en un alto del ensayo de ?Eva Perón
Gil Navarro, ?Carlos Defeo, ?Benjamín Vicuña y ?Marcial di Fonzo Bo en un alto del ensayo de ?Eva Perón

" Eva Perón es una Ferrari en la que voy cómodo escuchando música. Esta obra es mucho más... -Juan Gil Navarro lo piensa laaargos segundos- lisérgica. Sí, eso ". Cuando un amigo que no es de teatro te pregunta sobre El homosexual, dice que dice algo así: "Que venga a verla porque es una experiencia que no sé bien cómo explicarla. De Eva te puedo decir que son sus últimas horas de vida pasada por la morfina y listo, ya está. Pero, ¿en ésta? Ya el mismo título, El homosexual o lo imposiblidad de expresarse, no contiene explicación alguna. Creo que eso es adrede para que la gente venga y se vincule con una experiencia tan singular. Es teatralidad pura. Esto corre por otro lado".

En escena busca el tono, el ritmo de un personaje que transita por los témpanos con un tapado que luce con ganas. Su contrapunto es Madame Garbe. Copi alguna vez hizo Madame Garbe, fue en 1971 bajo la dirección de Jorge Lavelli. París, obvio. Ese papel ahora está en manos de Hernán Franco. Mientras Alejandro Tantanian, quien no se pierde detalle de un ensayo como del otro, lo ve en acción y resalta su manera de pararse en escena a lo Alejandro Urdapilleta. Cuenta que Hernán es un profundo admirador del estilo de Urdapilleta, a quien sólo conoce gracias a YouTube. El anterior trabajo de Hernán fue con un personaje que podría ser hermano (o hermana transexual, acá no importa la diferencia) del actual. Aquello fue El fiord, según puesta de Silvio Lang. Esa obra la escribió Osvaldo Lamborghini. Su hermano, Leónidas, escribió Eva Perón en la hoguera (obra que actualmente está en cartel).

En la escena que están ensayando también interactúa Rosario Varela. Hasta hace poco, actuaba en El amor es un bien, pieza basada en una obra de Chéjov, que se presenta en un teatro que se llama Moscú y que queda en Villa Crespo. Ahora, su personaje, está en el medio de la estepa siberiana, Rusia Oriental, evocada desde el corazón del caótica centro porteño. Mientras el texto busca sus formas en escena, silenciosamente, entra a la sala Marilú Marini. Como no podía ser de otra forma, se sumará a esta especie de "integral Copi" ya que repondrá El día de una soñadora (y otros momentos), obra que estrenó en Francia dirigida por Pierre Maillet. Ese espectáculo está basada en dos obras de este señor de las vanguardias.

El ensayo continúa. Luego de una escena que incluye un aborto espontáneo y un largo listado de posibles (ex)padres, Marcial se acerca a los actores a advertirles de la dificultad que puede implicar que la comicidad opaque las complejidades del texto, sus capas, su sentido político. En un momento de descanso, se explaya: "Esta obra, que nunca había montado, no sólo sigue vigente sino que resuena en el contexto mundial y su moral. Cuando Copi la escribió en 1971 hablaba de la imposibilidad de un artista de existir, de expresarse. En ese momento se había enrolado en el FHAR (según sus siglas en francés), el Frente Revolucionario de Acción Homosexual. Eso fue un movimiento político muy fuerte que reivindicaba cuestiones que, con el tiempo, no se obtuvieron. Esencialmente reivindicaba el derecho a lo diferente que no tiene nada que ver con obtener los mismos derechos de los heterosexuales o el matrimonio igualitario." Todas estas capas y saltos históricos van tomando forma en una obra tan lisérgica como ideológica.

Entonces, repasemos: la oportuna visita de dos textos de Copi, Benjamín Vicuña haciendo de Evita, la vuelta de una puesta de Marcial Di Fonzo Bo, Juan Gil Navarro en acción, lo trans, las últimas horas de un mito argentino, la poética y lo político en la única sala pública de la Nación Argentina.

Juan Gil Navarro

"Todo el tiempo me pregunto: ¿dónde está la manija de este texto? El homosexual parece un texto imposible. Como espectador me pasó cuando vi a Alfredo Alcón haciendo Final de partida, que también me pareció un texto imposible. Como actor, si encontrás la manija de esta obra y te desconcentrás, la perdés. Es así, no hay muchas vueltas. Es una prueba de destreza", reconoce Juan Gil Navarro después de buscarle la manija a este texto de Copi en un intenso ensayo en la sala mayor del Teatro Cervantes.

Antes de que todo esto tomara cuerpo, él no había tenido acceso al mundo Copi, a las infinitas anécdotas que giran alrededor de su personalidad. En su casa de chico recuerda que su madre tenía el libro Los pollos no tienen sillas. Siempre le llamó la atención ese título, pero no lo leyó. Cuando lo llamaron para la audición empezó a leer un poco, a indagar en este creador. Llegado el momento de la audición ni se imaginaba qué preparar. A lo sumo, sabía que se trataba de un lenguaje actoral que no forma parte de su tránsito.

"Pero sí sabía que el proyecto en sí mismo y las dos obras de Copi armaban algo muy, muy distinto y irrepetible. Esto es un viaje único -apunta, entre cierto cansancio y cierta euforia-. Eva Perón es muy distinta a El homosexual o la dificultad de expresarse. En esa obra, hasta que no derrapás no se entienden sus ideas. No estás ejecutando un personaje, ejecutás una idea. Y eso es muy abstracto. Es teatralidad pura. Es algo que corre por otro lado."

Benjamín Vicuña

Para Benjamín Vicuña, Eva Perón tiene algo de circular, de historia cruzada. Hace años tuvo como maestro a Alfredo Castro, actor y director chileno de fuerte llegada popular. Castro hizo de Evita, dirigido por Marcial Di Fonzo Bo, en Santiago. Era el año 2001. "Vi esa puesta, yo estaba estudiando en la Universidad de Chile. Me volví loco. Había un gran equipo de actores. En estos últimos tiempos hablé dos veces con Alfredo", apunta.

Pasaron muchas aguas y muchos puentes sobre esas aguas, y ahora acá está él: quien nunca imaginó hacer un Copi y mucho menos de Eva Perón. Pero, llegado el momento, se presentó a la audición. Fueron dos. Se tenía algo de fe. Igual, aclara: "no quedar en una audición tiene que ver con que no entrás en lo que busca el director. Eso alivia frustraciones y, también, es real [se ríe]. En la charla con el director me gustó la lectura que hacía de la obra, su insistencia para que me sumara y aún el hecho de ser chileno para que todas esas capas de lectura estuvieran en juego en un personaje a cargo de un hombre que interpreta a una mujer desde su propia masculinidad o que coquetea ciertos gestos exacerbados de mujer. Todo es parte de la propuesta y de la esencia de Copi, de su irreverencia, de su postura política, de su humor".

Hoy fue su primer ensayo en el Teatro Cervantes. "Es imposible no emocionarse en esa sala que respira historia. Es un escenario inspirador, sobre todo con una obra así", cuenta antes de volver a escena.

Evita, en el Cervantes

"Nosotras , las mujeres peronistas de hoy, no hemos olvidado que fuimos también las mujeres de ayer, de ese ayer vergonzoso de todas las negaciones sufridas calladamente", dijo Eva Perón en un acto que se realizó en el Teatro Cervantes el 26 de julio de 1946. En ese ámbito se decidió el voto femenino que fue aprobado en septiembre del año siguiente.

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