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Argentina 2030: El desafío del largo plazo en un país pendular

Un grupo de intelectuales trabaja hoy en analizar temas de fondo; crear empleo en medio del avance tecnológico y definir un perfil productivo, entre los grandes debates
Diego Cabot
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25 de junio de 2017  

Hace un par de semanas, en la reunión de Gabinete que organiza el presidente Mauricio Macri, le tocó presentar sus números al ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne. Hubo uno que tomó estado público. Según el economista, la Argentina llegará a 2020 con una relación de deuda sobre producto bruto interno de 36%. "Una relación muy baja si se la compara con otros países y totalmente manejable", dijo entonces frente a sus colegas y a su jefe. La mención de 2020 parece lejana en un país atrapado en la telaraña del corto y mediano plazo, más aún si se tiene en cuenta que ese año estará dentro de un nuevo período presidencial.

Lejos de esas reuniones de la cúpula del Gobierno, hay un grupo de intelectuales que puso el ojo más allá: Argentina 2030. Allí no se hace futurología. Más bien lo contrario, se trabaja con las certezas que dan los datos y las proyecciones. Se discuten documentos, posturas y formas en las que el país podría empezar a prepararse para un mundo muy distinto al actual.

Existen algunas cosas que, se sabe, que ocurrirán. "En el mundo del 2030 es esperable que las fuentes de crecimiento estén cada vez más asociadas al conocimiento y a la información. La aceleración del cambio tecnológico generará mayor productividad y, a la vez, un cambio en la composición y, probablemente, una destrucción neta de empleo. El crecimiento de la población mundial traerá aparejado un fuerte aumento en la demanda de alimentos y energía", inicia uno de los documentos que fue el disparador del capítulo económico de la iniciativa creada por el Presidente en noviembre pasado y que está comandada por el economista Eduardo Levy Yeyati.

Fue en Mendoza donde se debatieron estos temas. Economistas que viajaron se juntaron allí con académicos de la Universidad de Cuyo, anfitriona de la reunión. "Según lo que vi en Mendoza, uno de los grandes interrogantes es cuál va a ser el sector que se convierta en el generador empleo en 2030.", dice Levy Yeyati.

Aquella mañana, el también profesor de la Universidad Torcuato De Tella (UTDT) estuvo en una mesa de debate con el director de Desarrollo Económico del Cippec, Martín Rapetti, y con el economista de la Unión Industrial Argentina (UIA), Diego Coatz, entre otros. Surgió un contrapunto con el tema del empleo. Hubo idas y vueltas. "Aun con una industria fuerte, por la automatización y los nuevos procesos que se implementan no podrá ser la gran generadora de empleo que fue en el siglo pasado", dijo Levy. Empezó el debate y finalmente hubo consenso: la industria sola no podrá absorber la fuerza laboral que se sumará hasta 2030.

"La generación de empleo formal será el principal desafío económico de los próximos años, y atraviesa todos los frentes importantes. El déficit fiscal caería si lográramos formalizar empleo. Necesitamos más empleo si queremos que el bonus demográfico de los próximos años se traduzca en mayor crecimiento, y no en menores salarios o desaliento. Y sin empleo es difícil reducir la pobreza estructural, uno de los objetivos del Gobierno", concluyó Levy Yeyati.

¿De qué se trata el bono demográfico al que se refieren los economistas como una de las posibilidades a largo plazo de la Argentina? Lo contesta Rafael Rofman, líder del Programa para la educación, la salud, la protección social, el trabajo y la pobreza para América latina y el Caribe del Banco Mundial. "En la Argentina de hoy, la población en edad de trabajar crece más rápido que la población total. Este patrón, conocido como el bono demográfico, es una gran oportunidad de generación de riqueza, siempre que se forme a los jóvenes y se creen empleos para que la población en edad productiva efectivamente trabaje y produzca. El escenario favorable no es para siempre. En poco más de 30 años, el porcentaje de población adulta (mayor de 65 años) sobre el total será casi el doble: pasará del 10% actual al 19% en 2050 y al 25% en 2100".

De acuerdo a un trabajo presentado por Rofman en Argentina 2030, el país tiene una gran oportunidad de crecimiento económico futuro. La población transita un período de 30 años de bono demográfico. La aritmética es simple: si la proporción de los que producen sobre el total de la población aumenta, se genera más producto y recursos por habitante, lo que nos permitiría ahorrar más. "Para realizar este beneficio, sin embargo, tenemos que asegurarnos que estos potenciales trabajadores trabajen, y que cada uno de ellos produzca tanto como en el pasado o más. De lo contrario, corremos el riesgo de que el bono demográfico se convierta en una deuda impagable a futuro", escribe el economista del Banco Mundial.

Dice Levy que sobre el tema hay varias conclusiones que ya se pueden escribir después de varias jornadas de debate. "Por ejemplo, la distinción entre producción y empleo industrial: incluso si nuestra industria recupera su dinamismo, algo para lo que está mejor preparada de lo que se cree, es probable que lo haga incorporando tecnología a expensas del empleo, como sucede en los países industriales desarrollados", concluye. El problema, advierte, es que los empleos que crea la economía argentina tienden a ser de calificación media y baja y de naturaleza rutinaria, justo los más expuestos a la automatización.

En los debate hay consenso sobre la necesidad de fortalecer el componente de formación profesional de la educación. Se agrega que hay que fomentar actividades que absorban el empleo que liberan otros sectores.

"La oferta de calificación no siempre genera su demanda: un estudio reciente del instituto porteño de estadísticas muestra que en la ciudad de Buenos Aires predomina la sobrecalificación, una versión moderna del ingeniero manejando el taxi. Y, al menos por ahora, no es económicamente viable compensar la falta de empleo sólo con transferencias públicas. La formación profesional y la generación de empleo deben pensarse en conjunto como política de Estado", dice Levy Yeyati.

Ariel Coremberg, profesor de Crecimiento Económico en la UBA, y Ricardo Carciofi, integrante del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de Buenos Aires (IIEP) de la UBA y ex director del INTAL del BID, recatan la iniciativa de empezar a discutir estos temas. "Argentina 2030 resulta una oportunidad para reflexionar sobre estos dilemas", dice el primero. "Es una excelente iniciativa para poder discutir a fondo. Aunque el desafío es dotar a estos encuentros de discusiones prácticas para no salir igual que cuando entramos", reflexiona el segundo.

Coremberg considera que para sostener el crecimiento de la economía se plantea la decisión estratégica de reorientar el perfil del crecimiento hacia la inversión y las exportaciones, sin descuidar las fuentes de empleo y la innovación productiva. "El desafío es magno si se toma en cuenta que desde 1913 la Argentina no logró crecer por más de siete años seguidos. Fue el país que menor crecimiento de su PBI y de su productividad tuvo en la región con el pasado boom de commodities. Ello refleja a incapacidad de la sociedad argentina de generar acuerdos y sostener decisiones estratégicas por más de una generación", comenta.

Según su visión, el panorama de los próximos años no es propicio. El viento de cola no soplará y casi que podría estar de frente. "La apreciación del dólar y la recomposición de las tasas de interés real de la FED auguran que el escenario de estancamiento del precio de las commodities persistiría por el resto de la década", proyecta. Según su visión, la Argentina enfrenta desafíos mayúsculos de aumentar en forma permanente su ahorro interno y tener una moneda que permita sostener la capacidad adquisitiva. Para eso, considera, se debe lograr un mercado de capitales profundo y sostenible, un objetivo hasta ahora incumplido. "El perfil exportador necesario implica un esfuerzo en términos de volúmenes físicos exportables, dado que el valor de las exportaciones ha caído más del 40% desde 2011", dice.

La infraestructura y la logística son dos de los temas más debatidos a la hora de pensar en el futuro. "Aunque la Argentina tiene un desempeño logístico mejor que el de algunas otras economías de América latina, está rezagada en comparación con economías más desarrolladas: los costos de logística han aumentado marcadamente en la última década y hoy puede estimarse que son entre 40 y 50% más altos que el promedio de los países de la OCDE, y son mayores que los de otras economías emergentes y países exportadores de productos agrícolas que compiten con el país", dice el capítulo del documento disparador dedicado a la logística, escrito por José Barbero, director del Instituto del Transporte de la Universidad Nacional de San Martín.

Carciofi dice que aún resta avanzar en obras de infraestructuras primordiales. El presupuesto no prioriza obras ni muestra con detalle los proyectos plurianuales. "Está muy bien que se haya puesto en marcha la obra pública, pero es necesario que se establezca si efectivamente los recursos se afectan a los sectores que los necesitan", dice. El especialista considera necesario que la ley de gastos aporte certezas a los decisores sobre los proyectos que el Estado va a encarar en los próximos años. "Es determinante que esto se conozca para dar información clara a los inversores", dice. Por ahora, el corto plazo gana la batalla en el área.

Después del evento de Mendoza, Argentina 2030 organizó foros de discusión sobre desarrollo humano y tendencias demográficas y previsionales, y lleva adelante líneas de investigación en educación, protección social, tecnologías y el futuro del trabajo, todas orientadas a generar consensos sobre las reformas necesarias para el desarrollo sostenible. "Las reformas son un proceso continuo y colectivo, necesitan consenso para ser sostenidas en el tiempo. Si no nos ponemos de acuerdo sobre la necesidad y la dirección del cambio, será difícil salir de la polarización y el estancamiento. Argentina 2030 es una modesta contribución", dice Levy Yeyati. De pensar a largo plazo se trata. Más allá de las discusiones y los consensos, la puesta en práctica de políticas que perforen los mandatos presidenciales es una materia que la Argentina jamás pudo aprobar.

Temas estratégicos

Cinco cuestiones sobre las que se considera necesario el debate para las políticas de largo plazo

Fuente: Archivo

La población y el envejecimiento

Según un informe del Banco Mundial sobre la Argentina, en poco más de 30 años el porcentaje de la población adulta (de 65 años o más) sobre el total será casi el doble que el actual: pasará de 10% al 19% en 2050 y a 25% en 2100. La población transita un período de 30 años de bono demográfico, una ventana de oportunidades para planificar y definir estrategias

Crédito: Shutterstock

La definición de un perfil productivo sostenible

El desarrollo sostenible implica reconciliar objetivos que en algún momento fueron contradictorios; por caso, se requiere terminar con la tensión entre campo e industria. La distinción tradicional entre tipos de actividades desconoce la naturaleza multisectorial de la producción

Fuente: Reuters

El aprovechamiento de los recursos naturales

Se entiende que los recursos naturales serán disparadores esenciales del desarrollo sostenible. Una de las formas de aprovecharlos es que el campo sea motor de la industrialización; otra de las vías está en el avance de la producción de energías de fuentes renovables, como la solar y la eólica

Fuente: Archivo - Crédito: Fernando Massobrio

La mejora de la logística y la infraestructura

El Índice de Desempeño Logístico que elabora el Banco Mundial muestra que en la última década la Argentina retrocedió en su posición relativa global. Pasó del puesto 44 al 66, entre 160 países. La brecha con respecto al país mejor puntuado se amplió: pasó de 29% en 2007 a 38% en 2016

Fuente: Archivo

La integración a las cadenas globales de valor

Un rasgo de la cuarta revolución industrial es el proceso de fragmentación productiva, que dio lugar a la formación de cadenas globales o regionales de valor. Es un camino desde el comercio de bienes y servicios hacia el comercio de tareas

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