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Hay dolores que es mejor curar a tiempo

Leni González
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27 de junio de 2017  

Los golpes de Clara / Texto y actuación: Carolina Guevara / Dramaturgia y dirección: Leandro Rosati / Música original: Mariano Travella / Escenografía: Alfredo Aguirre / Vestuario: Julieta Grinspan / Iluminación: Víctor Guidoli / Sala: Osvaldo Pugliese, C.C. Cooperación, Corrientes 1543 / Funciones: sábado, a las 20.30 / Duración: 50 minutos / Nuestra opinión: muy buena

L os golpes de Clara entran como piña. En un contexto teatral donde las obras sobre, por y para mujeres declaman el dolor de ya no ser (ni lindas, ni jóvenes, ni miradas, ni mantenidas, ni ni ni), la actriz y autora del texto Carolina Guevara apuesta por lo que se tiene y no por lo que falta. Y las mujeres tienen fuerza; y todavía más cuando se juntan; y mucha pero mucha, no saben cuánta, violencia acumulada.

Clara está separada, tiene dos hijos, se quedó sin trabajo y debe mantener su casa. El ex regatea la cuota alimentaria mientras apoya todas las revoluciones menos la doméstica. La maestra exige puntualidad y colaboración para los actos escolares. Los chicos necesitan cuidados y quieren cosas. El tiempo vuela y hay que correr. En el colectivo, un tipo de traje le toca el culo, ella se defiende, la policía la ningunea y termina presa. Pero logra salir gracias a la presión de mujeres como ella, con y sin hijos, desocupadas o mal pagas, víctimas de machismos y patoteos cotidianos, amigas reunidas por las clases de boxeo, la manera que encontraron para "redireccionar la violencia": lo que empieza en un entrenamiento gratuito termina en la organización de una cuadrilla justiciera contra "tanto jodido suelto".

Primer unipersonal de Guevara, integrante fundadora del grupo de teatro independiente El Bachín, Los golpes de Clara es una tragicomedia con mucho humor para poder afrontar todos los noes que aparecen como respuesta. Como ese puchimball involcable al que Clara, con las manos vendadas y los guantes puestos, pega a derecha e izquierda, bailoteando en derredor y otra vez, se cubre la cara y pega, con su metro 50 y 45 kilos metidos en un vestidito, devuelve y pega. No hay lugar para la meditación ni las terapias alternativas. No se visualiza ninguna abundancia. Hay una mujer que tira golpes mientras pasa lista a los recibidos, agotamiento ancestral reciclado a pura rabia.

El puchimball convive con la mesa y los enseres de cocina, los guantes con el delantal, el ama de casa con la guerrera, la loca con la eficiente: dirigida por un experto en el género varieté como Leandro Rosati, de Los CometaBrás, Guevara salta de un registro a otro, ruge de resentimiento, murmura con el pelo suelto, odia y sueña, crece en el escenario, apropiándose de su personaje y de las voces que la interpelan (amigas, policías, ex, hijos, maestra) como Clara de su vida, que no es tierra de nadie, sino un espacio de construcción, que no es lucha solitaria sino colectiva.

"Somos mujeres fuertes, estamos bien plantadas y ya dijimos basta", dice el rap que canta Guevara, creado por Rosati y Mariano Travella, dos varones que entendieron, a dos años del #NiUnaMenos, que hay dolores que mejor curar a tiempo. Con ese final, muy arriba, termina Los golpes de Clara. ¿Si es una obra feminista? Por supuesto: no hay otra manera de poner el cuerpo.

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