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Italia llora la muerte de Paolo Villaggio

Paolo Villaggio
Paolo Villaggio Crédito: DPA
Famoso en ese país por su personaje del contador Ugo Fantozzi, que parodiaba al prototípico empleado italiano con su característica mezcla de empatía y desolación, el actor murió hoy, a los 84 años
Elisabetta Piqué
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3 de julio de 2017  • 11:08

ROMA.- Italia llora por Fantozzi. A los 84 años murió hoy el reconocido actor cómico, Paolo Villaggio, famoso por su legendario personaje de Ugo Fantozzi, una parodia del típico empleado italiano. Anunció el fallecimiento del artista su hija, Elisabetta, que subió a Facebook una foto de su padre muy joven, sobre la que escribió: “Chau papá, ahora sos nuevamente libre para volar”. Junto a su hermano, Pierfrancesco, Elisabetta estuvo hasta el final con su padre en la clínica Paideia, de esta capital, donde Villaggio estaba internado por complicaciones debido a la diabetes que padecía.

Nacido en Génova en 1932, Villaggio se convirtió en un verdadero monumento nacional gracias a los personajes que inventó e interpretó, entre los cuales no sólo el contador Fantozzi, sino también Fracchia y el profesor Kranz. Pero como recordaban hoy los críticos italianos, Villaggio también fue un “genial” autor, un refinado sociólogo y un observador de la realidad italiana, con una justa mezcla de empatía y desolación.

Después de una afortunada carrera en cabaret y en la televisión, Villaggio entró al cine a través de la puerta principal: en 1970 fue uno de los integrantes de Brancaleone en las Cruzadas, de Mario Monicelli; participó luego junto a Vittorio Gassman en dos películas ( Senza famiglia, nullatenenti cercano affetto y ¿ Qué estoy haciendo en medio de una revolución?).

Pero fue después de su primer Fantozzi, en 1975, cuando el homónimo libro de Villagio se convirtió en best-seller, que el actor pasó a ser protagonista del cine nacional-popular italiano, capitalizando un éxito que fue in crescendo y que hizo reír a generaciones de italianos.

Villaggio realizó nada menos que diez películas de Fantozzi, un tímido contador que trabaja en una gran empresa, al que siempre le va mal, arquetipo del perdedor. El legendario Fantozzi hasta dio vida a neologismos como “fantozziano”.

A lo largo de los varios capítulos de la saga –un retrato impiadoso de la burguesía de los empleados de grandes empresas-, Villaggio también trabajó con grandes directores como Federico Fellini -que en 1989 lo eligió, junto a Roberto Benigni, para La voz de la luna, Lina Wertumuller y Ermanno Olmi.

Por todo esto en 1992 Villaggio recibió el León de Oro a la carrera durante la Mostra de Venecia, algo que significó una “ruptura” en el ambiente porque se trataba de la primera vez que premiaban a un cómico.

Como destacó la crítica del diario La Stampa, Fulvia Caprara, los últimos años de su vida fueron amargos. “No sólo por el paso inexorable del tiempo, sino también por la sensación de haber sido abandonado y de no haber podido desarrollar hasta el fondo todas sus potencialidades y talento”, escribió.

De barba blanca y envuelto en una de las largas túnicas con las que solía aparecer en público, en una entrevista en su casa de Roma hace dos años confesó que cuando filmó el último Fantozzi se sintió aliviado: “Me sentí liberado de una pesadilla”.

Su muerte causó dolor en Italia. En las redes sociales, la mayoría lo recordó como “un genio”. “Que levante la mano quien nunca ha reído, sufrido, pensado, delante de uno de sus personajes. Nadie, nadie levanta la mano. Porque Paolo Villaggio fue capaz de esto: llevar su propio talento a la casa de todos los italianos, también de aquellos que no lo querían. Esto significa para mí ser un artista extraordinario y por esto sólo puede decirse gracias, sin retórica”, escribió el ex premier Matteo Renzi en Facebook. Fue sólo una de las cientos de reacciones que hubo en el mundo de la política, de la cultura y del espectáculo para despedir a Villaggio, un grande.

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