Un Spider-Man millennial con el poder de las redes

Tom Holland es un quinceañero Peter Parker en Spider-Man: De regreso a casa; en esta tercera encarnación del personaje, el acento está puesto en su vida "cotidiana"
Juan Manuel Domínguez
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5 de julio de 2017  

Tom Holland, el nuevo Spider-Man
Tom Holland, el nuevo Spider-Man

Hay una ecuación fundamental que define a Spider-Man. No se trata de su génesis, conocida por cualquier entusiasta nacido en los cuarenta años que van desde su aparición en 1962, en las páginas del cómic creado por Stan Lee y Steve Ditko para Marvel Comics, hasta su protagónico en El Hombre Araña (2002), de Sam Raimi. El héroe, sabemos, es un alfeñique geek de buen corazón y familia postiza que es mordido por una araña radiactiva (ahora ha pasado a ser genéticamente diseñada), que le otorga sus habilidades sobrehumanas y que lo hace también indirectamente culpable de la muerte de su tío.

Spider-Man tiene la misma edad que sus lectores. Ése es un dato crucial en su personalidad y la razón de su éxito. Desde aquellas primeras historias dibujadas del personaje hasta el Universo Marvel que hoy domina la pantalla de cine, El Hombre Araña se ha definido por el paradójico resultado de esa ecuación: el feliz pero siempre atribulado superhéroe de la clase obrera que conjuga la fantasía adolescente de poder con la faceta más humana y emotiva de lo que se siente ser un joven.

Marvel's Spider Man - Trailer

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Mañana, con el estreno de Spider-Man: De regreso a casa, llegará a la pantalla grande la tercera encarnación cinematográfica del personaje en menos de quince años. Y esta nueva película deja en claro sus distancias respecto de aquel comienzo, pos 11 de Septiembre, en el que el director Sam Raimi decidió crear en El Hombre Araña el último gran film de superhéroes con estilo, con claros nexos a su origen en el cómic, dejando una hoy imposible marca de autor en todo su metraje. El éxito del film protagonizado por Tobey Maguire en la taquilla global se convertiría en el Big Bang de una cadena de producción masiva de superhéroes en Hollywood.

Un mundo nuevo

En los primeros minutos de la película se suceden dos escenas que dejan en claro cómo esta nueva encarnación lidia con el legado (y el peso) de sus encarnaciones previas. En la primera, el futuro villano (interpretado con nervio y humanidad nada menos que por Michael "Batman" Keaton) está recolectando los restos del 11 de Septiembre versión Marvel : aquella invasión alienígena en el final de Los Vengadores que reducía Manhattan a añicos (como el atentado terrorista, muy presente en las mentes de los espectadores de 2002, tendía un cable al traumático pasado reciente en la película de Raimi).

En la segunda escena se ve al nuevo Spider-Man -interpretado por el británico Tom Holland - mostrar con su celular su participación en la batalla decisiva de C apitán América: Civil War, el momento en que los estudios Sony -dueños de los derechos del personaje arácnido- le permitieron mudarse al Universo Cinematográfico de Marvel. Este es, claramente, un Spider-Man millennial (el de Tobey Maguire todavía usaba teléfono de línea), un Spider-Man con 4G. Y sobre todo es un Spider-Man que ya no está solo. En este universo, el Peter Parker de 15 años que interpreta Holland es parte de un mundo donde los personajes de Marvel se pasean a la vista de todos desde que Peter tiene uso de razón, y la idea del superhéroe como celebridad está integrada en la misma estructura del relato. No es por nada que una presencia clave en la historia que cuenta esta película es la de Tony Stark/Iron Man, aquí una especie de mentor para el estudiante "con inquietudes" que reclutó en Civil War para que peleara contra el Capitán América.

Aunque aquí Peter Parker es parte de la "gran familia de superhéroes", ve el mundo desde un lugar muy diferente a los Vengadores (el barrio de Queens, para ser más precisos). Esto permite un acercamiento nuevo a su historia, uno muy necesario tras el fracaso de las dos entregas de El sorprendente Hombre Araña, donde Andrew Garfield se hizo cargo del personaje.

En las palabras que le valieron el empleo a Jon Watts, director de Spider-Man: De regreso a casa: "Siempre que veía estas películas enormes de Marvel , o cualquier película gigante de acción, en lo único que podía pensar es: ¿cómo es la vida de la gente común en ese mundo? Siempre vemos el nivel penthouse, pero nunca el día a día de la persona de a pie". Aquí se vuelve a las bases sentadas por los primeros cómics de Spider-Man, y su refundación en el nuevo milenio en la colección Ultimate Spider-Man.

Hay pocos superhéroes que han vivido tantas vidas en la pantalla grande en menos de dos décadas. Batman es uno de ellos; Hulk, el otro. Pero en el caso de Spider-Man es esa conexión con lo joven, con los discursos -y las marcas distintivas que delimitan a "microgeneraciones"-, lo que ha definido sus éxitos y sus errores como franquicia. Hoy Spider-Man: De regreso a casa deja en claro que hasta esta película ninguno de los films de superhéroes existentes le había hablado a su público ideal de forma tan directa y efectiva.

Entre las decisiones que apuntalan esta observación está la participación de celebridades como Zendaya (con 8 millones de seguidores y amiga de Beyoncé) en un papel secundario, el rodaje de tráileres que pueden verse en cualquier dispositivo de realidad virtual, la decisión de elegir a un adolescente real para interpretar a Peter Parker, centrarse en las historias de Brian Michael Bendis en Ultimate Spider-Man para la película (es probablemente el mejor guionista del personaje) y, sobre todo, la decisión de crear un relato que mezcla el relato de superhéroes con la rutina sentimental de la vida en el secundario, entre lockers e inseguridades (el director le pidió a Tom Holland que viera toda la obra de John Hughes y la serie Freaks and Geeks para guiarse en lo que tenía que transmitir como personaje).

La estrategia de la araña

La torpeza sería pensar Spider-Man: De regreso a casa como una respuesta a las anteriores versiones de Peter Parker y su álter ego. Son precisamente los senderos recorridos por Maguire y Andrew Garfield en esas cuatro películas previas los que hacen posible que Holland pueda lucirse tanto en escenas enormes de acción como en el comedor de su colegio.

En el caso de Raimi se trata de un film casi sin igual, donde una cicatriz real (el 11/9) termina resignificando la inocencia del relato y poniendo en perspectiva a sus caricaturas, que a su vez eran un homenaje al cómic de los 60 y una descarada asimilación de los mismos (¿o por qué creen que nadie volvió a ser el editor del Daily Bugle, Jonah J. Jameson, después del actor J. K. Simons?). Raimi usaba como nadie efectos digitales que permitían lo soñado: el ir y venir por los aires de Manhattan, pero también se permitía que su estilo se fundiera con el mito y sus trazos originales. En ese sentido, su Spider-Man está más cerca del Batman de Tim Burton que del Hombre Araña que lo seguiría.

Tony Stark (Robert Downey, Jr.) es aquí el mentor de Peter Parker (Tom Holland)
Tony Stark (Robert Downey, Jr.) es aquí el mentor de Peter Parker (Tom Holland) Crédito: Sony

El sorprendente Hombre Araña, tanto la primera como la segunda película, fueron dirigidas por Marc Webb e implicaban un diálogo entablado tanto con la generación PlayStation como con los films anteriores: se buscaba allí que lo acrobático ahora se viera en primera persona. Y se trataba de encontrar un nexo concreto con los primeros relatos del personaje contando -a la vez que se apelaba torpemente a la limpieza de estilo y a un realismo que tenía sus pequeños logros- la primera gran tragedia del cómic arácnido (y acaso del mainstream de los superhéroes): la muerte de Gwen Stacy, interpretada con inteligencia por Emma Stone .

Son esos ítems ya tachados en otras películas lo que Spider-Man: De regreso a casa tenía anotado en su machete, permitiéndose entonces eludirlos o usarlos como cédula de identidad (a la hora de intentar dar un beso mientras está colgado, el Spidey de Holland se cae de cabeza). Hoy, Spider-Man por fin tiene la edad perfecta: ya no necesita contar su origen ni pasear espectacularmente por Manhattan para impresionarnos. Sólo necesita ser el adolescente más poderoso de la historia del cine. Otra vez.

Una fantasía con los pies sobre la tierra

Spider-Man: De regreso a casa es una película de superhéroes que tiene mucho del cine de educación sentimental adolescente. Gran parte de su metraje transcurre en el colegio al que asiste Peter Parker (el británico Tom Holland tuvo que asistir tres días a un secundario en Estados Unidos para conocer de primera mano la experiencia).

Eso ha llevado a que se hable de ella como una posible esperanza para el futuro de estos relatos junto con Logan -un western crepuscular-, ya que muestran un modo posible en el que los films de superhéroes pueden diluirse en otros géneros. Estas películas alteran la rutina de producción en Hollywood, pero al menos en el papel -en los cómics- esa práctica es frecuente y hasta podría decirse que define al género. Lo más interesante de Spider-Man: De regreso a casa es su intento de fundar relatos con los pies en la tierra y, más específicamente, en la adolescencia. Su productor, Eric Carroll, lo definía así: "Es el punto de vista del hombre común del universo cinematográfico de Marvel".

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