Landrú, el hombre que creía con su vida que lo que nos diferencia de los animales es la risa

El célebre humorista murió ayer, a los 94 años, y dejó un claro legado
Juan Manuel Domínguez
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7 de julio de 2017  • 13:42

"Yo soy dibujante. Es lo que he sido siempre. Desde que nací. Un dibujante.", esas palabras definían, según él, a Landrú (alguna vez Juan Carlos Colombres). Su reciente muerte, ayer, a los 94 años genera un pequeño riesgo, siempre posible, frente a la muerte de alguien que durante varias décadas de gobiernos peronistas y militares se las arregló para siempre generar procesos de ruptura.

Juan Sasturain apenas enterado de la noticia lo marca para LA NACION de forma clara: "Landrú fue un creador. Como siempre pasa con la perspectiva, sobre todo con alguien que vivió muchos años como él, queda todo al mismo nivel, es como mirar al cielo: todas las nubes juntas. Y no. Landrú tiene una trayectoria que es muy poderosa, muy nueva y muy audaz en términos conceptuales, desde que aparece en el humor gráfico en los 40 y hasta mediados de los 60. Ese período es muy importante. Ahí está su capacidad de ruptura. Fue quien sistemáticamente introdujo el absurdo y el humor negro en nuestra tradición, ya que no había sido cultivada por las revistas de Dante Quinterno y Divito. Extraordinarias tradiciones, pero distintas. Pero Landrú funda otra cosa. Landrú y Oski, el otro pie, son los grandes innovadores."

Nacido un 10 de enero de 1923 y fascinado con el dibujo (y el absurdo) desde niño, algo que puede observarse en libros como Landrú por Landrú y el reciente y siempre fundamental Landrú! ¡El que no se ríe es un maleducado!, Colombres publicó en Don Fulgencio su primera viñeta de humor gráfico el 17 de octubre de 1945 (una fecha que parece hasta diseñada por el mismo Landrú en su ironía, considerando sus posturas políticas y sociales) y ese mismo año, sin resignar el sinsentido pero mostrando su conexión con la realidad, en Cascabel aparece su primer chiste político. "Tenés el perfil más parecido a Landrú que he visto en mi vida.", le dijo Faruk, el hijo de Lino Palacios y compañero de páginas por aquel entonces. Desde allí, su nombre de pluma sería definitivo, y mucho más cuando abandona su trabajo en Tribunales, donde conoció a su amigo el famoso periodista e historiador Rogelio García Lupo (que inspiraría una de sus míticas creaciones: Rogelio, el hombre que razonaba demasiado). Es en 1953 donde ya empleado en trece revistas, Landrú decidió vivir del mundo editorial

La clave para entender a Landrú se encuentra en toda su obra, pero su Tía Vicenta (1957-1966) es su núcleo: allí aparecen varios Landrú, todos juntos, amuchados en su inteligencia, bondad y filo. Ahí están desplegados el editor, el humorista gráfico y el escritor cómico (con clásicos como La Familia Cateura, María Belén y Alejandra, Tía Vicenta, el Doctor Chantapufi, las señoras gordas y más). Aparece también el innovador, que desde un humor poco convencional (que en la revista aparecía desde el diseño mismo hasta su más mínimo rincón) anuló estereotipos y sus usos.

Landrú no hacía un humor popular e hizo trizas el costumbrismo habitual (que vivía por ejemplo en revistas como Rico Tipo o Patoruzú) desde una idea claro sobre el absurdo y saber deconstruir modos, tics y lugares comunes de varias clases sociales (tanto los nuevos ricos, a quienes muchos definen como su hábitat natural, como a las clases populares, algo que siempre le generó acusaciones). Generó espacios en el humor que no habían sido explorados, y abrió las puertas a muchos autores que allí pudieron ser plenos en su estilo o sus primeros pasos: Dobal, Osvaldo Laino, Liotta, Caloi, Juan Ángel Sagrera, Basurto, Garaycochea y muchos más (realmente muchos más).

Tía Vicenta es el ejemplo claro de su potencia, de sus generosidad, de su ironía (a Frondizi le molestaba como dibujaba su nariz y por ende lo dibujo de espalda un año) y de sus límites ("no puede soportar el endurecimiento y la sangre mezclada con la política" dirá Sasturarin). Pero no es el único. Sus pasos tanto en Avivato, Continente, Vea y Lea, Pobre Diablo, Rico Tipo, Patoruzú, Sucedió con la Farra, Dinamita, Gente de cine, Loco Lindo, Leoplan, Gente y la actualidad, El Mundo, Clarín, Somos y Mercado solo dejan en claro lo que el nombrado Ciudadano Ilustre en el 2003 fue hasta sus últimos dibujos: alguien que creía con su vida que lo que nos diferencia de los animales es la risa. Entonces, por Landrú, ¡no sea animal ¡ríase!

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