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De Montreal a Nueva York, vía Boston

Un viaje no es sólo llegar a destino, sino también estar en el camino, vivir el ajetreo de las estaciones, verlos paisajes por la ventanilla y dejar volar la imaginación
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3 de marzo de 2000  

MONTREAL.- Deje los aviones para los apurados, para los que saltan de una cosa a otra sin disfrutar de las transiciones. Entrar a la Costa Este de los Estados Unidos por vía terrestre desde Canadá le deparará algunos paisajes inolvidables.

Así como todos los lugares tienen su encanto, todas las estaciones tienen el suyo. El invierno norteamericano le ofrecerá la nieve; la primavera y el verano, los distintos tonos de verde. Pero si uno está en condiciones de elegir, la mejor época del año para emprender este recorrido es, sin duda octubre, justo antes de lo que allí llaman the fall , la caída de las hojas a principios del otoño.

Las distintas variedades de árboles reaccionan cada una a su manera: a algunos las hojas se les ponen coloradas, a otros amarillas, o anaranjadas, y algunas persisten en quedarse verdes. El efecto de conjunto le despertaría sana envidia a más de un pintor.

No voy en tren, voy en micro

Entre Montreal y Boston no hay tren directo. Hay una combinación posible vía Maine que sale a las cinco de la mañana. Pero el viaje resulta mucho más largo y más caro que en ómnibus, que además ofrece varios servicios por día. En tales condiciones, sólo se le ocurriría optar por el tren a algún maniático muy particular (aunque no por eso menos respetable).

La terminal de ómnibus de Montreal está a diez o quince minutos de subte desde el centro. Se puede sacar con anticipación un pasaje abierto, y reservar plaza por teléfono. Pero no se reservan asientos, y como la capacidad nunca se completa, basta con llegar veinte minutos antes y ponerse en la cola.

El ómnibus tiene baño, por supuesto, y los asientos son confortables, aunque nada fuera de lo común. No se preocupe, sporque lo extraordinario aparecerá del otro lado de la ventanilla.

Durante la primera hora de viaje, hasta llegar a la frontera, el ómnibus recorre las praderas canadienses, con sus sembrados y pueblitos y casas de campo construidas en madera pintada. El trámite en la frontera es breve. Quienes no tienen pasaporte canadiense o estadounidense deben completar un formulario de ingreso en Estados Unidos y pagar amablemente 6 dólares. De allí en más, el paisaje comienza a volverse ondulado, con perfiles de montañas más altas en el horizonte, bosques sobre las colinas, y algunos sembradíos y pasturas con ganado en las zonas más bajas.

Todo el viaje, como no cabía esperar de otra manera, es por espléndidas autopistas. Hay dos paradas, en Burlington y en White River (ambas en el Estado de Vermont). Si uno cree que puede llegar a tener alguna necesidad de alimento antes de las cinco horas de viaje, momento en que se realiza la segunda parada, conviene comprarlo antes de salir, porque en la primera parada sólo encontrará una máquina expendedora de snacks. De modo que podría sentir envidia por la gordita de al lado que arrancó el viaje comiendo un plato de pollo con arroz para llevar.

Las elevaciones se hacen más pronunciadas en la parte intermedia del trayecto, y sólo alguna ciudad de tanto en tanto interrumpe el colorido de los bosques.

En la parte final, las ondulaciones vuelven a suavizarse y los centros urbanos aparecen con mayor frecuencia. La autopista se desliza hasta pleno centro de Boston y, a poco más de siete horas de haber partido uno se encuentra en la South Station, con todos los medios de transporte a su disposición, y listo para disfrutar de la ciudad con mayor cantidad de universidades en Estados Unidos (más de cuatrocientas, entre ellas Harvard). Y también, claro, de la ciudad donde se combinan lo más tradicional de Nueva Inglaterra con el mayor avance traído de la mano del poderío económico.

Con frecuencias y barato

Trenes y ómnibus parten de la South Station de Boston hacia Nueva York casi con tanta frecuencia como el colectivo 60 de Constitución al Tigre. El ómnibus tiene servicios más frecuentes, y es más barato. La duración del viaje, en casi todos los casos, es de alrededor de cuatro horas.

A medida que uno se aleja de Boston y se acerca a la gran urbe, los bosques de árboles van transformándose en una selva de cemento casi ininterrumpida, aunque no falten las arboledas en las calles y los parques. Las ciudades más importantes en el camino son Providence (los ómnibus más directos no pasan por allí), Hartford (Stamford en el caso del tren, o del ómnibus vía Providence) y New Haven (donde está la Universidad de Yale). Al pasar por esta última ciudad, se alcanza a ver el Atlántico. Y de allí en adelante el paisaje es urbano.

El tren llega a Penn Station, en el subsuelo del Madison Square Garden (calle 33 y 8» avenida). La terminal a la que arriba el ómnibus no está muy lejos de allí (calle 42 y 8» avenida).

Al margen de cualquier otro motivo que pueda inclinar la decisión por uno u otro medio de transporte, el ómnibus ofrece una yapa digna de ser tenida en cuenta a la hora de elegir: el recorrido por Manhattan hasta la terminal es un verdadero city tour gratis (y todo por el mismo precio).

La entrada es por pleno Harlem, y desde allí, a través de la 5» avenida, el ómnibus recorre casi completo el lado este del Central Park, pasando por la zona de los museos. Luego atraviesa el parque por la calle 66, y desde allí recorre el centro por la 8» avenida hasta la terminal. Ni qué decir que, si el viaje es en otoño, el Central Park lo recibirá con los mismos colores que los bosques de Nueva Inglaterra.

Datos útiles

Cómo llegar

  • El aéreo de Buenos Aires a Montreal cuesta alrededor de 1300 dólares.
  • En tren

  • De Montreal a Boston, hay un servicio diario; el pasaje cuesta 100 dólares.
  • De Boston a Nueva York hay 11 servicios diarios. El viaje dura 4 horas y cuesta 65 dólares, en la clase turista; primera clase, 73 y 93 en business.
  • En ómnibus

  • De Montreal a Boston hay 6 servicios diarios, el viaje dura 7 horas y cuesta 52 dólares.
  • De Boston a Nueva York, la empresa Greyhound, la más importante, ofrece diariamente treinta y un servicios directos o con paradas intermedias. El viaje dura 4 horas en el servicio directo, y entre 4 y 6 si hay paradas intermedias. El pasaje cuesta 35 dólares.
  • Alojamiento

  • En Montreal: una habitación doble en un hotel tres estrellas cuesta alrededor de 50 dólares; en un cuatro estrellas, entre 60 y 190.
  • En Boston y Nueva York: una habitación doble en un hotel tres estrellas, alrededor de 150 dólares; cerca de 200, en uno de cuatro.
  • Más información

  • Oficina de Turismo de Canadá, Avda de Mayo 776 P. 2, 4345-4597.
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