Gerardo Chendo, un artista consagrado a la enseñanza

En Lo único que hice fue jugar, de Irigo, el actor se desdobla para interpretar tanto la niñez como la adultez de Manuel, un hombre signado por los problemas familiares
Carlos Pacheco
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31 de julio de 2017  

Tras varios años en la TV y en el cine, el también dramaturgo se dedicó a la docencia
Tras varios años en la TV y en el cine, el también dramaturgo se dedicó a la docencia Crédito: Ignacio Sánchez

Actor, dramaturgo, docente, director, cantante. Desde hace aproximadamente dos décadas Gerardo Chendo viene construyendo una carrera muy destacada en teatro, cine y televisión. Cuando comenzó a proyectarse la publicidad ocupó un lugar muy importante en su trabajo. Pero aunque su recorrido es amplio, él prefiere no diversificarse tanto. "Es difícil hacer varias cosas a la vez, aunque me gusten -cuenta-. Es como estar un poco en cada lado y eso te lleva a comprometerte a medias y a no profesionalizarte. En mi caso, siempre ganó el actor y el docente. Ambos van de la mano y creo que se realimentan." Y lo dice además en referencia a la labor que desarrolló con el grupo musical Gerardo Chendo y los Pájaros Tronantes. Entre 2013 y 2014 realizaron un ciclo muy destacado en Clásica y Moderna donde interpretaron versiones de clásicos de la música argentina.

Actualmente, Chendo protagoniza, en Espacio Callejón, Lo único que hice fue jugar, del autor y director Sebastián Irigo. Una obra que lo obliga a realizar una labor muy compleja, ya que muestra a su personaje, Manuel, en dos planos, uno corresponde a la niñez y el otro expone al ser adulto.

"La historia está narrada desde la perspectiva de ese pequeño que vivió un momento crucial dentro del seno familiar. Es una obra escrita con mucho riesgo, es muy valiente y conmovedora. El público se siente muy identificado con lo que sucede. Sebastián Irigo va a dar mucho que hablar. Estar en sus manos ha sido muy interesante y el casting que hizo es muy bueno (Laura Oliva, Federico Buso, Sebastián Politino, Josefina Scaglione). Su trabajo posibilitó que haya entre nosotros una interacción muy activa", cuenta el creador.

Gerardo y Sebastián fueron compañeros en un taller de dramaturgia que dictó Javier Daulte. En ese tiempo Irigo comenzó a escribir este texto pero Chendo nunca pensó que podría llegar a representarlo. Cuando lo leyó el actor sintió que era muy afín a sus búsquedas dentro del teatro alternativo. "Me parece una obra muy moderna, muy transparente, nada pretenciosa y a la vez contundente. Cuando acepto hacer algo en el teatro independiente me tiene que interesar mucho y este proyecto me fascinó."

Esa modernidad a la que se refiere puede verse en su despliegue escénico y en su tratamiento actoral. "Es como un gran juego de mesa con reglas muy claras -sostiene-. Posee una estructura dramatúrgica muy completa. Plantea un asunto, detona la bomba, resuelve y tiene un final. En este momento, eso para mi tiene un valor muy importante. No siempre sucede. Se ponen muchas bombas, pero no se prenden las mechas o se apagan rápido o la obra termina inesperadamente. Uno solo alcanza a ver como una pincelada."

En tiempos de mucha actividad, búsquedas disímiles y con una cartelera que semana a semana se amplía más, parecería resultar difícil encontrar procesos de buena factura. "Me parece que estamos viviendo un momento de mucha producción en el que la gente se junta y hace -reflexiona Chendo-. A veces se ocupan roles que no están del todo acabados. No hay mucho tiempo y se precipitan los proyectos. En algunos casos observo carencias de formación. Hay muy buenos actores que se abren hacia la dramaturgia y por ahí les falta un rulo más. No es fácil armar una obra de teatro; sí conseguir mundos, posibles personajes. El tema es que todo se combine y eso no siempre sucede porque se desconocen algunas reglas. Los actores tenemos muchas ganas de hacer y ocupamos espacios para los que no estamos preparados. Me gustan las obras que se hacen cargo de lo que proponen, lo desarrollan a fondo y lo resuelven."

Gerardo Chendo se define como un artista muy inquieto. Se formó con diversos maestros (Carlos Gandolfo, Pompeyo Audivert, Javier Daulte, Alejandro Catalán), actualmente se entrena en clown con Marcelo Katz y dicta talleres de actuación. "Mi carrera es muy variopinta -comenta-. Tuve la suerte de trabajar con grandes maestros como Sebastián Borensztein en la película La suerte está echada; con Juan José Campanella hice Entre caníbales (Telefé), con Damián Szifron protagonicé el último capítulo de Los simuladores. Trabajé mucho con Cris Morena en programas que fueron muy importantes por la repercusión que tuvieron ( Chiquititas, Floricienta). A veces a alguna gente le cuesta encasillarme. Hace diez años que soy docente. Voy tratando de combinar mi actor con el docente y también empecé a dirigir a mis alumnos. Los aliento mucho a formar compañías."

Lo único que hice fue jugar

de Sebastián Irigo

Espacio Callejón, Humahuaca 3759

Hoy, a las 20.45

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