Gimena Accardi: "es muy importante frenar y llorar, pero también levantarse"

Top, Blackmamba, $1560
Top, Blackmamba, $1560 Crédito: Martín Pisotti. Producción de Manuel Aversa
Vive un presente exitoso y en constante movimiento, pero encontró también la fortaleza y la calma para transitar el dolor.
Soledad Simond
María Eugenia Castagnino
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3 de agosto de 2017  • 00:00

Es bien temprano a la mañana y nos juntamos a desayunar con Gimena antes de arrancar con la producción de fotos de tapa. Se la ve serena, relajada, casi como si ya hubiera aprendido que estar en movimiento permanente es su nuevo estilo de vida. Y que le encanta. Nos cuenta que este es su último día en la ciudad y que esta misma noche arma la valija para salir de gira durante 15 días por el sur argentino con la obra El otro lado de la cama, la comedia teatral que es un éxito desde 2016 y que protagoniza junto con Nico Vázquez, su marido. Es la primera vez que charlamos con ella y, como toda primera vez, la mirada es nueva, fresca y sin prejuicios. Descubrimos a una mujer sensible, positiva, comprometida y con mucha fortaleza para poner el cuerpo y transitar los sinsabores de la vida. Y lograr aprender de eso.

¿Y cómo es esto de la vida nómade, de andar recorriendo el país?

Yo digo que corro con la ventaja de trabajar con mi marido, entonces, de repente extraño mi casa, mis mascotas, mi lugar, mis amigos..., pero sin tu pareja es muy difícil, porque encima nosotros somos re pegados.

Igual, laburar con la pareja imagino que no debe ser fácil.

Es el encuentro donde más roces tenemos, porque en la convivencia nos llevamos impecable. Hace casi diez años que convivimos y siempre fue muy fácil, en esas áreas nos manejamos bárbaro. Te diría que donde más roce puede llegar a haber es en el trabajo.

¿Qué tipo de roces, por ejemplo?

Nico en esta obra es como el productor artístico, es un poco el director...

¡Es tu jefe!

Es un poco mi jefe, sí. Y tiene una forma de laburar muy acaparadora, de ocuparse de todo, y su productividad la lleva a su laburo con mucha energía. Y yo soy mucho más tranquila, más onda “bueno, pará, lo hacemos mañana, después veo”. “No, fijate este texto”, y ya llevamos 350 funciones y seguimos corrigiendo cosas. Somos muy distintos en cuanto a energía, yo soy mucho más pasiva y él es mucho más activo. Pero nos equilibramos así. Siempre digo que él todo lo que puede hacer hoy ya lo hizo ayer y yo todo lo que puedo hacer hoy lo hago mañana. Creo que eso es lo que más nos define.

Izquierda: vestido, Comité Apparel, $1575. Derecha: vestido, Ay Not Dead, $3070
Izquierda: vestido, Comité Apparel, $1575. Derecha: vestido, Ay Not Dead, $3070 Crédito: Martín Pisotti. Producción de Manuel Aversa

Con lo que pasó con la muerte de tu cuñado, ¿cómo fue verlo a Nico triste? Quizá para vos fue un cambio de rol, si él es un empujador, de pronto ser vos la que empujás.

Sí. Fue un golpazo, una piña total. Se desmoronó el mundo de todos, no había aire. Y bueno, ahí estuve, con él, con su familia. Esos meses estuvimos rodeados de amor a un nivel que no te podría ni explicar con palabras. Lo que vivimos con nuestros amigos, con todas las personas que se acercaron, fue algo que no vamos a olvidar nunca y que nos ayudó muchísimo a todos.

¿Descubriste cosas nuevas del vínculo de ustedes en ese momento?

En estos diez años pasamos muchas cosas, buenas y malas. Somos una pareja de hablar mucho, de comunicarnos en profundidad y con temas fuertes, entonces nos conocíamos ya en ese lugar..., aunque no en esta tragedia inmensa. Para mí, pasó lo que tenía que pasar con respecto al vínculo, apoyarse cada vez más y agarrarse fuerte la mano. No hay mucha opción.

¿Y de vos descubriste algo? ¿Una fuerza que no sabías que tenías?

Sí, sí. Me redescubrí en situaciones límite una vez más. No estoy ajena al dolor, no tengo una vida de rosas en la que nunca me pasó nada. Perdí a mi mamá de muy chica, con lo cual me redescubrí en el dolor, en el duelo y en vivir una tragedia así una vez más. Solo que más grande.

Y con otras herramientas, quizá.

Sí, con otra experiencia. Yo soy bastante creyente de las energías, las almas. Todo ese mundo me interesó desde siempre. Soy muy estudiosa de eso y ando sacándole lo positivo a lo negativo. Intentando laburar eso.

La vida también tiene sus zonas “oscuras”.

Sí, y hay que intentar crecer con eso, que el dolor no sea en vano, que no quede solo en llanto. Decir: “Bueno, esto pasa por algo y hay que aprender”.

Incluso te conectaste con la gratitud...

Sí, cuando me enteré de la autopsia de Santi, que tenía un corazón de alguien de 85 años, logré ver lo positivo en decir: “¡Ah!, a Santi lo tuvimos 27 años de prestado porque no era un corazón para vivir 27 años”. Y se lo empecé a decir a la mamá, al papá, porque él vivió de milagro. Y ahí dimos vuelta un poco el sentido. Es verdad que el dolor sigue, el enojo, todo, pero nos dio un baño de luz, un poco de aire.

Te ayuda a relativizar un montón también cuando pasan estas cosas y decís: “A veces me hago tantos problemas por boludeces...”.

Sí, ahí entendés que la vida pasa por otro lado. Los problemas cotidianos no son nada, son pavadas y todo tiene solución. En ese sentido, yo soy así desde siempre, no es que esto me hizo cambiar. Soy muy relajada, no soy de hacerme problema por las cosas ni de confrontar, no me gusta el quilombo, la pelea. Siempre soy muy mediadora, de decir: “Vos pensás esto, vos pensás aquello, bueno, charlémoslo y por ahí llegamos a un acuerdo”. Escucho, intento entenderte, soy bastante racional con todas esas cosas. No voy por la vida llevándome el mundo puesto.

No te manejás por impulso…

No, hasta para enojarme tengo que contar hasta dos millones. Para que me enoje, tengo que venir arrastrando mucho, si no, me pasa por al lado. No me conecto con el enojo.

Bueno, pero hay veces que, en esas situaciones límite, el enojo es inevitable. Es parte del duelo...

Sí, ni hablar. Enojada, sigo enojada. Pero es parte del proceso. Si no lo tenés, en algún momento explota. En situaciones cotidianas no me enojo, en situaciones más límite como esta sí.

Pero es verdad que hay una especie de marketing de la felicidad también, ¿no? De no entender que la vida es estos altos y bajos. Cuando estás mal, la gente te quiere ver bien rápido, y es una utopía.

Es muy importante frenar y llorar, pero también es muy importante levantarse. Obviamente vas a llorar 15 días seguidos sin parar, las 24 horas. Pero también el cuerpo, el alma, la mente se va acostumbrando a ese proceso medio cíclico y hace que no te levantes más de la cama y llores durante años. En algún momento te tenés que levantar y seguir, porque si no, se convierte en una depresión, terminás empastillada, yendo al psiquiatra, y no podés seguir con tu vida.

Polerón, Basement para Falabella, $990
Polerón, Basement para Falabella, $990 Crédito: Martín Pisotti. Producción de Manuel Aversa

¿Cómo te llevás con tu suegra?

Bien, re bien. Mi mamá murió cuando yo tenía 18 años, así que es medio una mamá entre comillas en el sentido del amor que nos tenemos, cómo nos cuidamos y cómo es ella conmigo, es súper cariñosa. La adoro. Es muy raro adorar así a tu suegra, pero me pasa. Es muy buena, muy generosa, y le hablo y le contesto como si fuera mi mamá en cuanto al vínculo.

O sea que no le decís a Nico para que le diga a ella...

No, todo se lo digo a ella en la cara, se caga de risa. Viste que con los padres una puede decir cualquier barbaridad porque tiene la confianza. Si estoy con cara de orto, me dice: “Qué cara de orto que tenés”, y yo: “Bueno, estoy de mal humor”. Tengo esa confianza de que yo sé que ella después no le va a decir a Nico: “Che, qué cara de orto tenía Gime hoy”.

Y la muerte de tu mamá a los 18..., ¿estaba enferma?

No, 46 años, estaba impecable, psicóloga, una mina muy abierta, muy bocho. La mamá del grupo de mis amigas, era todo. Le dolió la cabeza un día, se fue al Fleni, tumores, cáncer, le quedaban tres meses de vida. Listo. Así fue. Y en cuatro meses se murió. Y ahí fue el cambio este en mi vida muy rotundo, en una etapa en la que, con 18 años, sos como adolescente, entrando a ser una mujer.

No habías terminado de formarte...

Sí, aunque, como laburo desde muy chica, tenía una cabeza un poco más abierta y hablaba mucho con mi mamá, tenía mucha conexión, mucho vínculo. Y sí, fue un golpazo, pero instantáneamente hubo algo más. Dijimos: “Bueno, la vida es esto, ¿y ahora?”. Fui aprendiendo, creciendo, entendiendo. Y siempre teniéndola muy presente.

¿Y te dan ganas de ser mamá? ¿Cómo estás con eso?

Sí, tengo muchas ganas, me encantaría, lo que me pasa es que con la obra ya estamos cerrando giras para 2018 en los meses de marzo, abril y mayo, entonces...

No podrías hacer la obra embarazada...

Si llega por esas casualidades de la vida, no me importa nada, me bajo de donde sea, pero en este momento no lo podemos proyectar. Tal vez un buen momento sea ya para fines de 2018. No me gusta proyectar, igual.

Pero vos sos consciente de que hay un deseo ahí.

Sí, pero bueno, ahora se extendió más la maternidad también. Recién a partir de los 30 las mujeres empiezan a pensarlo. Hoy las mujeres laburan, se proyectan, estudian, tienen sus trabajos, y después arrancan con la familia. Antes era al revés, a los 18 quedaban embarazadas, se casaban...

Y también hay más conciencia de cómo traer un hijo al mundo, como que hay que trabajar mucho en una misma antes de traer a otro ser...

Lo que pasa es que después, si no, pasa algo que hemos visto con nuestras abuelas, madres..., que sus propias frustraciones empiezan a caer en esos chicos, sus frustraciones de no haber cumplido sus sueños...

Igual, ustedes ya vivieron un embarazo...

Sí, pero lo perdí. Ya estaba de tres meses y medio, no me la vi venir.

Y les pasa a tantas mujeres que no lo dicen... Es como un tema tabú.

Perder un bebé es un parto, con contracciones, y es un tema que no está muy hablado. Yo a mi médico lo amo, pero no me preparó... No me explicó que iba a pasar todo lo que viví durante esos meses. Y me pasa ahora con amigas, que perdieron bebés también y las preparé yo: “Mirá, lo que sentís es esto, esto y esto. Hacé esto, esto y esto. A mí no me lo dijo un médico, yo lo sentí en mi cuerpo. Porque siento lo que es una contracción y siento cuándo hay que pujar. Está muy en nuestra naturaleza y es importante tener los sentidos abiertos y trasladarlo a otras mujeres. Porque tal vez el médico no te lo dice solo por ser hombre, porque no sabe cómo se siente. Si no sabés, te quedás en una cama, te meten pastillas y a ver si lo perdés acostada... Y hay todo un laburo que se hace con el cuerpo. Por eso nos tenemos nosotras, para ayudarnos y contarnos cómo es.

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Bomber, MNG para Falabella, $2490. Camisa, Divina, $2290. Pantalón, Lacoste. Zuecos, Arezzo by Grimoldi, $1990 Crédito: Martín Pisotti. Producción de Manuel Aversa

¿Qué es lo que más te copa de ser mujer?

Amo nuestra intuición, nuestra fortaleza, cómo a lo largo de todos estos años fuimos avanzando y logrando en muchos casos la igualdad de derechos, en otros casos todavía no, nos falta un montón de camino.

¿Y qué sentís que nos falta todavía construir?

Primero, la unidad: no acusarnos y no juzgarnos. Somos las primeras en defendernos y las primeras en atacarnos también. Se ve mucho en las redes sociales. Lo puedo ver con compañeras de laburo: suben una foto con algo escotado y “sos una puta”, instantáneamente. Por tener una remera... ¿Qué son esas cabezas tan machistas?

¿Y vos sos consciente de eso? Cuando subís cosas a tus redes...

Re. Soy muy consciente de lo que escribo, lo que tuiteo, de la foto que subo y de cómo la subo. Lo pienso cinco veces antes de hacerlo.

Y va mucho más allá de venderte a vos...

Soy muy cuidadosa. Si de repente me veo muy flaca en una foto, no la subo. Aunque yo sé que soy flaca, que como y que soy hipersana, no quiero generar eso. Prefiero subir una foto en la que se me vea un rollo antes de que se me vea una costilla. Una vez me pasó que estábamos haciendo unas fotos en bombacha y corpiño. Cuando las veo, digo: “Ah, pero qué flaca que estoy, boluda”. Y la fotógrafa me dice: “Ah, no, te retoqué, te saqué la cintura...”. “No –le dije–, ni se te ocurra hacerme este cuerpo, porque, primero, no es mío, y segundo, no sabés qué flaco se ve”. Dejame mi cuerpo. Le digo: “No me pongas tetas, que se vean mis tetas pequeñas y que se vea así, no me agregues tetas porque no quiero”. Aparte, las mujeres se sienten muy ofendidas con eso, generás más bronca, odio, rencor, envidia.

Y a veces, en pos del feminismo, nos maltratamos también. No nos damos lugar a las versiones de cada una en esa discusión...

¿Sabés cuál es el tema? ¿Qué significa feminismo? La mayoría no sabe. Tal vez creen que es la contra del machismo, pero no tiene nada que ver con eso. El feminismo es la diferencia en la igualdad de derechos, nada más. Pero es un tema muy de raíz, no tiene que ver solo con nosotras, tiene que ver con ese chip instalado desde hace muchos años. Y por eso es tan difícil cambiarlo y hacerles entender que la mujer se tiene que hacer valer y que la mujer es hermosa y que por subir una foto con un top no sos ni una puta ni una no puta. Sos una mujer y subís lo que querés.

Maquilló Vero Fioravanti. Peinó Magui Beyfeld para Mag Hair Studio con productos L´Oréal Proffesionel. Agradecemos a Casa Cavia por su colaboración en esta nota.

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