Cómo volver al ruedo después de ser madre

Crédito: Ilustración: Flopa
La difícil meta de retomar la vida después de la maternidad esconde tres claves: no exigirte, armar agenda y pedir ayuda.
Ana Paula Queija
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14 de agosto de 2017  • 00:31

La sabiduría femenina o el oído atento al entorno nos marcan que, después de convertirnos en madres, en algún momento vamos a tener que pegar la vuelta de regreso a nosotras mismas. Tarde o temprano, será necesario tomar esa ruta que nos lleva a reencontrarnos con quienes fuimos siempre o, mejor dicho, con quienes somos hoy. Y si bien se puede postergar, por razones obvias –teta, pocas horas de sueño, un tiempo de conexión mamá/bebé único y mágico–, en tres, seis o doce meses está bueno empezar a buscarse. La primera trampa con la que nos topamos es sentir que, si ponemos mucha atención en nosotras, abandonaremos a nuestros hijos. La segunda es el miedo y la pereza de bucear en las nuevas profundidades de nuestro mundo emocional. La última (y muy válida) es la falta de energía: el puerperio es agotador. Pero no hay que abrumarse, sino recorrer con calma las distintas dimensiones de nuestra vida, para recuperarlas poco a poco, confiando ciegamente en que ser una misma va a ser bueno para todos.

Abandonar el estado de “licencia”

Convertirse en madre lleva su tiempo de digestión. Hay una transformación insospechada que impacta –sin anestesia– en todos los esquemas que teníamos, y que hace que la licencia sea necesaria no solo a nivel laboral, sino también personal. Un time out de todo el resto de las cosas, para poner la energía completa en comprender y asimilar el evento más revolucionario de nuestras vidas, facilita la transición. Pero en algún momento, hay que regresar de ese tiempo congelado. Por más difícil que resulte, encendé los motores y, de a poco, recuperá espacios, hobbies y vínculos.

Al trabajo

El regreso a la oficina es una tarea ardua. La estadía en casa genera una inercia difícil de abandonar y la dependencia del recién nacido se siente como una responsabilidad imposible de delegar. Es cierto que conciliar el trabajo y la familia es un obstáculo complejo, pero si tenés claro que volverás a trabajar –por deseo o por necesidad–, no maquines demasiado, porque el enrosque solo te va a hacer perder tiempo de disfrute durante tu licencia. Dale espacio a cada momento.

La clave: planteá de antemano cómo serán la dinámica familiar y la repartición de tareas domésticas con tu pareja y definí un plan B y un C para los casos en que surjan requerimientos excepcionales en tu casa, como una visita al pediatra. También, aliate con mujeres que hayan pasado por lo mismo y apoyate en ellas para que el regreso no sea tan angustiante; y hacé lo posible por erradicar los sentimientos de culpa, que impactan negativamente en tu bebé, en el trabajo y en vos misma. Averiguá con tus jefes o RR. HH. si hay alguna modalidad soft landing para volver de a poco y que el shock no sea tan abrupto, ni para vos ni para el bebé.

Al sexo

Crédito: Ilustración: Flopa

Si bien se puede empezar a tener relaciones desde que el obstetra lo autoriza –algunos lo habilitan a los 15 días, otros a los 40–, recién a los cuatro meses del bebé el 80% de las parejas tiene sexo. El reencuentro puede resultarte difícil: dar la teta disminuye el deseo y produce mucho cansancio. A lo mejor sentís pudor cuando el bebito está presente en el cuarto. Y como agravante, se acaba la posibilidad de ser espontáneos como antes.

La clave: una vez por semana, busquen un momento para la pareja –con o sin sexo– que los ayude a conectarse. Así como te hacés el espacio para ir al médico o al súper, agendá una cita con tu marido o novio. No necesitás demasiado tiempo: las relaciones puerperales suelen ser más cortas que el resto, con orgasmos más precoces en la mujer y una “preocupación” que los suele apurar.

A terapia (a hablar de vos)

Crédito: Ilustración: Flopa

Cuando una mujer se convierte en mamá, hay un reemplazo en el eje principal de su vida y sus necesidades pasan a un segundo plano. Es que la dependencia del bebé es tan grande que suele generar una “devoción”, como una extrema necesidad de cuidarlo. Pero esto no es para siempre: a medida que ambos van aprendiendo –vos, a cuidarlo; y él, a arreglarse un poquito más solo–, va apareciendo algo de tiempo. Al sentirte confiada y segura, empezás a relajar la mirada que estaba fija en tu bebé para volver a pensar en vos.

La clave: apenas te sientas un poco entrenada y tranquila en tu rol de mamá, date el espacio para volver a tu terapia. Ya sea psicoanálisis, meditación, reiki o lo que te haga bien, recuperar ese espacio va a ser productivo para reencontrarte con “tu nueva vos”, con tus deseos, y descargar (llorar quizá también) lo que haga falta y sin culpa.

Al estilo

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El estilo es la manera en que nos presentamos al mundo, la imagen que traduce quiénes somos. Interpretamos nuestro interior y lo trasladamos a la vestimenta como forma de expresión. Después de varios meses pensándonos en un envase distinto, ahora podemos encontrarnos con que nuestra onda de siempre ya no nos sienta bien. Claro, porque no solo pueden cambiar nuestros talles, sino la forma en que nos sentimos.

La clave: no abuses del joguineta style ni de las prendas XXL que usabas al final del embarazo. Date el tiempo y el espacio para reformular tu estilo. A veces, pedirle ayuda a una amiga que te conoce bien –y que está más fresca mentalmente– puede estar buenísimo. Lo principal es entender cómo querés verte y recién después buscar las prendas que te identifiquen. Reciclar y dejar atrás aquello que ya no somos es darle espacio y bienvenida a tu nueva yo.

Al gym

Crédito: Ilustración: Flopa

Durante el embarazo, cambia tu centro de gravedad y la zona lumbar, las caderas y las rodillas sufren mucho. Trabajar sobre la flexibilidad y la fuerza de esa zona, al tiempo que te ocupás de la movilidad de la espalda alta para no sentirte tan contracturada, es importantísimo. Es cierto que es difícil activar con tanto cansancio, pero cuando hacés ejercicio, producís hormonas que te hacen sentir bien y disminuís el riesgo de caer en una depresión posparto.

La clave: buscá una actividad que te divierta: lo más importante es mantenerla en el tiempo. Encarala en forma progresiva y con paciencia porque los cambios tardan en verse. Se recomiendan los ejercicios de Kegel para fortalecer los músculos pélvicos; y los circuitos funcionales porque, en 40 minutos, entrenás todo el cuerpo. Si todavía no encontrás el tiempo para salir, caminá con el cochecito, tenelo a upa –en ambas caderas– y llevalo al piso mientras practicás sentadillas. Ojo con las actividades de alta intensidad –esas que te dejan toda colorada–, porque generás un ácido que puede cambiar el sabor de la leche.

Al hobby

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Lo que más nos gusta es lo más difícil de retomar. Sentimos culpa de hacer algo que no responde a las obligaciones. Pero tu taller de arte, el fútbol con amigas, un voluntariado o las clases de canto son esas actividades que te gratifican, que te hacen volver a sentirte “vos” y a las que tenés que tratar de volver (aunque cuando vayas, inevitablemente, hables mucho del recién nacido).

La clave: no existe tiempo más alegre con tu bebé que el del reencuentro después de haber estado con vos misma. Hacé la prueba una vez y lo vas a notar: divertirte y conectarte con tu centro te va a hacer volver a casa con una energía inimaginable. Intentá poner en tu agenda –y pedir ayuda– una vez cada quince días (o una vez por semana, si te animás) ese hobby que tan bien te hacía antes de la llegada de tu bebé. Seguramente empieces con mucha pereza, pero romper la barrera de la primera vez te va a demostrar que valió la pena.

¿Te sentiste identificada con este tema? Más notas, acá: El éxito del fracaso: por qué es importante fallar y Dar la teta no es sólo una elección, también es un derecho

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