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Los secretos de una obra fundacional y milagrosa

Pablo Kohan
Pablo Kohan PARA LA NACION
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14 de agosto de 2017  

Entre las obras más célebres de todos los tiempos, pocas portan un título tan críptico como El clave bien temperado, por lo demás, un enunciado en cuya traducción del alemán original, Das wohltemperierte Klavier, se ha deslizado un error no precisamente menor. En el alemán del siglo XVIII, Klavier indicaba teclado y no clave. Su semejanza fonética movió a creer que Johann Sebastian Bach había escrito esta obra para dicho instrumento cuando, en realidad, es una obra teórica concebida para ser interpretada en algún instrumento de teclado, sea el clave, el clavicordio o, incluso, según algunos aventuran, el órgano. Con todo, no es el sustantivo del título el que lo vuelve un tanto hermético sino ese adjetivo que nos indica que el teclado está bien temperado.

En música, el término temperamento no refiere al carácter ni a la idiosincrasia de una obra, sino a la afinación. Pero no a la correcta afinación de una cuerda, sino a la altura concreta que se le asigna a una nota. En la cultura occidental, dentro de una octava existen doce sonidos afinados (temperados) en semitonos iguales. Del do al do sostenido y de éste al re, existe la misma "distancia". Y así sucesivamente hasta llegar al próximo do. Pero esa división en semitonos iguales es convencional y no se corresponde con las prescripciones de la acústica. Los armónicos que se van generando desde un sonido fundamental, establecen que el do sostenido, en realidad, es una pizca más alto que el re bemol. Así era que, en aquel tiempo, había teclados que tenían afinada esa tecla como do sostenido y otros, como re bemol. Por lo tanto, era imposible tocar una pieza que, en diferentes instantes, requiriera ambos sonidos. La cuestión comenzó a zanjarse hacia 1700 con la idea del temperamento igual, es decir, con una afinación artificial en la cual el do sostenido fuera igual al re bemol. Para consolidar el modelo, Bach escribió una colección de veinticuatro preludios y fugas en todas las tonalidades posibles, las mayores y las menores, para ser tocados en un único y mismo teclado.

El clave bien temperado es una obra fundacional. La colección, admirable, magistral y variadísima, fue concluida en 1722. Inquieto, veinte años después, concluyó una segunda serie con otros veinticuatro preludios y fugas. Las dos fueron editadas luego de su muerte y no hay testimonios de que hubieran sido ejecutadas como ciclo en algún momento. En realidad, El clave... es una obra teórica constituida por veinticuatro dípticos de preludios y fugas independientes. Su presentación como obra de concierto es una decisión de quienes desean traer a la vida esta obra descomunal y milagrosa. Y si puede haber discusiones sobre la pertinencia de su ejecución en vivo como una integral, lo que no admite ninguna duda es la inmensa capacidad de quien lo hará hoy en el Colón. András Schiff es un pianista excepcional que, en sus muchísimos repertorios, acostumbra a desplegar una capacidad analítica sobresaliente y una musicalidad infinita. En la música de Bach para teclado, Schiff es un referente imprescindible. Una auténtica autoridad. Hoy tendremos la oportunidad de comprobarlo una vez más.

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