¿Cómo transitar el dolor por la pérdida de un embarazo?

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Deborah Maniowicz
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15 de agosto de 2017  • 00:20

La pérdida de un embarazo es uno de los temas tabú por excelencia. Hasta que termina el primer trimestre solemos guardar la noticia “por si algo sale mal” y muchas veces ni nos enteramos que una amiga, tía o prima pasó por esta situación.

Cuando quedamos embarazadas sabemos que es algo que puede pasar, está dentro de lo esperable, igual nadie habla del tema.

Hoy invité a Leila Ramos, Psicóloga Perinatal y Coordinadora de Ser Esencial, a descentramar algunas aristas de este tema.

Etapas del duelo

Lo esperable es que el duelo se presente en etapas. A grande rasgos podemos diferenciar tres:

1. Shock: es un primer periodo, generalmente breve y de respuesta automática ante la noticia de la pérdida. Se expresa con sentimientos de mucha confusión mental y emocional. Se manifiesta no poder creer lo ocurrido y dicha incredulidad se propaga en negación de lo ocurrido.

2. Duelo: es el tiempo donde el dolor por la pérdida aparece como una emoción muy intensa. Surgen sentimientos como la rabia, la culpa, la soledad, la tristeza y la indignación.

3. Aceptación: en esta etapa se asume lo ocurrido, pudiendo incluir la pérdida en nuestra historia de vida asumiendo que este dolor siempre será parte de nosotros. Se comienza a depositar la energía en nuevos fines y vínculos, estableciendo una nueva relación con la experiencia vivida, posibilitando así una existencia plena a pesar de lo ocurrido.

“La pérdida gestacional constituye un tabú social”

Puede ocurrir que prospere la sensación de no poder elaborar este duelo. Esto se manifiesta cuando nada de lo que sucede alrededor de la madre que sufrió la pérdida parece consolarla o ayudarla a aliviar su dolor. En estos casos la mujer genera una profunda angustia y un sentimiento de soledad que tiende a dejarla sin herramientas para afrontar este proceso de manera saludable. Este suele ser el momento indicado para buscar ayuda profesional. Es de gran importancia que se acerque a un espacio que se especialice en este tipo de duelos, ya que la pérdida gestacional constituye un tabú social, y esta preponderancia minimizar lo sucedido, lamentablemente no deja afuera a nuestro sistema de salud. El dolor por la pérdida de un hijo es tan profundo que paradójicamente se tiende a callar. Adicionalmente se supone que el tiempo de dolor debería ser corto porque al tratarse una muerte gestacional, el vínculo emocional con ese ser no llegó a desarrollarse. Esto es un grave error que tiende a profundizar el dolor en aquellos padres que desearon, imaginaron, sintieron y amaron a ese hijo o hija, incluso antes de gestarlo. La Alianza Internacional para la Muerte Fetal (International Stillbirth Alliance), señala que la minimización del dolor causado por muertes gestacionales incita a los padres a hacer un duelo silencioso y en soledad que puede tener como consecuencia una depresión. El profesional de la salud debe ofrecer un espacio para que quienes transiten el duelo gestacional puedan validar emociones en un marco de respeto, así como adquirir recursos para vivirlo saludable. Esta ayuda psicológica debe resguardar la singularidad, propiciando un tiempo particular, donde los plazos estimados socialmente para estos episodios, no empañen un proceso único y vital. Me permito citar para graficarlo un fragmento del libro “Las voces olvidadas” de Monica Alvarez:

“Lo esencial es invisible a los ojos. Un embrión es igual al resto de millones de embriones. Pero, de alguna forma, es único, especial, diferente. Como la rosa que cuido el Principito y que se hizo especial para el precisamente por el tiempo que le dedicó, así el pequeño ser que vivió en el vientre de su madre es importante por el tiempo que le dedicó mientras latía en su interior, por ese tiempo que pasó pensando en él, imaginando como crecería la panza, el parto, el bebé soñado. Para parte de la sociedad no es más que un puñado de células muertas por las que no merece la pena gastar ni un segundo más. En cambio para la madre y el padre, es especial, siempre estará en su corazón, y merece que se detenga su vida unos instantes para recordarlo, llorarlo, sentir lo feliz que se fue mientras estuvo vivo en el seno, despedirse de él y dejarlo ir”.

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Tanto nosotras como nuestras parejas sentimos dolor por la pérdida

A menudo se observan diferencias significativas en el modo que tienen hombres y mujeres de atravesar las pérdidas. Esto muchas veces va de la mano de aquello que la sociedad espera de cada uno de los géneros. Las madres suelen expresar sus sentimientos con mayor naturalidad. El llanto, la tristeza, la soledad y la falta de energía resultan característicos en ellas. Los padres, en cambio, suelen presentar un comportamiento activo, necesitando aumentar sus tareas laborales y mostrarse fuertes emocional y físicamente. Esta diferencia en el modo de atravesar la pérdida suele generar rispidez en la pareja. Para ella, él es un egoísta que no sufre por la pérdida de su hijo o hija, que hasta la busca para tener relaciones sexuales resultando insensible y desconsiderado. Para él, ella es una persona vulnerable, predispuesta a enfermar o entrar en un cuadro depresivo; por lo tanto, es necesario protegerla y demostrarle afecto constantemente, siendo el acercamiento sexual, un modo posible de hacerlo. En el hospital veo a diario como la mujer está absolutamente desdoblada en sí, hacia dentro, mientras su compañero la abraza y trata de aliviar ese dolor, como si fuera ella quien sufre más que él. La falta de conexión aparece y muchas parejas no logran acompañarse y transitar juntas este duelo. Saber que pueden llegar a existir diferencias en el estilo de afrontamiento personal, es el primer paso para respetar el dolor y el modo de atravesarlo de nuestra pareja. Acompañarnos como pares, aceptándonos sin juzgamientos y sin sentirnos criticados, es de gran importancia para que la relación no entre crisis y quizás, hasta logre salir fortalecida. Ante un dolor tan profundo, no hay mayor o menor sufrimiento, sino diferentes modos de expresarlo.

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La importancia de contar con una red de sostén

Frene a la muerte aparece un gran vacío, generalmente está acompañado de un desolador silencio. El entorno no encuentra las palabras adecuadas para acompañar, para sostener. La muerte gestacional y / o perinatal, potencia ese no saber qué hacer, decir o qué posición tomar por parte de la red de sostén. Asimismo, estos duelos no son reconocidos por el ámbito legal y laboral quienes no proporcionan ningún tipo de contemplación. A nivel social, la perdida gestacional tiende a ser relativizada, dando lugar a las clásicas frases como "sos joven, ya vendrá otro bebé", "estas cosas pasan", "pronto podrás quedar nuevamente embarazada". Estos dichos, a pesar de haberse construido desde un intento de consolar a un ser querido, solo enfatizan el dolor ya que le restan importancia al sentimiento de una madre y de un padre frente a la pérdida de su bebé. La familia y/o a amigos constituyen una red fundamental en un momento de tanto dolor emocional y corporal. Es importante que estén presente, sin taponar, negar ni minimizar las emociones. Esta presencia debería respetar espacios, plazos y validar emociones. Es importante que se mantenga en el tiempo. Suele observarse que a los pocos días de producirse la pérdida, toda esa red de sostén comienza a desaparecer o vuelve a mantener con la pareja que vivió la pérdida un trato igual al que tenían antes de que ésta ocurriera. Generalmente esto coincide con el pasaje de los padres del estado de shock al inicio del duelo, donde las emociones que aparecen son más intensas y profundas. Quienes decidan acompañar a una madre y a un padre en su duelo gestacional y/o perinatal tienen que saber que éste llevará no solo semanas, ni meses, puede también representar años. La red se tiene que transformar en un equipo, donde puedan sostenerse y comunicarse entre ellos para acompañar respetando la intimidad de los padres y regulando las energías para propagarse a lo largo del tiempo

¿Cómo afrontar una nueva búsqueda sin que el miedo nos paralice?

Para afrontar una nueva búsqueda es importante que la mujer se sienta lista física y emocionalmente. Es importante destacar que no siempre estos dos hechos coinciden en el tiempo. Conocer la causa de la pérdida del embarazo o bien, el motivo de la muerte de su bebé, ayuda a construir seguridad ante una nueva gestación, y a tomar los recaudos necesarios en el caso de que así se requiera. A nivel emocional, el haber exteriorizado sus emociones y haber transitado un duelo consciente y saludable, es vital para emprender un nuevo embarazo sin sumar miedos adicionales a los esperables en esta fase. Sin embargo, luego de vivir una perdida gestacional, es esperable que el temor a una nueva pérdida aflore. El miedo no es sinónimo de parálisis si podemos reconocerlo, exteriorizarlo y buscar contención.

¿Alguna pasó por una situación similar? ¿Cómo enfrentaron la búsqueda de un nuevo embarazo?

Les dejo el contacto de Leila, lic.leilaramos@gmail.com, y les recomiendo que la sigan en Facebook que sube contenido muy bueno y respetuoso sobre embarazo, maternidad y crianza.

¡Buena semana!

Debbie

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