Nomenclatura urbana: de los próceres a las víctimas de violencia

Las denominaciones de calles y espacios públicos variaron con los años; ahora se tiende a recordar a personas asesinadas
Carola Cinto
(0)
16 de agosto de 2017  

En diciembre de 2001, Gastón Riva murió de un disparo efectuado por la policía que lo alcanzó cerca de la Plaza de Mayo; desde el 4 de mayo de este año, por medio de la ley 5811, una calle en el barrio de Flores lleva su nombre. Lucila Yaconis tenía 16 años cuando fue sorprendida por un hombre que quiso violarla, y la golpeó y asfixió hasta matarla; en 2016, la Legislatura porteña le dio su nombre a una plazoleta cercana al lugar del ataque, en Núñez.

"Actualmente, existe una predisposición a elegir gente olvidada que proviene del lado de la cultura, como actores y cantantes. Por otro lado, también se están viendo muchos nombres de víctimas de la violencia de género", dijo Carlos Coletti, uno de los miembros de la Comisión Permanente de Nomenclatura Urbana, creada en 1998 como organismo de consulta para el tratamiento todos los temas concernientes a la imposición o modificación de los nombres de los espacios públicos.

En rigor, no sólo se trata de las víctimas de violencia de género, sino también de personas desaparecidas durante la última dictadura y de otras que murieron por negligencia estatal. "La nomenclatura urbana es el reflejo de un clima de época, que no resulta ajeno a la realidad sociopolítica coyuntural. No es extraño que una sociedad que atravesó una etapa institucional dictatorial rinda homenaje a las víctimas del gobierno de facto. Más acá en el tiempo, una de las principales preocupaciones de los ciudadanos es la inseguridad (en todas sus manifestaciones, la delictual y la institucional); la nomenclatura también es el reflejo de ello", explicó Daniel Paredes, subgerente de investigaciones de la Dirección General de Patrimonio, Museos y Casco Histórico de Buenos Aires.

Lucila Yaconis, recordada en una plazoleta de Núnez
Lucila Yaconis, recordada en una plazoleta de Núnez Crédito: Ignacio Sanchez

La calle Miguel B. Sánchez (futbolista secuestrado y desaparecido) en Núñez, la plazoleta Ernesto Urfeig (desaparecido en 1977) en Chacarita, el parque Ezequiel Demonty (asesinado y arrojado al Riachuelo por la policía en 2002) en Nueva Pompeya, el espacio verde Máximo Mena (obrero del sindicato de mecánicos de Córdoba asesinado por la policía en 1969) también en Nueva Pompeya son sólo algunos de los nombres que se han registrado desde 2013.

Antes, en 2007, figura el antecedente de Marcela Iglesias. Cuando tenía sólo seis años, le sucedió algo impensado: murió aplastada por una estatua de 270 kilos que estaba en exposición en el Paseo de la Infanta, de Palermo. En julio de 2007, mediante la ley 2366 sancionada por la Legislatura porteña, las veredas y las terrazas paralelas a los arcos del viaducto ferroviario que atraviesa la plaza Andrés Guacurari Artigas adquirió el nombre de la menor fallecida.

Para el licenciado Pedro Damián Orden, secretario general de la Asociación de Sociólogos de la República Argentina, la evolución de la nomenclatura en nuestro país está muy asociada a la capacidad de los argentinos de construir una historia colectiva en la que las atrocidades no pasen inadvertidas. "El fenómeno de nombrar y renombrar espacios públicos con nombres de víctimas o catástrofes plantea una profunda ligazón con la necesidad de construir la historia reciente de nuestro país, atravesada por diferentes violencias: político-económica, cultural o de género; en última instancia, todas tienen cierto patrón común. Al consagrar estos hechos, también los tornamos recordables para todos."

Evolución

Si vamos hacia atrás en el tiempo, los primeros nombres aparecieron en 1734. La nomenclatura de ese entonces surgió de las iglesias, los santos, nombres que referían a los edificios públicos como el Cabildo o la Catedral, y aquellos accidentes geográficos ubicados cerca de la calle por denominar; por ejemplo, El Jagüel. En un segundo momento, se reprodujeron los nombres vinculados a hombres de la política y el Ejército.

En 1893, cuando se sumaron a la ciudad los barrios de Flores y Belgrano, se incluyó a literatos y hombres de estudio, sabios extranjeros, la nomenclatura geográfica y ciudades importantes, entre otros.

Los últimos en ser incluidos fueron los artistas y personajes ilustrados de la Argentina, y más recientemente, figuras populares y las víctimas de violencia.

Ya en aquel año 1893 una ordenanza estableció la necesidad de esperar 10 años tras la muerte de una persona para que se pudiera llevar su nombre dentro de la nomenclatura con el objetivo de "serenar el juicio y evitar pasiones". Esta decisión fue ratificada por la ley 865 en 2002.

El 5 de julio de este año, el padre de Ángeles Rawson, la joven de 16 años que fue asesinada por el portero de su edificio en 2013, inició una petición en el sitio de firmas Change.org en la que pedía adhesiones para que el espacio verde situado en la intersección de la avenida Santa Fe y la calle Ángel Carranza pasara a llamarse plaza Ángeles Rawson. Al no haber transcurrido 10 años del homicidio de la chica, la Legislatura porteña no pudo dar lugar a la solicitud, pero aprobó la colocación de una placa en su memoria.

"El cambio en los nombres podría decirse que implican nuevas épocas, reconfiguraciones de la imaginería social que históricamente han construido nuestros espacios comunes. Estos nombres son los símbolos instituidos de momentos o personas significativos para un colectivo, en un momento determinado de la historia", afirmó el secretario general de la Asociación de Sociólogos de la República Argentina.

Por su parte, Alberto Gabriel Piñeiro, presidente del Museo Histórico Cornelio Saavedra y autor de los libros Las calles de Buenos Aires: sus nombres desde la fundación hasta nuestros días (2003) y Barrios, calles y plazas de la ciudad de Buenos Aires: origen y razón de sus nombres (1983), agregó: "Los nombres de las calles y otros espacios siempre tuvieron mucho contenido político y, detrás de ellos, existió la idea de rendir un homenaje. Últimamente no hay muchos cambios de nombre en las calles de la Capital. Lo que sí se ve son los nombramientos de nuevos espacios públicos, como las plazoletas o las estaciones de subte".

  • Carlos Coletti

Com. nomenclatura urbana

"Se están viendo muchos nombres de víctimas de la violencia de género y de gente olvidada de la cultura"

  • Daniel Paredes

Dir. gral. casco histórico

"Una de las principales preocupaciones de los ciudadanos es la inseguridad. La nomenclatura también es el reflejo de ello"

  • Pedro Orden

Asoc, sociólogos de la arg.

"Los nombres son los símbolos instituidos de momentos o personas significativos para un colectivo en un momento determinado de la historia"

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.