El título de Real Madrid desnuda a Barcelona y preocupa a la selección

La Supercopa española resaltó la supremacía del ciclo madridista y la involución del Barça; Messi, insuficiente; Mascherano, abrumado
Alberto Cantore
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17 de agosto de 2017  

El gesto de Messi simboliza el momento de Barcelona, un equipo que le da la espalda a su filosofía de juego
El gesto de Messi simboliza el momento de Barcelona, un equipo que le da la espalda a su filosofía de juego Fuente: Reuters

El progreso escalonado de Real Madrid y la involución verificada de Barcelona son dos mundos expuestos en la serie de la Supercopa española y que repercuten en la orilla del Río de la Plata. Una final que reflejó un desempeño aplastante del vencedor y desnudó el desconcierto que envuelve, por estos días, a los catalanes. Con el 2-0 en el Santiago Bernabéu, el plantel que conduce de manera sencilla y sin estridencias el francés Zinedine Zidane ratificó la superioridad que empezó a demostrar, en este nuevo ciclo que recién empieza, el domingo pasado en el Camp Nou, con el éxito 3-1. El clásico, que en sí mismo tiene un valor particular, cruzó el Atlántico y encendió las alarmas en la Argentina y también en Uruguay, rivales, dentro de dos semanas, en el estadio Centenario, por las eliminatorias sudamericanas. Con la vista clavada en la Copa del Mundo de Rusia 2018, la figura de Messi no derrocha el fuego de antes y la actuación de Mascherano invita a replantear su lugar; en la vereda de enfrente, la lesión en la rodilla derecha de Luis Suárez golpea a la celeste.

El Barça no parece saber quién es y, lo más llamativo, tampoco sabe qué quiere ser. Sin ideas, con ausencia de un ideólogo, la puja entre los futbolistas y quienes manejan el club se exhibe con nitidez, mucho más cuando cada paso parece un tropiezo. Cuando Messi entró en contacto con la pelota, los azulgranas ya perdían 1-0 –gol de Asensio, a los 4 minutos– y el global les devolvía un inalcanzable 4-1, por más que quedaran 86 minutos por delante. Ese desconcierto que invade a Barcelona se extiende a los cuerpos técnicos de Sampaoli y Tabárez, que necesitan recibir en plenitud física y futbolística a sus líderes naturales para solventar el sueño mundialista del próximo año.

En este enredo en el que se encuentra Barcelona, Messi hace de sí mismo, pero también debe ejecutar las partituras que antes eran propiedad de sus socios Neymar, Iniesta y Xavi Hernández. Una tarea imposible para cualquier futbolista, aún para Messi. El rosarino no estuvo bajo el radar de Casemiro, como en el juego de ida; esta vez, el papel de controlador fue de Kovacic. El resultado fue el mismo: Leo incómodo, teniendo que abrirse caminos con sus arranques que ya no tienen la explosión de su juventud y para los que no encuentra con quien compartir la descarga. Si Sampaoli regresó de la gira europea pleno, satisfecho y confiado en que el mensaje caló bien hondo en el corazón de Messi, desde anoche el casildense debe estar ideando un refuerzo para alimentar el espíritu del capitán. La Argentina está en una posición de flotación peligrosa rumbo a Rusia, un lugar que no es nuevo para la selección: a lo largo del recorrido lo supo ocupar en los días de Martino y también de Bauza.

Si Messi, que estrelló un remate en el travesaño cuando el score era 0-2, no se ofreció como solución a un problema que va más allá de la superioridad que le enrostró Real Madrid, Mascherano directamente padeció el desarrollo. Al minuto de juego se evidenció que el reparto de funciones que ensayó Valverde con el esquema 3-5-2 no lo favorecería. Asensio fue profundo, dejó expuesta la diferencia de velocidad y le advirtió que no tendría un encuentro sencillo. Mascherano-Piqué (reemplazado en el entretiempo por Semedo) y Umtiti, sin el respaldo de los volantes externos Sergi Roberto y Jordi Alba, sufrieron cada avance. Una actuación que lo aleja más del partido con Uruguay, juego para el que Sampaoli le anticipó que no lo contabilizaba entre los titulares.

Para Barcelona la Supercopa española resultó una verdadera pesadilla, a tal punto que Luis Suárez debió aguantar en una pierna en el campo de juego, después de un mal gesto de la rodilla derecha en una carrera que reflejaba su desesperación y contrariedad, como en el remate de cabeza que le devolvió el poste. Con los tres cambios consumados, apenas se sostuvo en pie y esa imagen rebotó en Uruguay.

El primer título de la temporada en España fue para Real Madrid, el séptimo que suma la Casa Blanca con el sello distinguido de Zidane en el banquillo. Una consagración que se celebró en el Santiago Bernabéu, que se sufrió en Barcelona y que se siguió con preocupación en la selección.

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