Nicolás Repetto: "Yo nunca compro la vida de los ídolos"

Alejado de la conducción desde 2011, vuelve a la TV desde mañana en un rol inesperado: al frente del noticiero del mediodía en Telefé
Marcelo Stiletano
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3 de septiembre de 2017  

Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

El flamante dispositivo técnico y humano que Telefé instaló para lavarle la cara a sus informativos ya está instalado en la zona norte del conurbano y se pondrá en marcha mañana. Nicolás Repetto va y viene desde ese frenesí de cables, pantallas e islas de edición hasta su casa, no muy lejos de allí. Hay un contraste visible entre esos preparativos y la calma hogareña que encuentra a Repetto entre tranquilo y ansioso, a punto de volver a la conducción televisiva, algo que hizo por última vez en la segunda etapa de Sábado bus (2011). A lo largo de toda una vida televisiva de éxitos indiscutidos y fracasos ruidosos, siempre con altísima exposición, Repetto nos acostumbró a los cambios y a los giros sorpresivos. Pero este no lo esperaba casi nadie. Estará desde mañana al frente del noticiero del mediodía. "Por ahí el cambio lo esperaba yo -dice a LA NACION en el silencio del amplísimo y luminoso living-. Quería una oportunidad atractiva para volver a la televisión abierta. Y esta sin duda lo es. Sumarme al noticiero es una gran motivación".

-¿Por qué?

-Primero, por el desafío profesional. Segundo, porque vuelvo a mis orígenes periodísticos. Yo me formé en ese terreno, por más que después me haya volcado al entretenimiento, y nunca dejé el periodismo de lado, en reportajes o en la manera de construir las secciones periodísticas de Sábado bus. También es una manera de sentirme activo, comprobar que sigue viva esta parte de mi vida. Hay otra parte que por suerte no tiene nada que ver con la televisión. No lo digo para defenestrar al medio, sino porque me gusta tener en la vida las cosas balanceadas. Ahora se me abrió esta oportunidad y estoy muy entusiasmado.

-¿Cómo llegaste a convertirte en conductor del noticiero del mediodía de Telefé?

-Me llamó el nuevo gerente de noticias, Roberto Mayo. Y me hizo una pregunta directa: "¿Querés conducir el noticiero? Vamos a hacer cambios importantes". Estudio nuevo, controles nuevos, sonido nuevo. Todo a estrenar. Este lunes vamos a tener un noticiero complicado [risas].

-¿Qué le respondiste?

-Que sí. Que me encantaba el desafío. Que podía ayudarlo a meter ese cambio. Que había mucho por hacer. Que me parecía muy buena la idea. Las cosas venían haciéndose muy bien, pero en televisión todo es permeable siempre a un cambio. Acepté inmediatamente.

-El cambio parte de un nombre. Vas a conducir El noticiero de la gente.

-Roberto quería dividir el noticiero del mediodía en dos contenidos diferentes. Por un lado, las noticias habituales, lo que te da la actualidad. Y por otro, hechos más acotados a lo que les ocurre a las personas. Cosas que seguramente no vive todo el mundo, pero que funcionan como ejemplos o estímulos para reflexionar sobre lo que nos pasa. Estamos recibiendo historias vía mail o Facebook con logros que merecen ser contados. O problemas que a lo mejor nosotros podríamos ayudar a solucionar, generando un precedente para otros que por ahí viven situaciones parecidas. Más allá de la noticia, que le pertenece a todos, va a estar lo que le importa a la gente y lo que genera la gente.

-Existen dos riesgos frente a esa elección. El primero, excederse en la sensiblería y los golpes de efecto. Sobran ejemplos en los noticieros argentinos.

-Estoy hablando de ese tema con musicalizadores, noteros, editores, camarógrafos. Y lo primero que les dije fue: muchachos, se acabaron los violines. Porque a la larga empiezan a verse los hilos, nadie puede estar sensible a la misma historia todo el tiempo. Es como si una enfermera se emocionara cada vez que ve sangre. En un momento tiene que blindarse frente a eso, porque termina atentando contra su profesión. Mi obligación es informar, pero no hay necesidad de machacarle al televidente lo mala que es una noticia o cómo nos sensibilizamos ante ella.

-El otro riesgo es enfatizar demasiado las "historias de la gente" y quitarles espacio a las noticias duras. Así un noticiero se vacía de información.

-Estamos bien cubiertos en ese terreno. No veo que a ningún informativo le falten noticias duras, ni en Telefé ni en los otros canales. Por el contrario, veo cierto riesgo en terminar con una mirada parcial de la realidad si nos quedamos solamente en eso. Roberto Mayo dice algo con lo que estoy de acuerdo: a veces la pura noticia cruda de la realidad es una parcialidad del presente. Tenemos la obligación de informar pero de una manera entretenida. Porque si no hacés atractivo a un noticiero te quedás sin feligreses.

-¿Cuánto de show tiene a esta altura en la Argentina un noticiero?

-Yo no veo mucho show en los noticieros. Estuve espiando muchos de afuera y a todos los veo bastante formales, acá en y el resto del planeta. Después tenemos los shows periodísticos que se hacen a partir de la noticia y que aquí se hacen muy bien. Lanata , Majul , Fantino . Ellos determinan el contenido de lo que hacen. Yo me preparo en cambio para conducir un noticiero, no un show. Y el contenido no lo determino yo. Soy un soldado, alineado con las decisiones que toma la gerencia de noticias. Lo que sí puedo hacer es presentar las noticias de un modo, si querés, más descontracturado, pero sin la necesidad de remitirme a las cosas que hacía o decía cuando me tocó animar un programa de entretenimientos.

-A veces los conductores de los noticieros se sienten impulsados a opinar o editorializar sobre la información que presentan.

-Es cierto que un gesto a la salida de una noticia puede tener mucho peso. Una mueca que se te escapa es un editorial televisivo. La pantalla te vende. Es muy difícil no quedar expuesto. Yo voy a ser muy franco y abierto, como siempre lo fui. No tengo que chicanear nada. Hay gente que está contenta y gente que no al verme ahora en esta función. Por eso soy consciente de que voy a salir al ruedo de nuevo expuesto en un 100%.

-Podés perfectamente vivir muy bien sin hacer TV. ¿Qué te lleva a volver?

-La televisión me sigue apasionando, por más que en este medio está todo muy amplificado. Lo que dicen de vos en un medio lo repiten en el otro y se empieza a armar una pelota gigante. Yo ya tengo el cuero bastante duro con los años, pero a veces no querés someterte a esta exposición permanente. Una vez le hice un reportaje a Sharon Stone en un programa que salía desde Miami , y me dio una respuesta muy clara y muy gráfica: "Yo tengo una pelotita de tenis en mi mano y cuando la tiro hacia el otro lado de la red lo que recibo a cambio son millones de pelotitas".

-En un momento eso también te tocó a vos. Cuando eras el número uno de la tele.

-Y en otros momentos tuve derrotas terribles. Pero no podría medir mi carrera a partir de la cantidad de fracasos o de éxitos. Es muy difícil hacer un éxito en televisión. Hacer dos, mucho más difícil. Y tres, casi imposible. Sobre todo cuando estás decidido a cambiar todo el tiempo. Hay quienes logran construir algo que funciona muy bien a lo largo de los años . Lo van adaptando o mejorando para que siga así, no lo critico. Pero yo no soy así. No me puedo quedar atrapado dentro de un formato. Aquel programa que hacía al mediodía tenía un rating absoluto. Lo hice un año. Y me fui.

-Parece mentira. Todos piensan que estuviste muchos años allí.

-Me quedé un año más como productor de Pablo Codevila y hasta ahí llegué. Hay cosas que estoy muy orgulloso de haber hecho o participado en ellas. Semanario insólito, La noticia rebelde. Tocar la actualidad con humor no nos hacía menos periodistas. Después vino Fax, que fue en esencia un programa periodístico. Como productor, Sábado bus fue insuperable. Un programa complicadísimo de hacer.

-¿Y del otro lado? Circo criollo, me imagino.

-Por ahí ese es el peor de los recuerdos. Terminó escapando a mi responsabilidad. Era un formato desde el cual yo tenía que construir una especie de reality show a través del póquer. Pero en el segundo programa me dijeron que no lo podía hacer, porque Lotería Nacional no lo permitía. Me quedé sin contenido. No fue culpa de nadie. Lo más gracioso es que estaba auspiciado por los casinos oficiales.

-También te cuestionaron mucho la etapa de Loft.

-Me adelanté a su tiempo con ese programa. Quería hacer un show internacional con grandes figuras que mancomunara todo lo que sucedía en el espectáculo latinoamericano. Ahora pasa algo así: actores chilenos actuando acá, argentinos por otro país latinoamericano. Entregas de premios. Pero cometí un error. ¿Qué era lo más fácil para cumplir con todos los compromisos? Meterme con delfines, tirarme por toboganes de agua. No era lo que quería hacer. Pero lo tuve que remar porque siempre termino lo que arranco.

-La única referencia cercana de un informativo con nombre propio fue El noticiero de Santo, con Biasatti. ¿Vas a hacer El noticiero de Nico?

-No. No me quiero adueñar de un espacio. Quiero sumarme para que se note el cambio. Vos me decías hace un rato que alguna vez fui el número uno. Yo nunca apunté a integrar un ranking en el que hay un número uno, un dos o un tres. Si hubiese tenido la intención, nunca me habría bajado de los éxitos. Y yo me bajé más de una vez de programas en los que me iba muy bien. Yo nunca apunté a ocupar un pedestal. No me gusta lo que les sucede a las personas que pasan por eso. Yo no compro la vida de los ídolos. No me divertiría hacerlo. Prefiero no cargar con esa responsabilidad.

-¿Hay muchos o pocos canales de noticias en la Argentina?

-Si todos logran sobrevivir es porque el número responde a las expectativas de la gente. Yo creo en ese sentido en el libre mercado. ¿Hay demasiada ficción? No, mientras se sostenga. ¿Hay poca ficción? Debe ser que por alguna razón económica no podría haber tanta. No es capricho de nadie, sino una regulación natural y automática.

-No sos el primero en llegar al noticiero desde la animación. ¿Te reflejás en algún ejemplo?

-El tiempo no permite esa referencia. Mónica, Andrés Percivale, Carrizo, Pinky eran distintos. Prefiero afirmarme en lo que siento que salir a homenajear a alguien, como dicen cuando te roban algo [risas].

-¿Qué va a pasar con la política en tu noticiero?

-No discutimos eso. Todavía no hablé una sola palabra. Pero en mi contrato, Telefé planteó de motu proprio que todo lo que tenga que decir queda librado a mi propio razonamiento. Me sorprendió mucho esa iniciativa del canal. Y me agradó. Yo me hago responsable de todo lo que haga y diga. Voy a ser un librepensador dentro del noticiero. Obviamente todo deberá consensuarse porque esto es un noticiero, no el show de Nicolás Repetto. Voy a conducir y me voy a adecuar. Soy un soldado más, que recibirá y acatará órdenes como corresponde a esta función. Lo que no tengo es obediencia debida.

-¿Y la grieta?

-Hay que cerrarla lo antes posible, todos estamos más o menos de acuerdo con eso. Pero las heridas no cicatrizan tan fácil. Nos va a llevar un tiempo. No profundizarla y que se cierre dependará mucho de la inteligencia que tengan los responsables de haberla causado. Tenemos un país con todo para salir adelante y venimos haciendo las cosas mal con distintos gobiernos y distintos partidos. Mantengo la esperanza, pero a mis 60 años te digo que ese deseo apunta más a mis hijos y nietos que a mí mismo. Y a los hijos y nietos del resto de la población.

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