Se quedó sin trabajo en la crisis del 2001, sobrevivió vendiendo empandas y ganó un concurso gastronómico

María Luisa Castillo, ganadora del primer puesto
María Luisa Castillo, ganadora del primer puesto
María Luisa Castillo fue galardonada con el rpimer premio en la Fiesta de la Empanada
Olivia Goldschmidt
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4 de septiembre de 2017  • 13:16

SALTA.- El concurso de la mejor empanada salteña cumplió 50 años y festejó a lo grande: 15.000 personas se acercaron a degustar comidas típicas el domingo en el Centro de Convenciones de esta ciudad. Hubo 104 participantes, que ofrecieron sus productos para la competencia que sólo toma en consideración la versión de carne cortada a cuchillo y fritas. El primer puesto recibió 20.000 pesos, un freezer y el reconocimiento del pueblo.

Organizada por el diario El Tribuno, la institución que se ocupa de armar el evento desde que comenzó, contó con la presencia del gobernador Juan Manuel Urtubey y su mujer Isabel Macedo. La noche anterior, en el mismo predio, hubo un espectáculo de música folclórica con los artistas más aclamados del género como Los Nocheros y El Chaqueño Palavecino. El evento fue un hito para la provincia entera, pero para las empanaderas cobra una importancia mayor, por el reconocimiento entre sus pares y el aporte al bolsillo.

Para la mayoría, la labor de alimentar a otros es el único sustento económico del hogar y emplea a toda la familia. Sin requisitos formales más que el entrenamiento de tradiciones ancestrales y mucho trabajo, es el oficio que sustenta a muchos salteños. La fiesta es una oportunidad única, donde algunos puestos logran vender unas 100 docenas de empanadas a 100 pesos cada una.

Aunque las preferidas por los salteños son las fritas, también hubo lugar para las empanadas horneadas
Aunque las preferidas por los salteños son las fritas, también hubo lugar para las empanadas horneadas

Desde las 11 de la mañana, las empanaderas esperaron la llegada del jurado en sus puestos, Aníbal Caro cumple esta función hace más de 40 años. En esta oportunidad lo acompañaron el chef del hotel Sheraton, Gerardo Santander, y un periodista de LA NACION. "¿A ver el recadito?", preguntó Caro en cada oportunidad, en referencia al relleno de las empanadas. "¿Quién lo hizo y qué le puso?", cuestionaba mientras inspeccionaba de cerca con una cuchara.

Originalmente, el jurado estaba compuesto por las maestras del colegio profesional de gastronomía y dos jueces que opinaban del sabor pero su función principal era cuidar las reglas de la competencia. Sólo se renovaba si uno se moría, cosa que sucedió hace 43 años y le concedió un lugar a Aníbal Caro.

Hace 50 años las empanadas eran más grandes "la gente se comía dos y con eso se iba a dormir la siesta, ahora cualquiera come una docena" pero, salvo por el tamaño, la receta no ha cambiado en nada. "Yo las hago con pasas de uva": esta frase es una descalificación asegurada. También lo es agregarle morrón (aunque su uso está mucho mas aceptado por el público y las cocineras en general) y freírlas en aceite (sólo se acepta grasa vacuna).

En la fiesta nacional de la empanada los ingredientes no son debatibles; se establecen los permitidos y necesarios. Lo que está en juego es "la mano" para combinarlos en la proporción justa y su posterior confección. Se evalúa todo: la textura de la masa (si le falta grasa se agrieta, si le sobra se pega a las manos), su peso y la prolijidad de su repulgue (entre 17 y 19 pellizcos es ideal).

La mano de Dios

"Soy una desempleada de la crisis del 2001", dijo María Luisa Castillo en diálogo con LA NACION, tras haber recibido el primer puesto en el concurso. "Vendo empanadas los fines de semana; durante la semana preparo el almuerzo para los jóvenes de una oficina que vienen a mi casa", relató. Cocina por la mañana y por la tarde lleva a su hija Sofía (13) a terapia, porque tiene Síndrome de Down. Ahora, los fines de semana cocina y vende empanadas desde su casa, 40 docenas en promedio.

El puesto 94 prepara las empanadas para freír
El puesto 94 prepara las empanadas para freír

Hasta el 2001, era moza en un restaurante que cerró sus puertas sin terminar de pagarle lo que le debían y su marido, que trabajaba en el rubro de la construcción, tampoco conseguía empleo. "Nunca soñé con un premio así -relató con la voz entrecortada-. Empecé hace 15 años porque lo único que podía hacer era dar de comer a otros como le daba a mi familia". Todos en su familia trabajan y viven del negocio empanadero. "Al principio mi marido se quemaba con el horno y se le rompía la masa, ahora ya aprendió", contó.

Ser segundo también es ser campeón

"Yo nunca voy a decir 'mi mamá o mi abuela me enseñaron a cocinar', porque en el campo no se enseña, se copia", explica Milagros Rodríguez, quien ocupó el segundo puesto. Rodríguez viene del municipio de San Carlos, por los Valles Calchaquíes y llegó a la capital salteña en búsqueda de un hospital, tras sufrir un accidente a caballo. Luego se quedó "con cama adentro", como describe a su trabajo de empleada doméstica, que ocupó hasta los 21 años, cuando se casó.

Junto con su pareja, abrió un puestito para vender sándwiches y empanadas que nombró "El Emperador", por el parecido de su hijo con el personaje de la película homónima. Diez años después, las cosas cambiaron: "Mi marido, como dicen, perdió la cabeza por otra mujer y se fue. Me quedé con el negocio y mis hijos", agregó.

Desde entonces, mantiene a la familia y el negocio con la venta de empanadas. "Ninguno tiene profesión, entonces nos queda vivir de esto y trabajar muy, muy duro" explicó.Vende su producto desde su casa y en el puesto 16 en el Paseo de la Familia. "El secreto está en la mano. Hagan con voluntad y con amor, porque en la comida se nota", le repite a sus hijos mientras cocinan.

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